Tetris mind

Tetris

Antes de comenzar a leer este artículo, por favor, pongan esta canción de fondo para meterse en materia.

El otro día un conocido (bueno, le conocí ese día, pero cuenta, ¿no?) me comentaba una preciosa metáfora entre la mente humana y nuestro gran amigo el Tetris. Da igual que fuesen las dos de la mañana y sostuviese una lata de medio litro de cerveza. Se me quedó tan grabada a fuego en la mente que tuve que investigar al respecto en Internet al día siguiente (por la tarde, claro). No encontré mucho al respecto que hablase sobre la teoría (sí, yo también estoy sorprendido) así que, junto a otras teorías que encontré, decidí escribir este artículo para dejar constancia de la metáfora. Que lo vale.

Hay varias teorías que hablan del porqué del poder adictivo del Tetris. Una de ellas lo relaciona, muy acertadamente, con el denominado Efecto ZeigarnikEste efecto  fue estudiado por la psicóloga Bluma Zeigarnik al observar cómo un camarero era capaz de recordar fácilmente una larga lista de pedidos pendientes, y sin embargo difícilmente recordaba los platos que acaba de servir. Así decidió realizar un estudio para el cual tomó cierto grupo de sujetos que debían efectuar una serie de 18 a 21 tareas sucesivas (enigmas, problemas de aritmética, tareas manuales…). La mitad de esas tareas eran interrumpidas antes de que los individuos pudieran acabarlas. Eran precisamente las tareas interrumpidas y estructuradas las que los sujetos evocaban después con más fuerza. El efecto Zeigarnik describe un fenómeno, pero en realidad no da una razón de por qué ocurre, pero es el que nos mueve a estar tan interesado en juegos de preguntas en las que no nos interesa tanto la respuesta en sí (pues la olvidamos a los pocos segundos) sino el hecho de conocerla en el momento preciso.

A esto se le une otra razón, la dualidad de la caída de bloques. Cada bloque que cae es simultáneamente, cual si del gato de schrödinger se tratase, solución o problema. Puede ocasionar mayor dificultad o puede solucionar varias líneas.

Pero, añadido a esto, está la teoría que se me dijo el otro día: El tetris es en realidad un reflejo de la mente humana y por eso nos sentimos tan atraídos hacía él.

Contrariamente a lo que pudiese parecer a primera vista, el Tetris es un juego en el que no se trata de ganar, sino de no perder. Es un juego en el que resulta imposible vencer y en el que el jugador lo que debe hacer es luchar el mayor tiempo que pueda por no ser derrotado. No se busca un gran número de aciertos, sino un número mínimo de fallos. Y son estos fallos los que se reflejan en la pantalla. Son nuestros errores los que vemos, no los aciertos, pues estos desaparecen y se evaporan en el ambiente.

Lo mismo sucede con nuestra mente. En nuestra cabeza no almacenamos apenas recuerdo de nuestros aciertos, pasan mucho más inadvertidos. Sin embargo, sí que tenemos constancia de nuestros errores. Si cogemos el pomo de la puerta, empujamos y se abre; para nosotros no habrá ocurrido nada ahí. Todo seguirá igual. Hemos abierto la puerta y pasado al lugar al que queríamos ir. Pero, si empujamos la puerta y no se abre porque resulta que hay que tirar de ella, entonces tenemos constancia. Entonces nos damos cuenta de nuestro error. En nuestra mente aparece un rótulo luminosos que dice “Te has equivocado, tonto”.

Así, vivimos nuestro día a día viendo nuestros errores, qué hicimos mal, dónde no acertamos. Porque lo que hacemos bien lo asumimos como normal. Y vivimos el día a día tratando de cometer el mínimo número de errores posible. No tratando de tener gran cantidad de aciertos. Porque los aciertos no cuentan realmente. Porque todo lo que importa son los errores, ya que son ellos los que se mantienen en la pantalla, los que no desaparecen y los que poco a poco te irán haciendo sucumbir en el final de la partida y tu derrota.

— Arturo M. Antolín —

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