ESR (Educación Secundaria Remunerada)

Conocí a Miguel Ángel Ramos un 7 de mayo de 1997, ni siquiera recuerdo si hacía frío o calor, lo único que recuerdo es que a partir de ese día se acabó mi vida de hija única y comenzó una convivencia, a veces más ardua y a veces más distendida, con este peculiar individuo. Podría contaros estos últimos (casi) 16 años a través de muchas anécdotas y algún que otro drama, pero no creo que sea interesante para nadie, ni siquiera para nosotros dos. De modo que lo presentaré como estudiante de 4º de ESO que mira a su alrededor y no ve más que un páramo de incertidumbre y desidia ajena. Pero le sobran ganas para seguir y para quejarse abiertamente de algunas cosas. Sin más preámbulos, aquí tenéis las líneas que ha escrito sin despeinarse.

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Noviembre de 2012. La Junta de Extremadura, de un tiempo a esta parte llamada Gobierno de Extremadura, pone en marcha un programa con el que los estudiantes de entre 18 y 25 años podrán obtener el título de secundaria en 10 meses, recibiendo, a cambio, 1000 € de remuneración en caso de obtenerlo. Si abandonaran el barco y sólo cursaran algunos meses, obtendrían 500 € únicamente por la voluntad de haberlo intentado.

La iniciativa cautivó por completo a jóvenes que, en situación de desempleo o no, se decidieron a probar suerte muy valientemente, no tengo muy claro aún si por el aporte intelectual o por el económico. En cualquier caso, la puesta en marcha de este plan, que pretende rebajar la alta tasa de fracaso escolar que sufre Extremadura, se da de bruces contra las incongruencias políticas y los intereses creados. Lo criticable esta vez no es el programa en sí, es el carácter remunerado del mismo. Ya existe el plan de estudios que permite a quienes no lo tienen obtener el título de secundaria, pero ahora se premia económicamente a quienes no lo han hecho en su día, porque “pobrecillos, con lo difícil que es sacarse la ESO”. Esto podría dar lugar a muchos debates, entre ellos el de si está Extremadura o no en las mejores condiciones económicas para ofertar este tipo de programas.

Curiosamente, el perfil de los alumnos matriculados coincide con los mismos alumnos que repitieron cada uno de los cursos de secundaria y que, durante los cuatro años de enseñanza obligatoria, se dedicaban a interrumpir constantemente las clases con una actitud que desesperaba al profesor e impedía que las clases avanzasen. En el mejor de los casos y, si el alumno en cuestión tenía un poco de conciencia o de vergüenza, se quedaba en su sitio sin abrir un cuaderno ni sacar un estuche siquiera, pero esta vez sin molestar. Este tipo de alumnos puebla ahora las aulas de nuevo, motivados en principio por un deseo nunca antes visto de nutrir nuevamente su intelecto. Ellos mismos argumentan que “todo esto está muy bien, porque nos dejan salir a fumar en los descansos, y además nos dijeron el primer día que íbamos a poder superar el curso sin problema porque el nivel no era muy alto, y que, en caso de que necesitásemos ayuda, nos la prestarían”.

Recibir esta noticia, a escasos meses de terminar la ESO, me hizo replantearme algunas cosas como, por ejemplo, que aquí lo que se premia es la pereza. Lo digo porque esos estudiantes de entre 18 y 25 años que abandonaron el aula por no poner empeño para sacarse siquiera el primer curso con este programa llevan resueltos estos últimos cuatro años de mi vida. En mi caso, no he hecho otra cosa que pensar que tengo que superar mis cursos con esfuerzos y con miras a un futuro mejor, no porque me paguen ni nada por el estilo. Entre otras cosas porque no creo que los estudiantes debamos tener más compensación económica por estudiar que las becas que ofrece el Estado. Especialmente, cuando estamos hablando de Educación Secundaria Obligatoria.

Creo que no hace falta analizar mucho el tema para darse cuenta de que es una completa barbaridad. En especial cuando esta situación se enmarca en un contexto de brutales recortes impuestos a los centros educativos desde los gobiernos centrales y autonómicos. El que se invierta en intentar educar a un grupo de personas (del cual como mucho un 5% lo hará por un futuro mejor y no por gastarse los 1000€ en la primera tontería que ellos piensan que es necesario) existiendo ya el programa de el Graduado para mayores, no deja de ser una incongruencia en todo este panorama en que vivimos.

En definitiva, la inmensa mayoría de los alumnos que se benefician de este nuevo programa, todos ellos en edad de trabajar, estudiar ciclos formativos o carreras y que debido a su fracaso escolar durante su etapa de estudiante no lo ha hecho, es probable que no sea consciente de que esos 1000€ de compensación económica no les llevarán a mucho más, ya que actualmente con un Graduado Escolar nadie tiene asegurado un puesto de trabajo. En el mejor de los casos, cuando sea consciente de la absurdidad de todo este asunto, alguno de ellos podrá arrepentirse. O, como estamos cada vez más avanzando hacia una sociedad que opta antes por la desidia que por la motivación, quizás ninguno de ellos tome jamás conciencia de todo esto.

Entretanto, a mí me da por pensar que cada día que pasa en este país estamos retrocediendo a pasos de gigante. Desde mi perspectiva de estudiante tampoco creo que haya mucha más salida que la queja pública ante esta pérdida de derechos a la que nos enfrentamos, ya que nos hacen plantearnos si todos tenemos los mismos y si no es cierto que nos precipitamos a un abismo de fracaso escolar e intelectual. Esta no es sólo una crisis económica, es algo peor, es una profunda crisis de valores, de la que la mayoría parece no ser consciente. Yo aposté por recibir educación a cambio de mi propio esfuerzo y dedicación, y jamás me planteé que mereciera ser pagado por ello. El que quienes previamente no han estado dispuestos a tener su título por mera pereza sean ahora remunerados por ello y se congratulen de su suerte no es más que otra señal de esta profunda crisis de valores.

De todos los caminos posibles, este no es el correcto.

— Miguel Ángel Ramos —

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