#CAVsehagraduado

Sentarse delante de un cuadro en blanco que sabes que tienes que llenar de palabras siempre es difícil. Es difícil porque, a veces, aunque tienes claro lo que quieres contar, no sabes por donde empezar, ni siquiera como seguir y como terminar. Y así llevo todo el día de hoy (botella de agua al lado, para hidratarme). Escribo esto un día después del esperado día de Graduación CAV, ese para el que Estefanía y Jonathan crearon tanta expectación. Pues ya está, ya pasó, ya somos graduados en Comunicación Audiovisual; y para todo aquel que se lo esté preguntando: no, ninguno se cayó, ni hubo dramas en la ceremonia. Sí muchas sonrisas complices recordando todo lo que hemos vivido y muchas ganas de fiesta (en término CAV: muchas ganas de GAS).

Hace varias semanas os conté que hay personas que no son capaces de cerrar etapas y viven en un continuo mundo de Nunca Jamás. Este año, si algo he aprendido, es que cuando cierras una puerta, tienes que abrir una ventana, a riesgo de morir asfixiado. Pero es difícil cuando estás enamorada de la puerta y de lo que había detrás. A unos meses de empezar la Universidad una persona (de esas que aparecen de repente y te marcan para siempre aunque sólo estés con ellas pocas horas) me dijo que los mejores amigos se hacen en la Universidad. En realidad siempre evito el término mejor o peor porque un amigo o lo es o no lo es, sin más. Me dijo que esas personas con las que iba a compartir día a día habían elegido algo igual que había elegido yo; y que en esa simple cuestión se trazaba algo que nos unía.

Creo que en aquel momento no tuvo importancia. Ahora me asusta el hecho de que sea yo quien escriba esas líneas como si me hubieran pasado el relevo de dar constancia de lo mucho que una puta decisión te puede unir a las personas. Como si ya tuviera una edad para dar consejos y contar historias a los nietos. Pero es que, ¡hostias! estoy graduada, todo el ciclo que te enseñan desde pequeña que tienes que hacer para ser lo que quisieras ser se ha cerrado (tienes que ir al cole, aprobar en el instituto, decidir qué bachillerato hacer y qué carrera decidirá tu trabajo -si tienes la suerte de trabajar-). Es como si, de repente, la vocecita persistente en OFF de nuestros padres y profesores y esa gente adulta y plasta que teníamos detrás estuviera en MUTE. Como cuando encienden las luces de la discoteca y acaba la última canción: sólo oyes ruido.

No tengo muy claro qué viene después de esto. Si tardaré mucho o poco en empezar a fracasar y a perder esa ilusión con la que nos lanzan a la realidad. Lo que sí tengo claro es que, igual que cantan La Habitación Roja: si tuviera una segunda oportunidad, volvería al mismo sitio sólo por las personas con las que he compartido los últimos cuatro años. Somos todo lo que no ha pasado y las personas que teníamos al lado, y yo sería alguien diferente (y con más pelo) sin haber compartido tanto drama, estramonio, gas y deshidratación durante tantos días y tantas noches.

Paloma de la Fuente

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