Ciudad dormitorio

Hoy voy a hacer un homenaje a mi compañero Víctor Martín-Pozuelo y me enfrento a un papel en blanco a unas horas de que se publique y con una premisa: no voy a revisar lo escrito.
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Sé que me prometí (y os prometí) que no contaría más mi vida, pero para que entendáis lo que os voy a decir -consejos básicos y útiles para vuestra vida cotidiana- tenéis que saber que -aunque hago buena parte de mi vida en la capital- vivo a 45 km de allí. Y cuando digo vivo, es duermo. Y nunca antes había sabido lo que era una ciudad dormitorio, hasta que sales de casa una mañana y vuelves a tu cama catorce horas después. Sinceramente, en estos momentos de mi vida, tengo unas ganas locas de matar a quien inventó ese concepto. ¿Edificaciones alrededor de urbes donde está el trabajo, la vida, el ocio? Por suerte, mi pequeña ciudad a la que vuelvo por las noches aún tiene algo: turismo. Pero ni siquiera una sola sala de cine, ni un centro comercial, ¡ni un H&M!

Me hace gracia quien me pregunta como puedo aguantar los viajes en tren para ir a la capital (tened en cuenta que son 50 minutos). Y yo me pregunto como ellos pueden aguantar en un sitio sin ocio, trabajo, y en definitiva, vida. Pero al final, lo bonito es poder sacar cosas positivas. Porque sino, la vida sería una mierda.

Estas son mis conclusiones.

1. He leído más que en toda mi infancia junta. Y os juro que siempre he vivido pegada a un libro.

2. Puedes estudiar siempre que no te pille ningún indecente que no sabe la existencia de los auriculares.

3. He llegado a la conclusión de que las ideas más creativas nacen en el transporte público.

4. Aprendes a dormir en las posturas más incómodas.

5. Vives siempre al límite de perder un autobús o un tren.

6. Ejercitas la capacidad de tu memoria aprendiendo todos los horarios (incluyendo los cambios de los fines de semana).

7. Las mejores conversaciones se tienen en el tren.

8. Tardas el tiempo exacto para escuchar un CD. (Y ahora podéis entender por qué escucho tanta música).

9. Al final tienes muchas casas en diferentes lugares.

10. Siempre tienes un sitio al que volver.

(Y una cama esperando).

— Paloma de la Fuente —

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