Algo se muere en el alma…

Spartacus

… Cuando una serie se va. Y es que, para un buen seriéfilo, oír la palabra CANCELACIÓN es como para Harry Potter oír Voldemort o para Mercedes Milá oír tabaco: provoca miedo y enfado, mucho enfado, porque has vivido mucho con esos personajes que, de la noche a la mañana, van a desaparecer de tu vida, así, sin despedirse y con un episodio que, en la mayoría de las ocasiones, no te va a dejar buen sabor de boca. Sí, sé que no existen, que son creaciones que viven en la caja tonta, pero se les coge cariño. A Joey y Chandler, a Carrie y Samantha, a Jack, Locke y la isla… Todos ellos desaparecen para dejar atrás momentos vividos en el pasado y vivir estancados en reposiciones de madrugada.

Todo artículo tiene una razón y este caso no iba a ser distinto. Spartacus, una serie que nos ha mantenido a mi padre y a mi enganchados ante el televisor durante casi tres años, llegó a su fin la semana pasada. ¡Oh, qué tristeza, madre mía! El caso es que, cuando comenzó esta cuarta temporada, algo más floja, ambos exclamamos: “Mira, menos mal que la cancelan porque se la van a cargar” (sí, mi padre y yo somos así de radicales). Pero, los guionistas (cabrones ellos) la han ido levantando hasta alcanzar (casi) el nivel de las temporadas anteriores, y ahora, mi padre y yo, ya no exclamamos lo anterior, sino que nos miramos al fin del último capítulo, con cara de pena, y con un lastimero “¡Jo!”, apagamos la televisión.

La ficción últimamente no vive buenos tiempos y ver como series a las que tienes tanto cariño desaparecen, no es plato de buen gusto. Por ello, desde mi humilde trono de todos los viernes, quiero rendir un pequeño homenaje a aquellas series que nos han abandonado y que nos tuvieron enganchados durante tanto tiempo (voy a soltar spoilers a mansalva así que, si queréis engancharos a alguna, ¡cuidado!):

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– Friends: La sitcom por antonomasia. Muchas series han intentado imitarla después, pero el resultado ni se le ha acercado (y lo sabéis). Phoebe, Chandler, Joey, Monica, Ross y Rachel nos acompañaron durante diez años, diez temporadas y 238 capítulos, que se dice pronto. Friends es un poco como Los Simpsons en persona: no importa las veces que veas un capítulo que te lo vas a tragar como si no lo hubieras visto nunca. Las canciones de Phoebe, el bronceado de Ross y cientos de cafés en el Central Perk que quedarán para los anales de la televisión y para siempre en nuestro recuerdo (sí, y en las reposiciones de Cuatro).

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– Sexo en Nueva York: Serás muy hombre, pero tú también quisiste ser una de ellas. Eran las Spice Girls de la televisión: la fashion, la mojigata, la seria y la zorra (es con cariño, pero es que lo de Samantha no era normal). Teníamos de todo. El súmmum llegó con ese final a caballo entre París y Nueva York, entre El Ruso y Mr. Big, en el que Carrie acababa volviendo al lado de sus amigas con You got the love de The Source con Candi Staton de fondo… Lo habré visto tantas veces en Youtube… ¡Que una vez más no hace daño!

http://www.youtube.com/watch?v=m5e2s1VA2xM

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– Lost: El fenómeno de la televisión de mi generación. Nunca antes una serie había causado tanto furor a mi alrededor (ni el final de Los Serrano, oiga). Miles de incógnitas de las que, probablemente, no se resolvieron ni la mitad en un final que dividió al mundo entre los que lo odiaron y lo amaron (yo soy de los segundos). Lost mantuvo la intriga durante seis temporadas en las que, sin saber muy bien lo que estaba pasando, te quedabas pegado a la pantalla, viendo un capítulo tras otro. Quizás mi favorita sea la última (o quizás sea la que más recuerdo) con esos reencuentros en ese universo paralelo/purgatorio/X, donde los personajes recordaban quienes eran gracias a momentos que ya habían vivido en la isla, hasta llegar a ese epic meeting en la iglesia. Grande.

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– Herederos/Motivos Personales/Acusados: Si en los casos anteriores hablábamos de series que ya llevaban años y que, a lo mejor, estaban perdiendo su fuelle, en este, hablamos de lo contrario: de un fictius interruptus en toda regla. Estas series consiguieron algo muy difícil: hacer que una ficción no parezca española por su alta calidad. En las dos primeras era un reparto impresionante encabezado por la GRAN Concha Velasco y en la tercera, por los maravillosos José Coronado y Blanca Portillo. Pero, como aquí lo que importa es la audiencia, acabaron cancelando tres de los mejores productos que ha parido nuestra televisión para traer más series del montón (que es lo que aquí se nos da bien).

Pero bueno, es lo que hay, ¿no? El espectador no puede hacer nada más que despedirse y recordar o revisionar los capítulos ya emitidos, y engancharse a nuevas series que buscan llenar esos huecos dejados por las anteriores… Y es que, como diría Julio Iglesias:

Siempre hay

por quién sufrir

y a quien amar.

Al final

las obras quedan, las gentes se van.

Otros que vienen las continuarán…

La vida sigue igual.

—Jonathan Espino—

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