Budapest

El empedrado de lo que fue el embarcadero —y hoy es paseo— de Pest es uniforme, grandes bloques de piedra que recorren ambas orillas del Danubio a lo largo de toda la ciudad, dándole ese aspecto que tienen los cauces centroeuropeos: decimonónico, orden e imperio. El paseo es en extremo agradable, yendo desde el Parlamento húngaro hacia el Puente de Cadenas —o Széchenyi— tenemos a izquierda Pest y a la derecha Buda. Porque parte de la magia de Budapest es ésa, dos ciudades en una: Buda y Pest.

No hay nada más marchito que el corazón de aquellos que han olvidado qué paso.

No hay nada más marchito que el corazón de aquellos que han olvidado qué paso.

Pasado el Parlamento, recorremos unos cien o doscientos metros y nos encontramos con que ese uniforme paseo está salpicado de botas, botines, zapatos y demás calzado; flores marchitas y secas y viejas velas sin cera;  entre medias, turistas que buscan la foto que retrate que ellos sí estuvieron en Budapest, algunos incluso hacen el amago de ponerse alguna de las piezas que se encuentran esparcidas por el suelo. Flashes. A tres pasos de la escultura conmemorativa, una placa de bronce negro sin bruñir cuenta en yiddish otro capítulo de la ignominia del Holocausto. El buen turista, aunque desconocedor de qué quiere decir, graba la plancha en su memoria de 16 gigas de la réflex Canon y continúa su camino.

Budapest se ha convertido en una de mis ciudades favoritas de Europa. No sé por qué el encanto de la capital magiar ha desbancado a otras ciudades centroeuropeas como Praga o Viena. Casi podría decir que incluso la prefiero sobre París, pero puede que continúe embebido de la seducción de Budapest. Hoy hace cinco días que volví —y todavía me maravilla—, por eso ofrezco un pequeño plan de qué hacer en Budapest a precios de estudiante.

Tres días es un buen periodo para Budapest. Tres días en los que se mezclan pateo, esparcimiento y relax; por eso es un plan excelente para aquellos que busquen un viaje de fin de semana no muy caro (Hungría no usa euros, usa florines que al cambio son trescientos florines por euro). El transporte desde España oscila entre los 80 euros ida y vuelta desde Barcelona y 150/170 euros desde Madrid para un fin de semana cualquiera de junio.

Mi conocimiento sobre los alojamientos se reduce a un sólo albergue de jóvenes que al igual que el resto de la ciudad no es nada caro: 5,50 euros la noche. Tras ser una de las mejores acogidas que he tenido nunca en un albergue me siento en la obligación de recomendarlo, el Zen Hostel se sitúa en la ciudad de Pest en la calle Paulay Ede, paralela a Andrássy, la avenida principal de la ciudad.

Tras encontrar alojamiento, qué menos que comenzar el pateo turístico de la ciudad. Otra de mis recomendaciones es, nada más salir de este B&B, bajar por la Andrássy hasta la plaza de Erzsébet, lugar del que salen los free tour por la ciudad, no desmerecen para nada; el que es en inglés, además, lo hace una húngara que con diferencia ha sido una de las mejores guías que he tenido durante todo mi viaje. Recomendación: llévense agua, son casi tres horas y media de paseo.

Un plan para otro día, es la obligada visita a las termas, por 12 euros tienes todo un día de termas y de aguas medicinales de la capital europea con más aguas medicinales y termas. Los baños no son caros y además es posible llevarse comida allí. Consejo: quédense hasta que se haga de noche y estén arrugados.

En cuanto al ambiente, la ciudad es una ciudad muy joven, con una noche muy concurrida por un público heterogéneo y de todos los países (por algo es una gran capital). El plan es el típico, beber algo en la plaza de Erzsébet y luego irse a tomar refrigerios varios por la zona de Pest, dejando a la izquierda Andràssy hay bastantes garitos, bares y pubs… todos ellos dignos de conocer, pero uno sobre el resto: el Zsimpla. Otra recomendación es irse a los sitios que están dentro de edificios en ruinas reconstruidos y decorados a lo indie. Pista: la pinta de cerveza en Budapest puede salir por 500 ó 600 florines húngaros

En cuanto a qué comer en Budapest, primera recomendación: Frici papa, un restaurante de comida húngara donde se puede comer un buen goulash y estofados varios. Si no, por cuatro euros pueden irse al Oktogon, un restaurante con la modalidad all you can eat. Ambos recomendables, muy recomendables.

Las ciudades tienen esa particularidad de entusiasmar de día y seducir de noche.

Las ciudades tienen esa particularidad de entusiasmar de día y seducir de noche.

El Puente de Cadenas está defendido por leones sin lengua, que desde sus cuencas pétreas abren el paso de Pest a Buda, donde la orografía no fue tan condescendiente como con Pest y se suceden cuestas y lomas, de la Citadella al palacio y más allá al casco antiguo de la ciudad con catedral y fortificación. En lo que sería la White House Budapest, una guardia militar  defiende —aunque a veces parezca secuestrado— el poder civil con la cadencia de los pasos firmes de los soldados, el repiqueteo de tambor y el resplandor de un sable. Finalmente, entre dos muros de un antiguo monasterio, se levanta un hotel Hilton, ingeniosamente oculto en medio de la ciudad; ésta es la última parada.

Déjense seducir por Budapest.

—Víctor Manuel Rodríguez-Izquierdo Cantarero—

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