Tu muerte nos sienta tan bien

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Es una pena la cantidad de personalidades del cine que se nos están yendo. Que si Mariví Bilbao, que si Toni Leblanc… y la última, Sara Montiel, el pasado lunes. Todos ellos han dado forma a un cine español que, te puede gustar más o menos, pero es algo nuestro y que, para bien o para mal, es inimitable.

Pero, lejos de guardar respeto, la televisión da claras muestras de su decadencia en ocasiones como estas. Especiales, especiales y más especiales en los que se busca encontrar cualquier trapo sucio, por menor que sea, que sea capaz de rellenar más horas de televisión y dar de comer a bocas que antes se han ensuciado tirando por los suelos a personas a las que no les llegan ni a la suela del zapato.

El último caso ha sido el del entierro de Sara Montiel. Los cámaras apostados a la salida del tanatorio, esperando para grabar cada lágrima y cada gesto de dolor de aquellos que se acercan para dar las condolencias a la familia y sus respetos a la actriz. Los programas, en lugar de mostrar imágenes de los éxitos de la actriz, rellenan sus minutos con intervenciones de los reporteros que informan de como Marujita Díaz acaba de llegar rota de dolor porque ha muerto su amiga. Ahora bien, seamos justos: en todo este circo mediático macabro colaboran todos aquellos que, como la televisión, se encuentran en horas bajas y tienen que montar un drama para volver a la palestra y rellenar sus estómagos. Así, podemos encontrar a la entrada del cementerio, un photocall en el que los distintos famosos se van encontrando y posando para las cámaras, porque, aunque por fuera parezca que están rotos de dolor, por dentro, la muerte de la actriz les ha sentado pero que muy bien.

La pena (otra de tantas) es que esto no acaba aquí. Llegarán cuervos, como si de Juego de Tronos se tratase, buscando entre la carroña y sacando a relucir escabrosas historias sobre romances tortuosos y deudas millonarias que hacen que la audiencia se dispare. Y aquí, llegamos al culpable de todo esto. Sí, él no hace nada. Él no se pone detrás de una cámara y graba, ni ordena que se fotografíe la bajada del féretro mientras la familia estalla en lágrimas, pero es, sin lugar a dudas, el culpable de que éstos lo hagan. Hablo del público y su pulsión escópica, el morbo, las ganas de ver cómo sufren los que, hasta hace un momento, reían y vivían una vida inalcanzable para la mayoría de los mortales.

Hoy en día todo es audiencia. TODO. Es buscar el más difícil todavía, algo que cada vez se está poniendo más complicado gracias a una serie de pseudoperiodistas que llevan por bandera la búsqueda de la humillación ajena (aparte de la suya propia). Su único cometido es el de vapulear a los que están por encima, aunque sea con mentiras, con rumores, con… Con lo que sea. ¡Qué importa! La idea está en tirarlos de su pedestal y hacerles humanos para poder quedar por encima. Ese es su propósito y, lo mejor de todo, es que los pagan por ello y millones de personas cada día se sientan delante de sus televisores para verlo. Esa es la televisión que podemos encontrar hoy en día.

Llegará el día en que pase como en la galardonada Blancanieves de Pablo Berger (cuya foto preside mi entrada) y la gente haga cola para sentarse en un sofá y hacerse fotos con el muerto que, días atrás, era toda una celebridad. ¿Por qué no? Total, los restos de Sara Montiel han circulado durante horas por las calles de Madrid mientras la gente la tiraba claveles y cantaba su canciones. ¿Por qué no sentarla en un sofá mientras los periodistas y famosos olvidados se fuman un cigarro esperando su momento?

—Jonathan Espino—

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