“La literatura está muerta”.

Así titulaba la académica Carme Riera su ya pasada conferencia en el Festival Eñe celebrado una vez más en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en Noviembre del 2012.

LITERATURATuve la suerte (y un poco la desgracia) de tener que cubrir el Festival de principio a fin. Fue toda una experiencia a poco más de cumplir el primer mes como becaria en Radio Círculo. Tuve que cubrirlo yo sola con la ayuda de una grabadora que amenazaba con gastar las pilas cada vez que la encendía, y un desorganizado planning con los horarios y momentos en los que avasallar a escritores y ponentes. Todo tras una semana de parciales y media hora de organización previa. En el fondo, he de añadir, que echo de menos todos esos meses de caos en el CBA. Incluso el subir y bajar las escaleras interminables a las oficinas de la quinta planta.

Por una cosa o por otra, posiblemente algún recital de poesía en la sala de columnas, no entré a la conferencia de Carme Riera; pero sí que pude sentarme un rato después con ella y compartir una cocacola, ascensor y una buena conversación sobre la literatura y sobre cómo está muriendo en nuestras manos. Así, a voz de pronto, os sonará como una triste utopía que no es cierta. La literatura está ahí. Siempre ha estado, y siempre estará.

Al principio debatimos si con muerte hablaba de la muerte del papel, del soporte físico y me aclaró que no iba por ahí. En realidad el paso a un soporte digital, no es más que un cambio del formato. Es cierto que, quizás la facilidad de descarga, la piratería que comienza a nacer, la cultura de lo gratuito: deteriore el valor, que la gente no tenga en cuenta el proceso creativo de la escritura; pero, lejos de atacar este hecho, hay que destacar que ahora la literatura está más al alcance de todos; que lo digital fomenta la distribución y una cultura más democrática.

El problema no es que se lea en un e-book o que se lea en un libro físico. El problema es que no se lee.

Mientras hablaba con la académica noté cierto enfado con las generaciones venideras, pero también cierto enfado con el sistema educativo. La lectura ha dejado de ser un pasatiempo en la infancia. Los niños no leen, y menos, se acercan a los clásicos de la literatura. Si cuando se tienen 8 o 9 años no se han leído adaptaciones del Quijote, ni siquiera se ha fomentado la lectura infantil; con dificultad, en la adolescencia tendrán un interés por leer a Valle-Inclán  y menos a Gabriel García Márquez. El sistema educativo obliga la lectura, pero no la fomenta. Si desde pequeños no se entiende qué es poesía ni qué es prosa, no encontrará interesantes los apuntes que se ha de estudiar para pasar la PAU. Obligar es sinónimo de odiar; y odiar es un verbo demasiado feo.

El sistema educativo ataca peligrosamente la cultura. Y la va matando lenta y muy dolorosamente. Igual que a un niño hay que enseñarle a restar; hay que enseñarle a leer, y sobretodo, igual que se enseña el valor de hacer cuentas para poder usar el preciado dinero; hay que enseñarlos a valorar el poder del saber y todo lo bueno que la literatura nos da. Una buena expresión escrita, un fomento de la buena ortografía, el poder de la imaginación que crea la ficción.

A pesar de su pesimismo, Riera concluyó la entrevista con un impactante y esperanzador “si la literatura está muerta, habrá que resucitarla”. Han pasado muchos meses desde entonces, y a mí no se me ha borrado ni aquella conversación ni aquella conclusión. Si el problema es el sistema educativo, al final, estamos dejando en manos de los maestros el futuro de la literatura; y eso es algo que me da un vértigo terrible. Huyo siempre de generalizar, pero por desgracia, las personas que más fardan de no haber leído un libro en su vida, están en las facultades de magisterio; y a mi me asusta de manera sobrenatural que sean ellos quien tengan que salvar la literatura.

Quizás está discusión acabara cuando el ministro/a de educación fuera un/a poeta; cuando el ministro/a de cultura fuera un/a rockero/a; cuando el ministro/a de sanidad fuera médico; cuando el ministro/a de asuntos exteriores fuera misionero/a; cuando el ministro/a de empleo fuera un/a parado/a; cuando el ministro/a de economía hubiera sido desahuciado/a…

Paloma de la Fuente

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