La alienación del Blockbuster

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Ya hablé en otras ocasiones de lo que es un blockbuster cinematográfico, así que no volveré a pronfundizar en la explicación (para eso tenemos a nuestra amiga la wikipedia / explicación breve). El blockbuster es un género cinematográfico (porque es en muchos sentidos un género) peligroso tanto para el cine en sí mismo como para el espectador. Cada vez más y más y más.

Goebbels, haciendo perfectamente su trabajo (eso es innegable), propuso varios principios básicos que debía tener toda propaganda. Y si prestamos un poco de atención acabaremos por ver cómo la base de construcción de sus películas más taquilleras, de aquellas que han de hacer más recaudación, se basa (si no en todos) en muchos de esos principios:

  1. Principio de simplificación y del enemigo único: Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Principio del método de contagio: Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Principio de la transposición: Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
  4. Principio de la exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Principio de la vulgarización: Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
  6. Principio de orquestación: La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.
  7. Principio de renovación: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud: Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión: Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  11. Principio de la unanimidad: Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.

Hollywood como entidad ha tomado todos estos principios y aplicado, uno a uno, en cada una de sus películas de alto presupuesto: sus Man of Steel Prometehus. Todas y cada una de las super-producciones estadounidenses tienen insertas (con su desconocimiento, posiblemente) las ideas nacionalsocialistas como base para su funcionamiento excelente. La función en este caso no es propagandística política (como lo era en la aplicación de Hitler), sino propagandística comercial. A mayor simplificación del espectador, mayor facilidad para que se una a nosotros. Es decir, cuanto más estúpido sea el espectador, más fácilmente podemos convencerle de que nuestra película está bien y, así, que se una a nosotros en la siguiente.

Así, no sólo podemos ver que Hollywood repite constantemente argumentos en sus “nuevas” películas, sino que lo hace tratando al espectador de estúpido, sin prestar verdadera atención a las historias: dándole algo y al minuto siguiente dándole otra cosa, haciendo así que se olvide de la anterior (lo más rápido posible, para que no se de cuenta nadie).

La alienación del espectador, cual la alienación propagandística del partido Nacionalsocialista es la mejor herramienta que puede tener la industria cinematográfica para hacer dinero. Es un proceso largo (y por ello invisible), pero que comienza ya a palparse muy claramente. La cartelera de nuestro país lo demuestra, los números de espectadores en las películas de nuestro país lo demuestra.

Estoy seguro de que Víctor Martín-Pozuelo me dirá que hay una esperanza en el mundo, que el hecho de que Sightseers de Ben Wheatley esté haciendo tan buenos números (en la escala que una película como esa puede permitirse) demuestra que la alienación no está lograda. Pero, la masa es más poderosa que el pequeño núcleo que trata de sobrevivir. Y se trata de un caso muy concreto, que da esperanza, pero no contradice que la todopoderosa Hollywood nos trata de infundir sus valores de “cómo mola la democracia americana, cómo molamos nosotros” mediante aplicación de técnicas contrarias a esta idea.

Los espectadores de la película de Wheatley no dejan de ser, al fin y al cabo, una aldea poblada por irreductibles galos que resiste todavía y siempre al invasor.

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