Sin música, la vida sería un error.

Así de contundente fue Friedrich Nietzsche cuando afirmó el error de la humanidad si no tuviéramos música.

MUSIC

Vetusta Morla @ Low Cost Festival 2011.
© Todos los derechos reservados.

Ayer me preguntaba de qué coño iba a escribir hoy para que se publicara mañana; y dos mensajes a las 02.30 y 03.00 de la mañana del jueves al viernes me dieron la respuesta. Ambos tenían el mismo texto, aunque iconos de whatsapp distintos: “Feliz día de la música y de los recuerdos bonitos“. Uno llegaba de Barcelona y otro de Sevilla. Llevamos 5 años felicitándonos, recordando que en el 2008 estábamos juntas delante de un escenario lleno de personas (nunca mejor dicho) que nos emocionaban haciendo canciones que se convirtieron en nuestra banda sonora.

Cuando alguien me pregunta de dónde me viene mi pasión por la música creo que siempre espera alguna respuesta épica del tipo “crecí entre vinilos de The Beatles, con la guitarra vieja de mi padre sonando por las noches”  . Mi infancia no fue así, y como muchos, mis primeros discos fueron los “éxitos” de la gente de OT. Si que es cierto que mi madre escuchaba mucha música, pero nunca nada que llamara mi atención. Mi verdadera revolución llegó con las cintas de cassette y los programas de Joaquín Luqui y Toni Aguilar en los 40 principales (cuando aún, gracias al primero, quedaba algo de decencia en esa emisora). Daba al REC siempre que algo llamaba mi atención, y si ahora hago memoria, siempre solían ser pequeños grupos que empezaban, que no les hacían mucho caso, pero que al menos, sonaban ahí. Aunque muchos se avergüencen ahora, yo puedo decir que así conocí a El Canto del Loco, Pereza, Despistaos o Maldita Nerea. Lloré la muerte de Joaquín Luqui, y aún sigo sintiendo una tristeza enorme cuando le escucho en algunas de mis cintas, porque para mi fue él, quien con su pasión por la radio y la música encendió algo en mi.

Durante toda mi adolescencia (que para mí abarca los años de secundaria) consumí todo tipo de música. Tanta que asusta. Pasé muchas épocas. Hasta una época heavy, una época rapera, y una larga época rockera de la que aún guardo un grato recuerdo. Supongo que fue mi año de rebeldía, el de todo adolescente que cree que puede escapar de todo lo que le rodea gritando versos de Marea o Extremoduro. De aquello quedaron restos en CD’s. Recopilatorios sin ningún tipo de complejo. Podía sonar Porta con Revolver, o Ska-P con Dani Martín y los suyos; que daba igual. A mí me gustaban y por eso estaban ahí.

Tampoco puedo decir que tuve una adolescencia problemática, que sufrí bulling y la música fue mi salvación. Pero sí que es cierto que en esos momentos tan adolescentes en los que crees que todo va en tu contra, y que tu mejor amiga te deje de hablar te resulta más catastrófico que cualquier otra cosa que no era capaz de imaginar; siempre me refugiaba en ella. Siempre buscaba una canción para cada momento de mi vida, que describiera mis estados de ánimo, y las solía encontrar.

Empecé a gastarme mis pagas en CD’s. Me gustaba el olor a plástico y la magia de escuchar un CD por primera vez mientras leías el libreto hasta los agradecimientos (quien me iba a decir a mi que tiempo después buscara mi nombre allí). Empecé a sufrir la restricción de las salas de músicas para +18. Me hace gracia que en este país se critique tanto a los “grupos para quinceañeras”, los productos de las discográficas, cuando con cierta edad, solo se tiene acceso a ver en directo a esos grupos. Si, durante el bachillerato, fueron repetidas las ocasiones en las que vi al mismo grupo, pero es que ¡no podía acceder a otros tantos!

Cuando cumplí los 18 recuerdo que una de las primeras cosas que hice en el primer mes fue entrar en la Sala Caracol. Con la cabeza muy alta y el orgullo de poder disfrutar en directo de unos chicos que estaban empezando y que ya había visto en repetidas ocasiones teloneando a El Canto del Loco. Sin Rumbo fueron mi primer concierto en una sala de Madrid, y siempre estaré orgullosa de decirlo porque con ellos he vivido muchas cosas. Como empezaban, la ilusión con su primer disco, todo lo que pasó después, y como han sabido levantarse después de una caída, y siguen ahí.

Puede que de todo lo que sonaba antes sin descanso en mis oídos quede poco, o casi nada. Pero todo aquello que me emocionó en su momento, que hizo que pagara una entrada de un concierto, que buscara desesperada un nuevo CD en las pocas tiendas de discos de mi pueblo; hace que sea lo que soy ahora. Con el tiempo, después de intentar durante varios años tocar la guitarra y determinar que mis dedos son demasiado pequeños como para que sonara bien el FA sostenido; y aceptar que no tengo voz para cantar, ni siquiera arte para componer… Descubrí, a base de muchos directos durante los años de Universidad, acompañada de mi pequeña Olympus, y posteriormente de mi Nikon D5000…que al menos, les podía devolver algo a todos esos músicos que me emocionaban; algo en forma de fotografías.

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Xoel López @ Sala La Riviera
Diciembre de 2012.       ©Todos los derechos reservados

Ahora escribo de música en varios medios. Hago fotografías cuando me dejan. Entrevisto a algunos músicos, intentando siempre convertir esos momentos en conversaciones sobre lo que nos mueve a ambos y aún tengo la esperanza de vivir de todo esto cuando alguien me deje. Y aunque a algunos políticos se empeñen en llevarnos la contraria, intentar con sus medidas acabar con la música en este país, ir contra la cultura; vivir sin la emocionante energía que se crea en un concierto, sin la vibrante sensación de escuchar tu canción en directo: sería un error.

Con un día de retraso: FELIZ DÍA EUROPEO DE LA MÚSICA.

— Paloma de la Fuente —

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