Cuando haces “click” ya no hay stop.

“¡Mira mamá! ¡Me han publicado una foto en la Rolling Stone!”

rc_640_415_BlackDiscoKids_concert

Creo que una de las cosas que más me apasiona es a su vez una de las cosas que más me enfurece. Ya lo decían Los Piratas cuando cantaban “las cosas que más me gustan siempre me hacen llorar“. Pues eso es lo que me pasa con la fotografía digital. No pretendo escribir un manifiesto pro-analógico; no. Y tampoco pretendo llorar que todo lo que ha traído lo digital es malo porque no lo creo así. A veces pienso lo aparatoso que me resultaría salir de un concierto en el que he trabajado las tres primeras canciones sin tener idea si lo que he hecho sirve o no; tener que revelar el carrete para publicar el trabajo con la mayor brevedad posible y me abruma de una manera que no os podéis imaginar. A veces también pienso lo tormentoso que sería que el carrete se estropeara, no estuviera bien enganchado, y doy muchas gracias por trabajar con una tarjeta de memoria.

Lo que quiero poner sobre la mesa para entrar en debate son diversos hechos que he observado en mi corta vida. La fotografía digital está al alcance de todos; y todos se creen en el derecho de disparar. Lo que lo fomenta: el coste cero de hacer click. ¿Sabéis lo que soñé el otro día? Que vendían cámaras Reflex a 30€, y yo lloraba. Os juro que me ponía a llorar en el sueño. No confundáis. No quiero decir que la fotografía tiene que ser un lujo que sólo podemos adquirir unos pocos. Lo que defiendo es que las cámara profesionales o semi, deben estar al alcance de aquellos que quieran entender qué están haciendo cuando hacen “click”. Ojalá una cámara Reflex me costara 30€, siempre que eso no supusiera que cualquier persona que no tiene una mínima idea de obturación, enfocar de manera manual, ajustar los parámetros de la cámara dependiendo de las condiciones de luz; y sobretodo, no tuviera un mínimo de interés de cambiar la ruedecita a otro modo que no fuera “Auto”, pudiera adquirirla solo para tener una fotografía de sus morritos con muchos píxeles. Lo digo por el bien de nuestros ordenadores, que casi sin ser conscientes los llenamos de miles de jpeg (porque doy por hecho que nadie sin un mínimo de conocimiento dispara en RAW, aunque de todo habrá) que vemos una vez después (o ninguna más) de los viajes que hacemos y no recordamos ni qué era ese cuadro, ni esa columna, ni por qué hice una foto a unas nubes. ¡Pero qué más da no me cuesta nada, y mira que bonita queda cuando me llevo mi cámara grande!. Es que el problema es de la sociedad, que quiere siempre tener todo. Y de todo, lo mejor. Y si lo mejor en fotografía son esas camarotas de 500€ que me cuelgo y me siento Dios en la ciudad más exótica del mundo; me compro una de esas. Ya la entenderé algún día.

Hay algo que me inquieta. Podemos hacer fotografías con todo. Con los teléfonos móviles (a veces con calidades sorprendentes), con iPads y tabletas (este hecho es el que más gracia me hace, he de decir), ¡con todo!. Y me parece bien. De verdad. No pretendo ser irónica. Soy una persona muy arraigada a los recuerdos, y sinceramente, poder almacenar en un pequeño dispositivo un momento que es importante, me parece un gran paso. Pero no puede ser importante (me niego a creerlo) lo que comes cada día, el modelito que te pones para salir. Lo que lo fomenta: las redes sociales. No importa guardar recuerdos. Importa mostrar qué estamos haciendo, fardar de ello. Y siempre nos dijeron que una imagen vale más que mil palabras. La generación de Instagram. Esto es así, una verdad universal.

El problema, para mi, no es el hecho de cómo se toma la fotografía a día de hoy. Bueno, un poco sí. A veces me pregunto qué herencia fotográfica vamos a dejar a nuestro hijos, y me espanta. A mi, ver fotografías de mis padres es una pasión que tengo desde pequeña; porque tienen pocos álbumes y son momentos muy significativos. ¿Nosotros qué vamos a enseñar? “Mira hijo, este es el día que fui al bar de siempre, y este…pues a la semana siguiente, que también estaba en el bar de siempre“. A mi lo que me espanta es que desde los medios se desprestigie la fotografía digital profesional. Comenzaba el artículo con una fotografía de un dispositivo móvil. Está tomada en el Palacio de los Deportes de Madrid, durante el concierto de The Black Keys. Fue publicada en la versión digital de la Rolling Stone, junto con la crónica del concierto. Sí, esa revista que publicó como portada la famosa fotografía de Lennon abrazado a Yoko, donde han hecho carrera los más grandes fotógrafos musicales. La fotografía no aporta ninguna información, se ven apenas dos figuras en un escenario entre una masa de flash. (Por cierto, me resulta increíble la cantidad de cámaras que entran en los conciertos cuando en el reverso siempre está prohibido su uso en todos los recintos cerrados. Y todo para disparar con un flash que sólo nos va a alumbrar la coronilla del hombre de delante. Pero da igual, ¡hay que hacer click! ¡no cuesta nada! Aunque después no sepa ni diferenciar quién está en el escenario). Pero ahí está, publicada con el único dato del twitter de quien subió a la red la fotografía. Curioso y de largo debate también el copyright y la facilidad de robar fotografías digitales. Y que en los medios está a la orden del día. Sin piedad.

Os pongo otro ejemplo del mismo medio que me atormentó.

rc_640_498_LAELSOL_concert

¿Inquietante, verdad?. Diréis, bueno, al menos sólo hablamos de la versión digital de una revista. En papel, la fotografía está más cuidada, se respeta más. Os aseguro que he analizado una revista musical de gran prestigio y encontré cosas bastante escalofriantes. Pero no voy a dar más nombres a riesgo de ser condenada, y que a mí ya no me compren ninguna fotografía. Aunque eso ya no se lleva. Total, en twitter pueden conseguir cualquier fotografía de cualquier concierto.

Y después de todo esto, está el mal supremo de todos: el retoque digital. A disposición de toda persona que tenga un ordenador y cualquier programa gratuito, incluso el Paint. Pero prometo que haré un post a parte las próximas semanas para esto.

— Paloma de la Fuente —

Anuncios