BIO

ANA

“A la vista de los datos, podemos confirmar que el modelo 32 es el más avanzado de cuantos hemos desarrollado. Ha superado todas las pruebas a las que ha sido sometido gracias a mí y mi equipo. Explorando las bases de la biotecnología insertiva más puntera, hemos conseguido desarrollar una inteligencia artificial virtualmente imposible de distinguir de la humana. Señores, señoras, es un placer para mí presentarles a M32″.

Tira de la sábana y deja ver un esqueleto de metal, surcado de cables que se asemejan a venas. Es M32. Entre aplausos, pulsa un botón en el pecho del robot y los ojos de este comienzan a encenderse de azul.

 

Pues en esto estamos. Ana ha creado (bueno, y su equipo, pero es que es un poco egocéntrica y muy poco humilde) inteligencia de manera artificial y se la ha asignado a un robot. ¿Qué pasará luego?

La respuesta, en el guion de cortometraje que estoy acabando para mi asignatura de guion de cine, en la Complutense. Si leéis esto en cuanto se publique, estaré de camino al registro de propiedad intelectual, condición indispensable para la evaluación, y además tendré ya todo rematado.

No recuerdo muy bien cómo surgió la idea de la historia de una inteligencia artificial capaz de superar el test de Turing gracias a un elemento muy concreto (que no os he desvelado pero que aparece al final del corto), pero me pareció divertido, así que, con un poco de suerte, de aquí a catorce años podremos rodarlo, y podréis verlo. Es una historia bastante cronengberiana, un poquito dickiana (muy poco) y bastante ludita, así que yo creo que puede estar bien.

Total, lo único que hay que saber hacer es copiar (muy bien) a los mejores.

— Víctor Martín-Pozuelo Fernández-Calvillo —

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