La tiranía de los hombres malos

thedarknight

El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque él es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquéllos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos! ¡Y tú sabrás que mi nombre es Yavé, cuando mi venganza caiga sobre ti!

Ayer me vi la segunda parte de The Dark Knight Returns. Se trata de la película de animación del comic que Frank Miller escribió en 1986. Es considerado uno de los mejores comics que existen y, sin mucha duda, el mejor de los que protagoniza Batman. Muestra Gotham City en la que Batman fue obligado al retiro y ahora que ha decidido volver (ya con una edad más que destacable) la ciudad se vuelve en parte contra él..

No soy lector habitual de comics. Me gustan, pero por lo que sea, me cuesta mucho leerlos. Las pocas veces que leo suelen ser comics de temática de superhéroes. Se tratan de un tipo de personaje que me fascina, más desde el punto filosófico y psicológico que argumental. Creo que, sin mucha duda, mis superhéroes favoritos son Batman (DC), Green Arrow (DC) y Daredevil (Marvel). Cada uno tiene una cuestión distinta. Si bien, prefiero a los dos de DC por varias ideas alrededor del papel del justiciero que a continuación desarrollaré, siempre tuve de niño gran pasión hacía Daredevil. Le conocí gracias a Spiderman y me cautivó al momento, mucho más de lo que me cautivaba el alter-ego de Peter Parker. Y es que Daredevil era capaz de incluir de una forma totalmente filosófica y única la FE como materia a tratar en todas sus tramas. Me parecía impresionante. De hecho, Born Again (una vez más de Frank Miller) es uno de los mejores comics que he leído.

Sin embargo, The Dark Knight Returns no lo he leído. Pero, por lo que se, la película es exactamente el comic, por lo cuál afirmar que lo que he visto ahí, está en el comic es algo bastante fiable. Fue viéndolo cuando me di cuenta de que lo que más me gustaba de la versión de Batman de Christopher Nolan es, a la vez, lo que menos me gusta. Nolan consiguió crear un Batman más humano, más “real”, más creíble. Le quitó parte de la espectacularidad y la puesta en escena que mantiene en sus comics. Ese punto místico que Bruce Wayne ha creado en los comics alrededor de su justiciero para poder infundir terror en Gotham City desapareció por completo cuando Christian Bale se puso el traje de Batman. Es algo que por gustos puede ser acertado o no. La cuestión es que en esta limpieza de cara que Nolan hizo para llevar de nuevo a Batman a la pantalla, le limpio más de lo que debía.

Cualquiera que vea la nueva trilogía se dará cuenta de lo que es Batman. Sí, The Dark Knight, el justiciero que nos protege en la sombra. La justicia. El hombre que se sacrifica por el bien de la ciudad. Es TODO un héroe.

Pero, el Batman de los comics tenía un punto que nunca apareció en las películas. El punto más interesante del personaje. Batman, en los comics, es justiciero, sí, pero también es un tirano. El fascismo está muy inmerso en la forma de actuar y pensar que tiene El Caballero Oscuro.

Con la imagen del clásico tirano a caballo, Batman se dispone a salvar Gotham

Con la imagen del clásico tirano a caballo, Batman se dispone a salvar Gotham

Uno de los momentos curiosos de The Dark Knight Returns es cuando, en un punto de la película, ha habido un pulso electromagnético y la ciudad está hecha un caos. Revueltas por todos lados, Batman impondrá una especie de ley marcial para mantener controlada la ciudad. Las cosas se hacen a SU manera. En esta escena podemos ver a Batman montado a caballo, cual Coriolano o Julio César en las calles de Roma; haciendo un discurso delante de sus “tropas”.

Curiosamente, el propio gobierno Estadounidense impone también una Ley Marcial en todo el país, pero no tiene ningún efecto. Sólo funciona en Gotham, donde prevalece Batman. La tiranía ha funcionado mejor que la ley de los líderes elegidos democráticamente.

