Ruidos de fondo

MUSIC

El espíritu del rock&roll es tocar sin importar que vayan a verte cuatro u ochenta”; con esta afirmación vocacional declaraba Sara Íñiguez (Rubia) su relación con las canciones y con la música popular. Los músicos están viviendo un momento de desintermediación de los procesos de publicación, distribución y consumo de su trabajo; porque aunque uno de los males mayores de la industria cultural en general, y musical en particular, de nuestro país sea la desvalorización de la profesión como músico, sigue existiendo un negocio en torno al cual se mueve mucho dinero, y da puestos de trabajo. “El 4% del PIB proviene del sector cultural, así como un 0’1% se genera de las actuaciones en directo y alrededor de medio millón de personas ganan un sueldo de la cultura”, aporta datos Rubén Gutiérrez (Fundación Autor).

Internet, que ha revolucionado la manera de consumo y distribución de la música, también supone un medio que se vende como un eficiente lugar en el que llegar al público, pero cuando ahondas un poco más, te das cuenta de que “se vende como que ahora es más fácil, pero el exceso de información en la red no permite llegar al público sin una herramienta que seleccione y canalice ese exceso” resumía Sara Íñiguez durante la conferencia “No hay música sin músicos: vocación y profesión en tiempos de incertidumbre” que la sentó en la mesa junto con los veteranos Patacho (Glutamato Ye-Yé); Alfredo Fernández “Alfa” (Buenas Noches Rose, Le Punk) y el inquieto Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas). Y es que, durante tres días, en la Sala Naranja de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid, bajo el marco de las jornadas Ruidos de fondo, organizado por el colectivo Deoído, pasaron por las sillas importantes nombres de la industria musical para debatir con jóvenes comunicadores el difícil momento que atraviesa la industria abarcando todos sus aspectos y a todos los actores que participan en ella. La intención de las jornadas era clara: saber hacia donde se dirige la industria musical y ver qué falla y qué alternativas tiene para renacer pues “quien explota la cultura nos endulza la vida y no existen razones para atacar una industria cultural que está muriendo como la conocemos” apuntaba el licenciado en Derecho Javier de Torres. Cuando hablamos de los actores que entran en juego en la industria, debemos colocar al artista o la banda en el centro, sobre el cual giran: las discográficas, las distribuidoras, el editorial, las entidades de gestión, los managers, las promotoras de conciertos, las salas de directo, el periodismo especializado…

La industria se caracteriza por varios hechos. El primero es la gestión de derechos. Se trabaja con los derechos de la propiedad intelectual, que no sólo incluye los derechos de autor, sino que, clasificados entre los patrimoniales (derecho de reproducción, comunicación a un público entendida como la puesta a disposición de manera simultánea o no, la distribución y la modificación) y los morales, que no se pueden vender, a diferencia de los anteriores y se atribuyen al autor en el momento en que compone la obra (derecho a la divulgación -o no- de la obra, y el derecho de paternidad); son derechos que se reparten entre el Autor, el intérprete (que en muchas ocasiones es el mismo, pero a veces no es así), y el productor de fonograma que es la persona jurídica cuya responsabilidad es la grabación de un tema o un CD. En segundo lugar, es una industria de publicaciones. Se basa en la edición de discos, vinilos, singles y EP’s hasta el punto de la dependencia de éstos para la difusión en medios (si no has publicado, no existes). También podemos hablar de una industria de talento (Star System) y se caracteriza además por la dependencia de la electrónica, y la evolución de los formatos.

