Cómo escribir un post

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Domingo. 23:30h. Me siento delante de mi ordenador con un Nestea en vaso de culo plano. Realmente lo del Nestea lo hago porque en el recipiente adecuado puede parecer que estás bebiendo Whiskey solo. Y para mi, todo escritor nocturno que se precie debe beber whiskey solo mientras escribe. La idea del escritor y el cine negro ha juntado ya todo eso en la cabeza. Me dije a mi mismo que si en algún momento quería ser algo similar a Bukowski debía recuperar el tiempo perdido ya. Después me di cuenta de que no se hasta dónde quiero parecerme a Bukowski. Pero el Whiskey lo tengo ya ligado al hecho de escribir. Por si acaso, voy adelantando tiempo con eso.

No encuentro whiskey en casa, así que me hecho un vaso de Nestea recién sacado del frigorífico.

Tengo ya abierta la pestaña del wordpress de Duckspeaking lista para ponerme a escribir. Pero la cierro. Suelo un “uppss” por si acaso alguien mira, cual James Stewart en la ventana indiscreta. En realidad ha sido un mecanismo de autoprotección. No sé qué voy a escribir, pero tengo que escribir algo para publicar mañana.

Vuelvo a abrir el wordpress y mientras carga entro a Facebook. Posiblemente los cinco segundos (tiempo máximo que tarda en cargar la página del blog) más rentabilizados de la historia. He mirado ya fotos, estados, el chivatero de facebook (es decir, ese mecanismo que hace que ya incluso de forma involuntaria te sepas hasta qué música escuchan tus “amigos” en Spotify). Van ya 15 minutos cuando decido volver a la pestaña y ponerme a escribir el post. En mi cabeza realmente he estado esperando a que se abriese. La ingenuidad buscada del que sabe que hay algo que no está haciendo bien.

Domingo. 23:45h

Doy un trago a mi falso whiskey.

Y pienso.

Veamos, ayer fue el día de Star Wars. Si alguien en este blog debería hablar de Star Wars ese soy yo. Creo que el tema está claro. La cuestión es, ¿qué digo? Mi debate se mueve entre decir cuánto me gustaba de niño Han Solo o cómo cuando estrenaron la Amenaza Fantasma yo pensaba que la película nueva molaba más que las otras. Y cómo, para mi fortuna, cuando seis años después estaban estrenando la última de dicha trilogía yo ya estaba unido al club de “George Lucas muere por lo que has hecho”.

Sí, sí. Ese es el tema. Juntaré las dos cosas y me saldrá un post molón. Voy para allá.

Hay que comenzar con un buen titular. Bueno, ya si eso lo dejo para otro momento porque total, siempre lo escribo al fin….. HAN SHOT LAST. Lo tengo. Qué bueno soy. Estoy of fire. Comienzo el artículo entonces:

De niño quería ser Han Solo. Cuando digo niño, quiero decir diez años. No os penséis que yo era de los que veía Star Wars desde su más tierna infancia. Yo descubrí Star Wars con el estreno de La Amenaza Fantasma (la cual aún tengo en VHS en casa). Me encantaba todo. Anakin. Los miriclodianos. Todo. Menos Jar Jar Bins. Afortunadamente nunca me gustó Jar Jar Bins.

Para cuando en 2005 se estrenó La venganza de los Sith yo ya había sufrido El ataque de los Clones. Visto toda la trilogía original tres veces y habido tenido épicas peleas con amigos que decían que El imperio contraataca era una basura o que los Ewoks no eran más que unos putos osos de peluche (nunca me gustaron especialmente los Ewoks, pero tenía de alguna forma que defender mi trilogía. Hasta el final, sin importar cómo).

Ellos decían que los efectos especiales eran mejores. Yo decía que para la época de los originales eran mejores esos. Que era una cuestión de ponerlo en contexto. Ellos decían que molaban más las naves, que todo era más bonito. Yo decía que toda la historia esa de Naboo me la traía floja. Que el ataque a la Estrella de la Muerte sí que era una cosa que molase (y al fin y al cabo el ataque de naves a la federación no era sino Lucas copiándose a sí mismo para decir que Luke era como su padre). Les dije que lo único que me gustaba era la carrera de vainas y que tenía el juego en PC.

Afortunadamente y por una vez en la vida he sido el vencedor. Mis amigos no soportan ya la nueva trilogía.

Perfecto. Finalizo el artículo poniendo un video. Digo que aún así debería ser un niño feliz en ese momento. Porque no sabía aún lo que George Luchas y Steven Spielberg iban a hacer esto varios años después:

Ya está. Artículo terminado. Ni media hora. Soy lo mejor. Termino de dar un trago a mi “whiskey” mientras observo el contador de palabras. 330. No son suficientes pienso en primera instancia. Pero, después recuerdo que Paloma el sábado publicó una imagen. Media frase y una imagen.

Me meto a la cama y duermo tranquilo una noche más pensando en el trabajo bien hecho.

— Arturo M. Antolín —

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