Tulipanes

Cuando estudiaba en el instituto, tenía un profesor que no se preparaba las clases. Era el único, eso sí, pero a mí me parecía insoportable aguantar sus largas clases en las que generalmente se dedicaba a hablar sobre los distintos tipos de cerveza que se consumían en Alemania, lo increíblemente buenos que son los coches alemanes, la abrumadora productividad de los trabajadores alemanes y lo tremendamente inútiles que le parecíamos los alumnos de letras (el tipo en cuestión era el profesor de Filosofía). De este modo, no sólo nunca llegué a prendarme de su asignatura tal como me hubiese gustado, sino que también asistí a dos años de clases desperdiciadas y apuntes inconexos.

El primer año de universidad, se desmoronaron mis esperanzas de encontrarme con gente mucho más seria y más profesional que los profesores con los que me había topado antes, aunque sólo fuese por jerarquía. Y, aunque he tenido profesores alucinantemente buenos en la universidad, lo cierto es que creo que en conjunto siempre preferiré a mis profesores del instituto.

mini_Tulipanes

La imagen anterior (uno de los fondos de pantalla que te vienen predeterminados en Windows) simboliza perfectamente el porqué del derrumbamiento de mis sueños en cuanto a productividad del profesorado. En primer año de carrera, no muy avanzado el primer cuatrimestre, mis compañeros y yo asistimos a una de las grandes bromas que hemos tenido el gusto de presenciar a lo largo de toda nuestra carrera. Una profesora quiso introducir el tema de la Teoría general de la Imagen con esta imagen, entró en bucle y estuvimos las dos horas de la clase dándole vueltas a los tulipanes. Ni siquiera se planteó irse a Google a buscar una imagen que pudiese tener más miga, no, ni siquiera pasamos del fondo de pantalla que tenía el ordenador de la universidad. A los cinco minutos, ya se había comentado todo lo que se podía comentar de la imagen, pero ella quiso prolongar nuestra estupefacción una centena de minutos más. Entre elemento y elemento, se dedicaba también a comentar anécdotas que le pasaron mientras preparaba su tesis, e incluso tuvo el atrevimiento de desmerecer al pueblo holandés con algún comentario y disculparse luego con los holandeses (sin ella saber que había un holandés de nacimiento en clase). El no prepararte las clases y otras formas de demostrar tu incompetencia como docente.

Y ahí yo me planteaba hasta qué punto eran necesarias ciertas cosas, si realmente iba a ser útil la carrera con clases como esa o por qué esa señora cobraba un sueldo cuando yo misma podría estar impartiendo una clase tres veces más productivas que esa.

Os cuento esto ejerciendo el papel de la Tulipanes (así la bautizamos a partir de ese día), porque hoy no me he preparado la entrada (lo justo sería decir que preparé varias pero ninguna surgió, dos de ellas se mantienen como borradores) y no por eso os haré leer una infinidad de palabras sin sentido alguno ni productividad.

Y porque sois muy majos y os merecéis un puente de la leche, os voy a dejar una prueba para que veáis que no tenéis que tomar droga, y que en el caso de tomarlas tenéis que hacerlo con mesura o pasa lo siguiente:

Estefanía Ramos

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