Somos.

SOMOS

Cuando en el segundo año de la carrera nos pidieron que nos describiéramos en un animatic de 30” de duración, a mi me entraron unas dudas inmensas. ¿Se puede resumir una vida en tan poco? Por aquel entonces aún no conocía el gran invento de twitter que te obliga a definirte en 140 caracteres y lo máximo que tenía era este texto en mi antiguo y ya abandonado blog:

“Somos cada uno de los trenes que perdimos y cada uno de los trenes que nos llevaron a todos los lugares en los que dejamos algo de nosotros. Sí, nos vamos perdiendo en cada lugar que pisamos, en cada bar en el que bailamos y en las botellas en las que ahogamos las horas muertas. Y sí, a medida que perdemos, ganamos historias que contar. Historias que hablan de todos los que alguna vez nos miraron, nos sonrieron, nos besaron, nos abrazaron. Que hablan de todos los días en los que tuve ganas de ti, de los días en que tuve ganas de un abrazo o de una botella, o de perderme hasta que ni siquiera fuera capaz de encontrarme o de que me encontraras. Somos cada uno de esos días que recordamos, y los que no. Los que marcaron a base de heridas y nos forjaron con una personalidad. Severa, dura, cariñosa… Somos diferentes y sin embargo todos tenemos algo de nosotros en aquellos billetes de metro que guardamos con la delicadeza del que guarda un amor. Tenemos algo de nosotros en las entradas de los conciertos que esperamos con la ilusión de niño infantil. En los libros que nos hicieron temblar y en esas palabras que alguna vez escribimos con el corazón en la mano. Somos aquella vieja cámara de fotos con carrete que usamos y tiramos, que nos despertó la curiosidad y las ganas inquietas, las heridas en la rodilla y las horas de patio traducidas en tardes que sabían a nocilla y caramelos. Hasta nuestros ídolos se llevaron parte de nosotros, de nuestro tiempo y nuestro cariño. Y a veces esos ídolos no están en televisión. Nos vamos perdiendo y nos vamos reinventando. Cogiendo nuevos trenes, coleccionando nuevas sonrisas y alimentando las ganas de no perderse. Ahora no… y el próximo tren esta a punto de partir. El próximo avión. Y a veces es bueno, partirse y repartirse, es bueno perderse en todas aquellas playas que nos empaparon de salitre, en todos aquellos vasos de café que mojaron nuestros labios y en aquellos pasos de peatones que a veces cruzamos corriendo. Somos ese rastro que hemos dejado en todas las calles en las que nuestros pantalones besaban el suelo, todas las sillas en las que nos hemos sentado, para hablar, para reír o descansar y todos los colchones en los que hemos dormido abrazados o no. Te llevaste parte de mi en cada beso que te di, en cada abrazo, en cada café que compartimos, en cada cerveza, en cada noche, en cada madrugada, en cada palabra, en cada sonrisa, en cada llamada, en cada grito, en cada mirada… y después de todo, creí que no era nadie. Me vaciaste. Y sí, me tuve que reinventar y aprendí que mientras yo te daba, tu me devolvías, y ahora yo soy tu, tu eres yo, y te voy perdiendo en otros brazos, en otro labios y en otros vasos. Perdemos y ganamos historias que contar.”

Mi inspiración fue, como tantas otras veces Quique González. Él es ese que tiene la frase adecuada siempre en los peores momentos, que me lleva acompañando desde que tengo memoria de ser melómana sin remedio. Él me hunde y me rescata siempre. Es para escuchar los domingos por la tarde y en todos los trayectos en tren. Su discografía es mi banda sonora y donde me refugio cuando no me queda mucho más; “Y los conserjes de la noche” me enseñó que somos todo lo que hemos sido y lo que queremos ser.

Y al final, habiendo aprendido que hemos dejado parte de nosotros en las personas que nos han acompañado, abrazado, sonreído y besado; y otro poco en los libros, conciertos, bares, y lugares que nos han emocionado, presenté este trabajo.

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