Firma Invitada: Nostalgia de las Navidades pasadas

Ante todo pedimos disculpas a nuestros lectores. La tardanza en la publicación de este artículo se debe, principalmente, a un hijo olvidadizo que tenía los papeles con este texto perdidos entre una gran acumulación de papeles que no hacían sino acumularse unos sobre otros. Aseguramos que el artículo fue escrito durante el período vacacional y, por tanto, tiene toda la vigencia válida a pesar que el huevón del hijo de Begoña Delgado haya decidido publicarlo más de dos meses después.

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Arturo pasa la Nochebuena y Navidad con su padre y hermana. Carlota (mi sobrina)(*) con la familia de su marido. Quedábamos cuatro esos días en casa y decíamos cuando Marío (mi sobrino) tenga compañera y vaya a pasar esos días con su familia nos quedaremos los tres “viejitos” solos en Nochebuena y Navidad (nuestros días de reunión familiar son final y comienzo de año y Reyes). Este año Marío fue con su chica y su familia y llegó el momento del “cuando Marío…” y cenamos solas las dos “viejitas”, porque el “viejito” (Pepe, mi cuñado) nos dejó hace cinco años cuando terminaron las Navidades.

Y aunque ninguna de las dos lo nombramos, él estuvo presente en su sitio de la mesa, ese lugar que estuvo vacío 2 o 3 años hasta que lo ocupó Iago (hijo de Carlota) cuando se incorporó a la “mesa de los mayores”.

Esta Nochebuena, hablando como cualquier día a la hora de la comida que siempre hacemos juntas mi hermana y yo, recordé la primera Navidad que pasó Pepe con mi familia, que era ya la suya al haberse casado con mi hermana. Y la siguiente, el año 1974, que ya había nacido Carlota. Y así continuaron las Navidades siguientes creciendo la familia hasta 1991 que fue la primera Navidad de Arturo y la última de mi padre, que murió un mes antes de la Navidad de 1992.

Y seguí recordando hasta que llegue al día de Reyes del 2008 en el que comimos en mi casa como hacíamos y seguimos haciendo. Y en ese momento desee que se pudiese volver atrás y regresar a aquel día, a aquella tarde que los chicos pasaron jugando a las cartas, las chicas nos vimos una película, Iago dedicó a jugar con sus nuevos regalos de Reyes y Darío (el otro hijo de Carlota) durmiendo, pues aún era un bebé de tres meses.

Desee que se pudiera parar el tiempo y que se hubiese parado ahí, esa tarde de Reyes. Y que no hubiera llegado la mañana del 8 de Enero en la que Pepe nos dejó.

Aunque haya contado mi nostalgia por Navidades pasadas, las personas que estaban y ahora no están con nosotros son recordados igual en cualquier época del año. No tienen que ser recordados con más dolor por ser Navidad, no quiere decir que no me gusta la Navidad y, sobre todo, me gusta más desde que mi hijo vuelve a casa en esas fechas y estamos la familia completa. Y ésta (**) ha terminado de la mejor forma posible que pueda imaginar, viendo una película con mi hijo, tomando un sorbete de cava y limón y deseándonos feliz año.

Y me pregunto: ¿Cómo llevará mi hermana su jubilación que le llega a mitad de año? Y yo, ¿Cómo llevaré el trabajo sola sin ella? ¿Y mis sobrinos, mantendrán su trabajo o llegará ese ERE que amenaza a la empresa de uno de ellos? ¿A qué escuela de cine irá mi hijo? ¿A Cuba, a Londres…? O, ¿sus compañeros y amigos de la carrera, hacía dónde encauzarán sus vidas?

Para las próximas Navidades tendremos respuestas a todas estas preguntas.

— Begoña Delgado —

Notas del publicador:
Se han incluido indicaciones sobre la posición dentro del árbol genealógico de cada una de las personas que se mencionan en el texto para que un lector ajeno a la familia Delgado sea capaz de comprenderlo y no se quede todo perdido sin saber quién es quién cual Juego de Tronos.
** Lógicamente con “ésta” se refiere a la Navidad última 2012/2013

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