“Pienso, luego estorbo”

Siempre me sentí un bicho raro: “Historia de la Filosofía” fue  mi asignatura favoritísima (si se me permite tener una) en bachillerato. Así que hoy sábado 16 de Marzo en el que docentes, alumnos, y todo bicho raro que se precie, va a salir a la calle en distintos puntos de la geografía española a leer textos filosóficos y  protestar contra la eliminación de esta materia como obligatoria en 2º de bachillerato; permitidme unirme a este movimiento.

Philosophy is hardSe puede debatir mucho acerca de la llamada Ley Wert. Pero es que el problema en este país no es una ley, ni su anteproyecto, ni el ataque a una asignatura en concreto; es todo lo que hay detrás. Para todos aquellos que aún habiéndola cursado, o tan sólo habiendo tenido un acercamiento próximo a la filosofía con Ética, -o su hermana Ciudadanía– aún no saben qué es, ni tienen un mínimo de interés por los textos de un tal Platón, ni Sócrates -ni todos esos nombres raros de la antigua Grecia- pero tampoco tienen una mayor disposición por Nietzsche, ni por Kant, ni por Schopenhauer ni ningún otro más cercano a nuestro tiempo; voy a simplificar el concepto a lo que recoge la RAE. Filosofía es el “conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano“. Entre otras más cotidianas como la “fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida“. Bien, pues desde aquí ataco a quien odia aquellas asignaturas que dicen no servirles para nada práctico en la vida; e incluyen la filosofía. “¿No se recoge en su propia definición que el conocimiento sobre el mundo y de uno mismo es útil a la vida diaria?“.

Yo desde aquí quiero reivindicar dos hechos: Que la filosofía ha sido desprestigiada desde dentro y desde fuera. Quiero atacar a los profesores que no han sabido defender una asignatura que es una base fundamental para entender la sociedad y forma a ciudadanos con capacidad de decisión y de libre pensamiento, que no han sabido acercar textos de reflexión profunda a los jóvenes; pero también a una sociedad que no tiene capacidad de decisión ni es libre de pensamiento y que ataca una asignatura por aburrida y difícil -si no se enseña de manera correcta-; y que está alienada por los medios masivos donde reciben mensajes que tragan sin crítica y que creen en la filosofía barata de los estados de tuenti y facebook como lecciones de vida.

Wert -quien, permitidme la duda de que haya leído a los más importantes filósofos- no está haciendo un ataque personal a una asignatura ni a sus docentes; está haciendo un ataque -otro más- a una vía que permita a los jóvenes plantearse si la dedocracía que tenemos en este país sirve de algo, de dónde nace, qué alternativas hay. Es un ataque -otro más- a la reflexión, a la no-alienación de la sociedad, del pueblo, de los que están abajo -y que si se mueven con la suficiente fuerza, son capaces de tirar a los de arriba-; en definitiva un ataque más a aquellos que piensan. Porque estorban.

Y como lo que se va a hacer en las plazas en la mañana de hoy es leer textos, comparto aquí las famosas palabras de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo.

“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

Septiembre 1931.

— Paloma de la Fuente —

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