Very Spanish traditional fiesta

First Communion APRIL 24, 2010 017

Mañana tengo una comunión pero, ¿qué quiere decir eso? ¿Un evento donde revalidar mi espiritualidad tomando el cuerpo de Cristo? No, la verdad es que no. Y pienso: si yo que he hecho la comunión, ahora no utilizo esta oportunidad para reunirme con Dios, ¿un chaval de diez años en qué está pensando para hacerla? Quiero decir, ¿en qué pensamos cuando decidimos hacerla? Y esto me lleva al principio: el sábado tengo una comunión pero, ¿qué quiere decir eso? PARTY TIME!

La comunión es una ocasión como otra cualquiera para irse de despiporre con toda la familia y darlo todísimo con un motivo: es que el niño va a conocer a Cristo. ¡Ah, mu’ bien, pues ponte las mejores galas que nos vamos pa’ la Iglesia! Y allá que va toda la familia (la abuela incluida, que es la primera que desea que lleguen estas fiestas para rememorar esos bailes a ritmo de pasodoble que tanto echa ella en falta). Meeting time en el que saludas a la hija de la vecina de la prima de tu abuela pensando que es una prima segunda de tu padre, pero que luego resulta que no es, y ya te está mirando raro hasta que la fiesta termina.

Todo el mundo se apresura a introducirse en la Iglesia (saben que reparten comida gratis) y se sientan como gente civilizada: los padres en primera fila, los abuelos en la siguiente, y el resto detrás, con la misa en off. Porque no nos engañemos, las misas no están hechas para todos los oídos. Los padres escuchan (saben que es sólo una vez en la vida; las siguientes ocasiones estarán en la zona en off), los abuelos escuchan y replican (y cuando digo replican quiero decir que dicen “Amén” cuando hay que decirlo, no como nosotros que lo decimos… Cuando escuchamos a la abuela decirlo), y el resto espera a que llega el padrenuestro. ESE momento: EL PADRENUESTRO. Todos lo esperamos con ansia porque, junto al momento de darse la paz, es la ocasión más fácil de sentirte parte de la misa, como que estás haciendo algo bien y te sientes realizado. Pero, últimamente, la Iglesia tiende trampas a aquellos que no van normalmente a sus eventos y le cambia la letra a su antojo. Así, mientras que antes era como escuchar el himno de España en la final del mundial, todos a una el Lololó, ahora es como escuchar a tu madre cantar una canción en inglés.

Así, a la hora de seguir el Padrenuestro, podemos encontrar tres tipos de personas:

– Los que se lo saben al dedillo y miran por encima a los demás. Estas son las abuelas. Punto.

– Los que hacen playback. Estos son fáciles de identificar porque sus labios van a un ritmo distinto a los del cura. (Probablemente se santigüen cuando el cura vaya por el Amén).

– Los que están callados y mirando al frente. Es lo más inteligente. Si alguien te pregunta, puedes decir: “Es que yo lo digo mentalmente”. Con dos cojones.

La paz sea con todos vosotros. Y con tu espíritu. No salimos todos de la Iglesia haciendo la conga… Por la abuela, porque si no… El caso es que afuera ya espera el photocall, que es algo así como cuando Rafa Mora va a una discoteca: él se queda, pero los de alrededor varían. El niño de comunión (pobre…) aguanta como un jabato a hacerse todas las fotos de rigor: con los padres, con los padres y los abuelos, con los abuelos, sólo con la abuela, con los tíos, con los otros tíos, con todos los primos, ahora sólo los primos, luego sólo las primas… Y luego repetición pero con la familia materna. Sinceramente, no sé cómo la hostia la da el cura y no el niño… Pero, el photocall también sirve para que las señoras que tu no conoces pero que dicen ser tus tías se pongan al día de tu vida. Hablo desde la experiencia: pobrecito de ti como todos tus primos lleven novia y tú no. Podremos encontrar desde el “Anda, ¿y la novia qué?” hasta el “Macho, que se te va a pasar el arroz”. Lo mejor es ese momento en que tu padre interviene con un “Na’, la novia se ha quedaó’ en casa”, que viene acompañado de tu mirada de “no sé de quién está hablando pero a ver si me la presenta…”.

Una vez que ya el niño ha conocido a Cristo, el resto lo celebra comiéndose lo que no está escrito. Lo mejor es a la hora de colocarse en la mesa. Ese momento en que no eres ni demasiado mayor ni demasiado pequeño como para estar con los niños y quedas en esa tierra de nadie en la que con una mano enseñas las nuevas aplicaciones del móvil a uno de tus primos mayores y con la otra das de comer a tu prima pequeña, mientras que tu tío de cuarenta años está sentado con los mayores pero te tira bolitas de miga de pan. No sé si pasa en todas las familias; en la mía, sí.

Una vez todos estamos en ese punto en que es más fácil rodar que andar, pasamos a la discoteca. Mi momento preferido. Ese en que las canciones actuales son bailadas por encima de las posibilidades de todos: el reggueton lo perrea hasta la tatarabuela de noventa años, si es necesario. Pero, llega esa canción, cada familia tiene una, en que la discoteca se viene abajo. En mi caso, es el Follow the leader. Y es que, hay un código familiar en el que mi padre ha sido nombrado The Leader en cualquiera discoteca en que se junte mi familia y todo el mundo le sigue al ritmo. Es el Epic Moment de la fiesta, el culmen, el clímax. ¿Más que cuando la abuela intenta bailar el Ai si tu pego? Más, porque no es el hecho en sí, sino el significado. Y es que con sólo los primeros acordes de la canción, ya todo el mundo sabe que hay que petarlo muchísimo. Así. Tal cual.

De este modo, acaba el evento. Todos dirigiéndose a sus casas, americana en hombro y preguntando “oye, el año que viene, hay también comunión, ¿no?” Si es que sí, todos sonreímos y esperamos superar la de ese año. Si es que no, es el momento de empezar a pensar a quién casamos, puesto que recae en la prima mayor, que niega rotundamente mientras que todos planeamos el encuentro como si fuera un programa de Divinity.

—Jonathan Espino—

Anuncios