Ask me (hazme una pregunta)

Desde hace un par de años compruebo, con el correspondiente estupor, cómo un notable número de personas a las que sigo en Twitter piden a sus seguidores que les hagan preguntas en Ask.

Al principio, pensaba que consistía en una aplicación que perseguía algún fin productivo, pero mis esperanzas se evaporaron en la segunda semana de exposición al fenómeno Ask. Concretamente, en cuanto me percaté de que aquello no era sino una manera de manifestar el aburrimiento pasando por un disimulado egocentrismo y un mamarrachismo algo más notable.

Esta aplicación, que goza de más usuarios de los que merece su naturaleza, consiste en que el usuario pide que le hagan preguntas y otros usuarios, registrados o anónimos, lo interrogan acerca de todo aquello que se les ocurra. A menudo sucede que esas preguntas y respuestas se publican como tweets para que todos los seguidores del entrevistado puedan verlas. Esto provoca un enorme sufrimiento en este último colectivo, al que generalmente ni le va ni le viene el enjambre de preguntas que le puedan hacer a otros.

Para empezar, no he encontrado ningún rasgo común que compartan todos los adeptos al Ask, salvo el propio uso de tal aplicación. Quiero decir, a la gente que es fan de Nena Daconte le gusta también Álex Ubago, la Oreja de Van Gogh, Eros Ramazzotti y Tizziano Ferro, les gusta leer más bien poco y en caso de hacerlo únicamente leen best sellers o libros de escasa complejidad. O también, por ejemplo, a los fans de Almodóvar les disgusta enormemente Carlos Boyero. Quiero decir, que siempre hay un rasgo común en quienes son adeptos a algo o a alguien, pero es que en los asiduos al Ask no consigo encontrar ningún aspecto que sea universal para todos esos usuarios. Mi conclusión ha sido que la comunidad Ask es un tanto heterogénea.

Pero yo me encuentro con que los usuarios de Ask con que me topo no suelen compartir demasiadas características comunes. Una vez lancé al aire una pregunta acerca de qué poderosa fuerza interna movía al personal a querer que la gente les interrogase. Mis dudas iban más allá.

La primera duda tenía que ver con esto de que alguien crea que su vida es lo suficientemente interesante como para que el resto sienta curiosidad al respecto y, por ello, le haga preguntas a través de esta aplicación. Además, según el ínfimo estudio de campo que he hecho, me he percatado de que se pone en juego la paciencia del entrevistado ante las preguntas, especialmente ante las anónimas.

En este último apartado, entra el gen malévolo de la humanidad. Explorando a uno de mis conocidos a los que sigo en Twitter y que es un activísimo usuario de Ask, he reconocido hábiles (y tremendamente maléficas) maneras de herir su sensibilidad, y es que sus entrevistadores deben de pertenecer a algún tipo de secta malvada. Ask, una nueva manera de entender la prensa rosa, preparémonos los aspirantes a periodistas. He atisbado grandes dotes de maldad en estas preguntas en modo anónimo, como intentos desmedidos de averiguar la inclinación sexual del personal o, por ejemplo, despiadadas formas de atentar contra la apariencia estética de la persona en cuestión.

La forma en que se utiliza el Ask, tanto para quien pregunta como para quien responde, dice mucho del perfil del entrevistado.

A estas alturas de la película, he podido clasificar los perfiles de los entrevistados en tres grandes grupos:

1- El twittero apenado. Se trata de un ente impregnado de el espíritu Álex Ubago. Todo lo que sucede le parece un fracaso colosal, una broma de mal gusto o una pesadilla de la que tiene que salir. Todo esto suele venir dado por una especie de psicosis según la cual todo lo que sucede en el mundo es una conspiración contra él o ella y su única escapatoria es salir cuanto antes, el método se desconoce.

He analizado las preguntas que se le hacen a este tipo de twittero. Generalmente, tienen visibles atisbos de maldad que él mismo no es capaz de identificar como tales y, por lo tanto, responde a éstos como si tal cosa. Calculo que los entrevistadores (por lo general siempre anónimos) cuando perciben esta actitud de ignorancia se ceban aún más con las preguntas que elaboran. El twittero apenado termina dando pena.

2- El twittero atrevido. En este caso, el entrevistado se muestra muy proactivo en lo que a respuestas comprometidas respecta, de modo que los entrevistadores (anónimos o personas con ánimo de apareamiento con el entrevistado) preguntan a diestro y siniestro acerca de cosas que rayan, a menudo, la máxima indiscreción que se pueda esperar.

Este twittero, aparte de atrevido, peca también de inconsciente, ya que a menudo las preguntas lanzadas suelen comprometer su intimidad sin que a él o a ella eso le suponga una catástrofe. Quiero decir, que responde a las preguntas como si tal cosa. Monguers, monguers everywhere.

3- El twittero aburrido. Más perspicaz que los anteriores a la hora de dilucidar las dotes de maldad de quienes preguntan, éste es capaz de responder únicamente a aquellas preguntas de carácter “normal”. Estas preguntas tienen que ver generalmente con qué tipo de comidas prefiere, qué estudia, qué libros le gusta leer, etc. Lo que mueve a este perfil de Ask a ser expuesto a las preguntas de los demás es, generalmente, una dosis incalculable de aburrimiento y hastío. Supongo que los días se le hacen largos y únicamente quiere pasar el rato. Que sí, que hay más cosas que hacer en la vida y que el Ask no es precisamente la más productiva de todas ellas, pero bueno, de los perfiles que he analizado someramente es el más cuerdo de todos.

Así es que ya sabéis, muchachos,  hacéos una cuenta en Ask, pedid que os pregunten, publicad en Twitter vuestras respuestas y dadme un nuevo perfil al que incluir en mi categorización anteriormente expuesta.

Estefanía Ramos

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