“The reluctant hegemon”

Portada del semanario The Economist

Portada del semanario The Economist

El número de la pasada semana de The Economist porta un monográfico sobre Alemania, su situación económica, energética y combina un análisis profundo sobre el actual papel germánico en la crisis europea con cierta admiración hacia la canciller Angela Merkel. No es para menos, pese a las suspicacias que levanta entre los europeos del Sur, Merkel continúa batiendo récords de popularidad (por encima del 50% según Beijing Reviews) que le otorgarán, seguramente, la cancillería alemana en las próximas elecciones del 22 de septiembre.

El semanario británico dedica 14 páginas sobre las cerca de 80 (contando publicidad) que tiene este número, pero estas 14 páginas quedan sintetizadas en la última sentencia con la que se da por terminado el reportaje:

So the best reason to be hopeful is that, though the future of Europe will be made in Germany, the future of Germany will also be made in Europe.

La mejor razón para estar esperanzado es que aunque el futuro de Europa estará hecho en Alemania, el futuro de Alemania estará hecho también en Europa. (traducción propia)

Pero ¿es éste un futuro esperanzador no ya sólo para alemanes, sino para españoles, irlandeses, griegos y portugueses? De momento pensar en el futuro tendrá que esperar a que pase el verano, hasta que las elecciones alemanas no desvelen quién será él o la canciller y qué partidos gobernarán en coalición. A esta situación hay que sumarle la sentencia del Tribunal Constitucional alemán con sede en Karslruhe, que continúa deliberando si es ilegal que el Banco Central Europeo (BCE) haya comprado o compre deuda de los países en mercados secundarios. El fallo, se prevé, tendrá que esperar también a que pasen las elecciones.

Este segundo punto resulta el más peliagudo para los intereses comunes europeos, puesto que un veredicto que declare la ilegalidad de estas compras de bonos supondría un duro revés a conjunto europeo y puede que incluso acercara a la Unión a una fractura de la moneda única.

La acusación se basa en la configuración del BCE, por la cual cada banco central de todos los países de la Unión lo financian, siendo el Bundesbank el que más aporta. Por ello, y con razón, el Tribunal de Karslruhe trata de ver si es inconstitucional que sean los contribuyentes alemanes los que paguen las compras de bonos sin que ese gasto haya sido aprobado por el Bundestag.

Sin embargo, si bien un fallo negativo supondría un nuevo óbice al Euro, no es seguro predecir qué cambios implicaría en la manera de actuar del Gobierno entrante, al que quiera o no le tocará decidir qué receta aplica al maltrecho euro. En caso de que gane la actual canciller, la prescripción continuaría siendo más de lo mismo unido a los tímidos planes que se han propuesto para combatir el desempleo; en el caso de que el canciller fuera el socialista Peer Steinbrück, podría ser más factible una fórmula cercana a los ya desechados eurobonos. Sin embargo, la realidad se impone cuando la fórmula más sonada  para el 23 de septiembre sea una nueva gran coalición entre el CDU/CSU y el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania).  Además, la actual fórmula que permite a Alemania financiarse casi sin intereses no dejan tampoco mucho espacio a que la actual fórmula de austeridad tenga algún cambio en el futuro.

Cuando el tándem franco-alemán está roto

Hollande durante la grabación del cara a cara con Sarkozy.

Hollande durante la grabación del cara a cara con Sarkozy.

Ante esta situación europea, nos encontramos con un nuevo escenario propiciado por una muy debilitada Francia cuya tasa de crecimiento ha caído a cifras negativas de -0,2% durante el primer trimestre, confirmando de esta manera que la economía francesa está oficialmente en recesión. Es entonces cuando el eje bajo el que se rige la Unión Europea se rompe.

En la historia de la Unión Europea, Francia siempre ha detentado el poder político* frente a Alemania que se ha encargado de ser la locomotora económica del país (perdón por el cliché). Ahora que ese tándem se ha roto y que Francia es cada vez más reacia a aceptar la praxis dictada por Bruselas al no llegar al objetivo de déficit. Así las cosas, el liderazgo europeo queda en manos de una Alemania que tiene muy claro que sobre ella reposa el futuro de la Unión, sin embargo, aprovechando esta coyuntura trata de exportar el modelo económico alemán al resto de Europa.

Esta exportación del modelo económico alemán a los países irresponsable del Sur de Europa supone una landërinización (landër son los estados federados alemanes), convertir al resto de países de la Unión en satélites de Alemania, al obligarles a cambiar de un modelo de crecimiento económico basado en el debt-led  a un modelo de crecimiento basado en el export-led (ver artículo recomendado de Alberto Garzón para eldiario.es). Este cambio de modelo, sin embargo, está acompañado de todas las recetas de austeridad que ya conocemos y supone, en el caso de España en el que no se invierte en I+D, un aumento de la competitividad por el bajo precio del trabajo.

El Gobierno en España está tratando de ser un buen alumno de Alemania, para ello sigue las directrices que marca Bruselas y que dicta la canciller Angela Merkel, sin embargo, el Ejecutivo de Rajoy bien podría fijarse en aquellas medidas que han hecho de la economía alemana tan puntera.

Por un lado, está el uso de energías renovables, mercado en que España está paralizado, pero que en Alemania supone un 22% del total de toda la energía usada, mientras que las previsiones aspiran a un 80% del uso de estas energías para 2050. Sin ir mucho más lejos, el reportaje ofrece un dato sorprendente: la región de Baviera tiene mayor capacidad fotovoltaica que los Estados Unidos.

Por otro lado, nos encontramos la existencia de múltiples medianas empresas que tienen una proyección internacional al igual que sus hermanos mayores como BMW, Siemens o Bosch. España, un país donde el crédito no llega a las medianas empresas, ni siquiera desde los bancos nacionalizados, no puede —es impensable— tratar que sus firmas lleguen a ese nivel de competencia, sobre todo, si los más emprendedores son los que se van fuera.

Y a todo esto, ¿de dónde viene esa hegemonía reacia que da título a mi entrada? Pues viene de lo que el periodista denomina una falta de experiencia en liderazgo internacional. Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, en su calidad de perdedora, fue incapaz de llevar a cabo una política exterior que no estuviese tutelada por Estados Unidos y recelada por Francia y Reino Unido. Además, Alemania  sólo asumió ese papel de liderazgo internacional frente a un hecho de política interior: la reunificación alemana. Si no hubiera sido por el esfuerzo integrador que llevó a cabo la Alemania Federal de la Alemania Democrática es muy posible que países como Polonia, Bulgaria o Hungría (antes bajo órbita soviética) no se hubieran podido integrar en la UE. Además, internacionalmente Alemania ha sido tímida y ha estado más ocupada en sí misma que en los affaires internacionales. Además, Alemania necesitará de algún partenaire de peso, ahora que Francia le ha dado la espalda a su plan de austeridad. De ahí a que Alemania parezca reacia al liderazgo, aunque claro, dentro de 20 años, la Historia puede dejarla como artífice de la nueva Unión Europea o de aquella que propició su fractura.

*Francia durante los cuarenta años primeros de la Unión siempre ha participado más activamente en la política de la Unión, puesto que por una parte Alemania estaba dividida y por la otra parte, Reino Unido continuaba sometida a su régimen euroescéptico.

—Víctor Manuel Rodríguez-Izquierdo Cantarero—

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