Creo que lo mejor de esta historia (reitero que he visto la adaptación en película, pero asumo que también está en la versión original del comic del ’86) es que el verdadero “malo” al que tiene que enfrentarse Batman al final no es el Joker, sino Superman. Un Superman que se encuentra supeditado a las indicaciones gubernamentales.

John Locke decía en el siglo XVII que un elemento importante de las condiciones definitorias de la sociedad civil es que todos nostros renunciemos al derecho a la venganza personal y lo deleguemos en un gobierno de formación legítima, que se ocupe de evaluar y dictar sentencia con objetividad. Es decir, que nos sentimos más seguros si la persecución y el castigo de delincuentes está en manos del estado.

Batman y su actitud paramilitar se encuentra ya de por sí fuera de la ley. Sino la marcada en las leyes, la marcada implícitamente en la sociedad. Él tiene total constancia de ello. En un momento, a Superman le dice <<We all are criminals, Clark. We always have been. You’re still one. Only difference is you have a boss.>> (Todos somos criminales, Clark. Siempre lo hemos sido. Tú lo sigues siendo. La diferencia es que ahora tienes un jefe).

Superman, no habiendo envejecido ni un día, forma parte de la maquinaria estatal.

Superman, no habiendo envejecido ni un día, forma parte de la maquinaria estatal.

Hay un artículo muy interesante de Aeon J. Skoble (que se puede encontrar dentro del libro Los superhéroes y la filosofía lectura recomendada a todos los que le gusten ambos conceptos). En este artículo Skoble habla sobre la reinvención del justiciero que se hizo con Watchmen The Dark Knight Returns. En dicho artículo remarca cómo en ambas historias se trataba la misma idea: ¿Quién vigila al vigilante?. Esta idea no es nueva, viene de mucho tiempo atrás.

En El Regreso del Caballero Oscuro Superman se ha unido al estado gubernamental con la idea de hacer un bien mayor. Y, además, porque se siente un outsider. Al fin y al cabo él no es de este mundo. De hecho, en la misma película llega un momento en el que, cuando Bruce Wayne le recrimina que se ha unido al gobierno, Superman le responde: Es su mundo.

Batman siempre contra las imposiciones gubernamentales y se cree en sí mismo este vigilante. El que guarda que los vigilantes hagan bien su trabajo. Mientras así suceda no pasa nada.

El problema real es qué ocurre cuando los vigilantes no actúan según los preceptos de Batman. Entonces, impone lo que él cree que debe ser el funcionamiento de las cosas. Alguien al margen de la ley, sin ningún tipo de legitimidad democrática se impone al mecanismo estatal para dictaminar el devenir de la situación. Aunque sea de manera momentánea. Aunque sea mediante una Ley Marcial cuya única finalidad es que la situación no empeore. Esa imposición tiene un punto de golpe de estado.

El viejo y manco Oliver Queen.

El viejo y manco Oliver Queen.

En esta historia tiene también una aparición anecdótica Oliver Queen a.k.a Green Arrow. Se le supone asesinado por Superman, pero ha permanecido todos esos años oculto. Y, de hecho, quiere ayudar a Batman a acabar con “el niño” como él llama al Boy Scout Americano. En Green Arrow tenemos la otra idea de justiciero por encima de la ley. Este personaje es e una mezcla entre Robin Hood Abbie HoffmanGreen Arrow es también un vigilante por encima de la ley que como Batman actúa cuando los vigilantes no realizan su cometido. La cuestión, es que, en cierto sentido Green Arrow es el extremo opuesto a Batman. Es el anarquismo puro. Y lucha contra el Estado, pero nunca buscará imponerse a él, como sí podría pensar en alguna ocasión Batman.

Nos gustan porque sabemos que buscan el bien de la gente. Porque se han sacrificado. Porque aprovechan su fortuna para ayudar a otros. Porque tienen unos ideales férreos que mantienen siempre. Porque se enfrentan a lo necesario. Porque luchan contra la desigualdad. Porque están fuera de la ley y se encuentran en contra del Estado. Pero, la realidad es que apoyamos a un anarca y a un fascista. 

Os parecerá bonito.

— Arturo M. Antolín —

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