love/hate

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La sala Wurlitzer es un cuartucho inanimado que alberga una esencia pérfida de la que intento evadirme sin resultado. Nadie entra allí sin experimentar una zozobra espaciotemporal que muta la percepción y la actitud. Es el sitio que da buena muestra de uno de mis peores defectos: mi permeabilidad en cuanto a la presión de grupo. Mis amigos son mi condena. Ese sitio es una mierda pero acabo allí hasta el día de mi cumpleaños.

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Si las nuevas tecnologías son nuestro infierno, que me abrasen cuanto antes. A veces me siento extremadamente ludita, pero todo se me pasa cuando prueban su utilidad, como con el maravilloso mensaje que una amiga griega me ha hecho llegar vía Facebook.

“my dear friend victor (pronounced BICHOR), i send you all my fucking love for your birthday. i hope you go out partying tonight and that you will be more drunk you die, because drunk BICHOR is really fun. i would send you a crate of fiege if i could, but unfortunately i can only wish that a german truck carrying fiege will lose its way and end up outside your house in madrid tonight. wouldn’t that be awesome?? and remember, life is like karaoke: first you don’t want to sing because you think you’ll suck, but you do it eventually and then brag about it to your friends for the next 10 years (story of my life). HAPPY BIRTHDAY!!!”

Un comentario de texto del mismo en profundidad solo realizado por ella (Polyana) o por mí (Víctor) podría desentrañar cada mínimo detalle, referencia y RECUERDO que se encierra tras esas líneas en idioma puente.

Me da igual haber ido a la Putlitzer, porque me queda Polyana.

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