Walking me dead

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 La tercera temporada de los zombies se ha terminado para tristeza de unos e indiferencia de otros. El último capítulo alcanzó la nada despreciable cifra de 12,4 millones de espectadores y no me extraña para nada, porque me la he tragado enterita. En mi defensa puedo decir que empecé leyéndome los cómics y que, cuando me enteré que el mismo guionista, Robert Kirkman, iba a participar junto a Frank Darabont al frente del proyecto, se me cayó la baba. Imaginad cual fue mi sorpresa a partir de más o menos el tercer o cuarto capítulo de la primera temporada al ver que estaban haciendo con la serie lo que se les venía en gana y de mala manera.

– Aviso, a partir de aquí, hay spoilers –

Si pasamos por alto la primera, que se eterniza en cosas que el cómic resuelve en tres páginas o que incluye escenas de relleno mal hechas – como la captura de Glenn por unos que al principio parecen muy malos, pero que luego resultan ser almas caritativas que llevan una residencia de ancianos post-apocalíptica-zombie -, en la segunda temporada tenemos siete capítulos centrados solamente en la búsqueda de Sofía, una stupid retarded que decide que quedarse donde le ha dicho Rick es mala idea (con previsible final). Y a eso le añadimos todos esos momentos en los que Lori persigue a su hijo Carl, que nunca está en casa porque quiere ser como su papá, sheriff del condado de Massachusetts.

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Como vemos, un guión muy elaborado y sobre todo, creíble. Y, como sabéis, eso no acaba ahí. Cuando pensábamos que ya la cosa se estaba poniendo seria, deciden meternos dos nuevos rollos amorosos: uno un tanto macabro (véase el Gobernador y Andrea, la cual no se entera nunca de nada) y otro empalagoso y sin sentido (Glenn y Maggie), los cuales primero se lo montaban como perros en cualquier rincón, pero que más tarde se formalizan, Glenn se convierte en un hijo para Hershel y le pide la mano de su hija como el cristiano que ahora es.

A eso hay que añadir el capítulo de relleno en el que Rick se reencuentra con su querido amigo, Morgan, el cual se ha vuelto loco de remate y tiene un campamento anti-zombies; la transformación nada creíble de Carl de “niño que tira piedras a los zombies” a “soy un tipo duro”; lo insulsas que son las apariciones del fantasma de Lori – que, recordemos, abarca un capítulo entero – y las relaciones fraternales de relleno, como la de Merle y Daryl, con un final demasiado típico y que no aporta nada (Daryl ni sabe llorar), igual que el final de esta tercera temporada. No sé vosotros, pero yo no veo el ‘cliffhanger’ por ningún lado.

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En definitiva, se han cargado la idea del cómic, que es básicamente el desarrollo progresivo de unos personajes en un mundo sin esperanza, sin agujeros de guión, relleno y demás sandeces. No soy una férrea defensora de las adaptaciones al pié de la letra, ni me llegó a molestar el hecho de que los personajes fueran diferentes. Pero es que el mismísimo Rick de la serie no tiene nada que hacer frente al Rick del cómic. Y así con todo lo demás.

A pesar de todo, quiero destacar una frase que me gustó del último capítulo, cuando el Goberandor le dice a Milton tras apuñalarle: “I told you before, you kill or you die, or you die and you kill”.

Sonia Baratas Alves

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