Cuestión de clase

Dos niños trabajando en una industria textil, primera revolución industrial

Dos niños trabajando en una industria textil, primera revolución industrial.

La conciencia de clase fue suprimida del imaginario de la sociedad hace mucho, las causas principales fueron; por un lado, la carestía de los ciudadanos soviéticos y la atomización a la que todos y cada uno de esos ciudadanos fue sometido; por el otro, la doctrina inaugurada por John Maynard Keynes permitió que, pasada la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos del bloque capitalista adquirieran un nivel de vida muy superior al de los ciudadanos del bloque comunista. A esto se sumó la necesidad imperante en las sociedades europeas occidentales por cubrir, partiendo de una economía de libre mercado, ciertas necesidades básicas de sus ciudadanos para que estos no se rebelaran.

Veinte años después de la caída del Muro, la conciencia de clase siguió olvidada hasta que oportunamente una sentencia nos la recordó, aunque muy veladamente: «Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades»; o lo que es lo mismo, habéis olvidado de qué clase sois.

La frase no fue más que un prolegómeno de lo que ocurriría después: las clases altas/dominantes —dueñas de los medios de producción, coaligadas con la Iglesia Católica y depositarias del poder del Estado— habían ido perdiendo privilegios frente a las clases populares que durante los años de bonanza pudieron pasar a ser clases propietarias, y no sólo eso, sino que pudieron llegar a adquirir productos de alta gama que rivalizaban con los que poseían las clases altas.

Consecuencia tras la crisis: ya no todo el mundo puede permitirse pedir un crédito para comprar un BMW.

Las clases medias y las clases bajas habían olvidado qué eran; los pobres no saben que son pobres, aunque los ricos siempre recuerden quiénes son. Es entonces en ese momento en el que las clases altas/dominantes comienzan a transformar los derechos en privilegios, para ello —y gracias al control que ejercen sobre los medios de comunicación— comienzan a desfalcar a las minorías para que al final —y con la connivencia de una sociedad civil alienada— arrebatar los derechos al conjunto de la sociedad. El mejor ejemplo se da en los servicios básicos y con la sanidad en particular, personificado en la pérdida del derecho a una sanidad universal.

Otro ejemplo y que concuerda muy bien con la pérdida de privilegios por parte de las clases acaudaladas es la oportunidad de estudiar en el extranjero; gracias al programa Erasmus, estudiar en otros países ya no era algo reservado a una minoría, sino que dicha oportunidad se abría al conjunto de la población universitaria Española. En octubre de este año dos noticias golpearon a la pervivencia de este programa europeo, por un lado, los recortes a nivel europeo habían hecho que la Comisión se quedara sin fondos para costear las becas de movilidad a nivel europeo; una semana más tarde, el Gobierno de España recortó la partida para las becas Erasmus y del programa Séneca. Sin estas ayudas, sólo las clases privilegiadas serán capaces de costearse estudios en el extranjero, dejando a las clases medias sin medios para que puedan formarse en el extranjero.

El ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels decía: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad», no queda sino reflexionar si nos merece la pena creernos esta mentira o redescubrir nuestra conciencia de clase.

—Víctor Manuel Rodríguez-Izquierdo Cantarero—

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