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Uno de los mayores problemas es la pérdida de interés del público joven por la música popular. “Ha habido un cambio en el consumo de música. No interesan los discos. Interesan las canciones y no se preocupan por descubrir el resto. Se debería recuperar el gusto por la música como se hacía antes.”, opinaba Javier Olmedo (gerente de La Noche en vivo, asociación de las Salas de Conciertos de la capital). El problema de la cultura de lo gratis es que se pierde el valor de lo que se escucha. Una canción tiene el trabajo de mucha gente detrás. Hay que valorarlo y no depende si de si se piratea o no, pero si que lo pirata lo fomenta. El concepto de que la cultura es un bien gratuito es un problema social”, añadía además Fernando Novi (UFI, asociación de las discográficas independientes).Una de las soluciones propuestas por más de uno durante las jornadas fue clara: “Se debería llevar la música a los institutos y facultades para que renazca la pasión que tenían los jóvenes por la música en los años 80. Los adolescentes no puede acceder a la música, no se acostumbran a ir a conciertos y al final pierden interés” atacaba Alfa contra la Ley del Espectáculo que impide que los adolescentes puedan entrar a las salas de conciertos. Estas prohibiciones que se rocogen en el texto de ley no contemplan que “durante los 16 y 17 años una persona desarrolla el momento de mayor creatividad, y el hecho de que no puedan tocar en una sala, está haciendo que se pierda mucho talento en este país”, como defendía también el ya citado Javier Olmedo, durante la conferencia sobre la Música en Vivo, donde a pesar del pesimismo demostrado con respecto a las medidas del Gobierno con la subida del IVA del 8% al 21% en los eventos musicales, y en la hostelería, así como la ya desde hace un tiempo vigente Ley Antitabaco, y la ya criticada Ley del espectáculo; se facilitaron datos en los que queda patente que si hablamos de que se programan 13000 conciertos (aproximados) al año sólo en la ciudad de Madrid, la música no está muerta aunque atraviese malos momentos.

No faltó la reiteración de la falta de venta de discos, pero señalando como desencadenantes el miedo de las discográficas para apostar por grupos noveles, y la falta de riesgo en las publicaciones, repitiendo una y otra vez, productos que ya han funcionado y se sabe que van a vender. En vista a estos acontecimientos, el músico ha tenido que echarse a la carretera y optar por la autoedición, la autopromoción; saber que tiene que hacérselo uno mismo. La opción de los nuevos sellos independientes que van creciendo son los contratos 360º, que incluyen todos los aspectos de edición, promoción, distribución, excluyendo a los intermediarios. Javier de Torres, bajo esta idea de los contratos 360º, y en el apogeo del concepto “indie” (o independiente) defendió que “La verdadera independencia es la independiencia artística. Todo artista indie quiere que sea otro quien lleve las cuentas, siempre que se respete su independencia artística.

En el ámbito de la prensa especializada se dejó claro “hay que diferenciar muy bien entre el trabajo de marketing del periodismo musical cuya máxima ha de ser el de descubrir música”, en palabras de César Muela (autor en Cuchara Sónica). Los principales problemas cuando se utiliza Internet como herramienta para la difusión de la prensa musical hay que empezar a evitar la tendencia del corta-pega, pues empieza a faltar originalidad en las publicaciones y una saturación de la misma noticia en todos los blogs y webs. Luis J. Menéndez (Mondo Sonoro) denunció que el mayor problema es que “falta dinero. Hay buenas ideas pero falta presupuesto”; y destacó que “es muy meritorio lo que se hace para los pocos medios que hay. Es muy difícil poder ser profesional pero lo que se hace, aunque sea amateur, es muy decente y se debería valorar más de lo que se hace”. Cuando se habla de la necesidad de dinero el debate nos lleva a la dependencia que se crea del periodismo con la publicidad. “Hay que dar secciones para noticias de marca, lo que está creando una tendencia a la compra de espacios para promocionar empresas privadas antes que para promocionar grupos noveles” comentaba también Menéndez.

Igual que la prensa escrita, la radio ha encontrado en Internet un medio de difusión que permite la creación de podcast. “La tecnología ha cambiado y permite que llegue a más sitios; pero no ha cambiado el medio en sí”, explicaba el locutor Joaquín Guzmán, quien no abandona su pasión por las ondas y ahora está embarcado en su proyecto Rockola FM, programa musical que emite a través de la red y donde se lee toda una declaración de intenciones “porque una nueva radio musical es posible, …es necesario”. En su conferencia “¿Hay alguien ahí fuera? La reinvención de los medios como prescriptor” el periodista afirmó que “las webs en streming solo cambian el medio de difusión pero no el concepto de radio” y aportó datos sobre el consumo en el que se registran que “el 6% de consumidores de radio lo hacen por Internet, y de esos, el 90% consume una oferta que sólo está disponible en Internet”, lo que demuestra la importancia de crear nuevos modelos.

Entre las propuestas de nuevos modelos destacaron la nueva red social Let’s Loop, y el sello novel Sonido Muchacho, que demostraron que hay que apostar por la música para que la industria pueda renacer.

— Paloma de la Fuente —

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