Who the f*ck is Gatsby?

Gatsby

Hace ya casi un año que llegaron hasta nuestros ojos las primeras imágenes de The Great Gatsby, la adaptación que Baz Luhrmann había hecho de la novela homónima de F. ScottFitzgerald. En ese primer teaser (de casi dos minutos y medio) se entrelazaban imágenes inconexas de grandes fiestas donde el lujo rebosaba con imágenes de los personajes preguntándose quién eran ese Gatsby y por qué era tan importante. Realmente, no sabíamos de qué trataba la película pero ya teníamos una extraña necesidad por visionarla, quizás por los actores, quizás por el sello Luhrmann impreso en cada plano (yo era de estos…) o quizás por la música (…y también de estos); pero, si no habías leído el libro, nunca, nunca, nunca sería por la trama. En realidad, sólo se nos estaba vendiendo humo. Sí, un humo muy bonito pero que no dejaba de ser humo.

Tras sufrir un retraso en su estreno, pasaron seis meses hasta que pudimos ver un nuevo tráiler. De nuevo, fiestas y lujo, pero se nos contaba algo más: parecía que la película podría tratar sobre los negocios de Gatsby, sobre cómo consiguió llegar hasta la cima. Sin embargo, de nuevo aparecía ese romance que tenía algo que ver con el pasado y con un Joel Edgerton que, si bien no sabemos quién es en la trama, siempre aparece con cara de pocos amigos. Por lo tanto, seguimos en tierra de nadie, pero, también seguimos deslumbrados por esa estética Luhrmann y por una música que cada vez nos atrapa más y que queremos escuchar una y otra y otra vez.

Y en abril, por fin, un tercer tráiler y ahora sí, parecía que sabíamos que era lo que íbamos a ver: Carey Mulligan era un amor de la juventud de Gatsby que volvía a su vida pero, esta vez, casada con Edgerton (el de la cara de pocos amigos). Bien, entonces, ¿se trata de una historia de amor? Pero, entonces, ¿dónde está el mafioso que aparece en la barbería en los dos avances anteriores? ¿Es que ya no es importante? Han usado mucho más metraje que en los otros dos trailers, ¿por qué no mostrarlo?

Creo que lo que quieren es confundir al espectador y, a la vez, conseguir abarcar a todo tipo de públicos: los que quieren amor, ahí tienen el romance entre DiCaprio y Mulligan; los que buscan drama, mucha lluvia, mucha lágrima y mucho ceño fruncido; que lo que quieres es acción, un par de coches derrapando, e incluso, un posible naufragio y un atropello; y todo aderezado con una gran banda sonora que toca todos los palos posibles. El caso es crear ese hype que todo gran estreno busca, es decir, que todos, por una razón o por otra muramos, por ver la película.

Es de agradecer que, en un tiempo en el que los tráilers lo cuentan todo, se intente ocultar un tanto la historia para que el espectador se vea sorprendido en la butaca. Pero, en estos avances de Gatsby, sucede algo que, cada vez, se esta convirtiendo en una mayor tónica, no tanto en el cine como en la televisión, y es el uso de la música como vehículo para atraer a las masas. Por poner algún ejemplo, Gran Hotel utilizaba Hometown Glory de Adele para atraer a nuevos adeptos (y algunos nos engañaron durante… dos capítulos) o Downton Abbey y Homeland, que utilizaron la misma versión del Every breath you take de Scala & Kolacny Brothers. La música cada vez se va cohesionando más con la ficción como aparato para despertar las emociones en el espectador, y no sólo en sus avances.

Por destacar dos series, como son The O.C. y Anatomía de Grey (cuidado que vienen dos spoilers pero son antiguos) que utilizan la música de este modo, y a destacar dos momentos en los que se ve claro a lo que me refiero: por un lado, la muerte de Marisa con la canción de Hallelujah y la muerte de Deny con Chasing Cars. Muchos que no hubieran visto estos momentos antes, que no hubieran establecido una empatía con esos personajes, pueden haberse emocionado igualmente por la mezcla de sentimientos que despierta la suma audiovisual que observamos y que no busca sino encontrar esa fibra sensible.

Pues esto es lo que ha pasado con The Great Gatsby (que es de lo que venía yo a hablar hoy). La música, tan estupendamente seleccionada como siempre por Baz Luhrmann, nos hace querer ir a ver la película sin tener ni idea de quién es Gatsby, de por qué se da unas fiestas que ni los de Gandia Shore o de qué es lo que tanto le preocupa para andar todo el día con el ceño fruncido; lo que el espectador busca después de ver esos tráilers es emocionarse, y es que hoy en día, más que historias se nos venden emociones, sentimientos enfrascados en piezas en las que la música juega un papel tan fundamental o más que las imágenes, que parecen estar seleccionadas al servicio de la primera en un juego demagogo que tiene como diana al espectador.

—Jonathan Espino—

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