El espíritu Álex Ubago

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Sucedió una noche. Exactamente, una noche de 14 de Febrero, salimos varios amigos a cenar. Al indicar la fecha pensaréis que todos éramos parejas entre nosotros y estábamos de cena romántica, pero nada más alejado de la realidad. Ahora os explico lo del dato de la fecha.

Estábamos cenando cuando uno de mis amigos miró el móvil y dijo: “voy a leeros un tweet, tenéis que adivinar de quién es”. Antes de que pronunciase una palabra, otra amiga y yo dijimos, acertadamente, el nombre del autor del tweet. El tweet en concreto decía algo así como “Y hasta aquí mi 14 de Febrero”. A partir de esto, se abrió un debate sobre el espíritu twittero de la persona que publicó esa frase, y otro amigo sentenció: “Yo lo sigo, no sé por qué motivo, y lo cierto es que es como seguir a Álex Ubago”.

Me reí cosa bárbara, entre otras cosas porque lo consideré completamente cierto, y me dio por pensar en el espíritu Álex Ubago que posee a algunos seres humanos. Desde su irrpución en 2001 con ¿Qué pides tú?, (lo bonito aquí sería decir “no ha parado de cosechar éxitos”, pero NO) Álex Ubago se instaló en nuestras emisoras de radio (vamos, en las nuestras probablemente no, pero es que lo teníamos hasta en la sopa). En la peluquería, en el coche, mientras limpiabas la habitación, ahí estaba Álex Ubago para recordarnos que la vida no sólo puede ser una gran mierda, sino que a menudo esta naturaleza podrida viene de la mano del desamor y de la melancolía. Por supuesto, Álex Ubago no fue el único, se encuentra dentro de una saga de grandes genios musicales como Amaia Montero, Nena Daconte, Fran Perea y gente del estilo.

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Yo en principio me negaba a creerlo así, pero me di de bruces con la realidad, y lo cierto es que sí, que hay afectados por el legado musical de estos genios. Las redes sociales lo demuestran. Por algún extraño motivo, los afectados por esta patología (a la que denominaremos a partir de ahora “El síndrome de Ubago”) demuestran en sus redes sociales la pesadumbre que le provoca la vida misma, aludiendo en la mayoría de los casos al desamor o a la ausencia de la persona amada. Además sin despeinarse. Los colegas hacen gala de un pastelosismo insano que a mí me daría vergüenza manifestar, y lo hacen con toda su santa cara.

Esta patología va más allá de esos tweets y publicaciones melancólicas en el muro de Facebook (todos los afectados por esta patología conservan aún su cuenta en Tuenti, lo cual dice mucho de ellos). Cuando hablas con ellos personalmente, suelen aludir a lo mal que están por motivos diversos. Lo mismo se están quejando de que tienen mucha sed que de que el Ministerio de Educación no les ha concedido la beca prometida y (DRAMA) a ver cómo salen de esa (este caso en concreto daría para una tesina sobre el fraude fiscal de los autónomos y otros males de esta sociedad).

Curiosamente, las personas a las que conozco que se ven afectadas por este síndrome sufren una hipocondría severa, que también manifiestan a la primera de cambio. Me los imagino soñando que están sentados en la sala de espera del médico por un catarro simple (el argumento siempre es “a los catarros no hay que perderlos de vista, que si vuelven mal curados pueden ser mucho peor”) escuchando Rosas de La Oreja de Van Gogh, esperando que la persona amada aparezca por la sala de espera y los acompañe en ese duro trance de sentarte ante un médico que te recetará Fliumucil. Como os cuento, este tipo de personas aprovecharía el propio entierro de un familiar tuyo para expresarte por un lado su dolor para contigo, y por otro su dolor para con el mundo cruel en el que viven.

MIRADA  HOMBRE

Los problemas de este colectivo se resuelven milagrosamente con la llegada de la persona amada, y aquí pueden darse varios casos. Seré breve. Están quienes siempre tienen en la caja fuerte de su memoria a la misma persona (novio-novia fijo) y quienes no tienen persona fija a quien amar, porque hoy es uno y mañana es otro, pero siempre es el mismo dolor, la misma intensidad y la misma honda tristeza que los sobreviene cada vez que la otra persona les demuestra que, lógicamente, no son el centro de su universo. Como os contaba, sea quien sea la persona y sea cual sea el tiempo de exposición al que han estado sometidos entre ellos, su simple presencia o interactuación positiva con ellos les hace olvidar todas sus penas. Por supuesto, la marcha de la persona amada (evitar confusiones, SIEMPRE es persona amada, y SIEMPRE los aborda una intensidad capaz de enterrar en polvo una ciudad entera) les lleva de nuevo a nuestro querido síndrome aquí expuesto. Entonces llegan las ganas de no vivir y de no querer estar en otro sitio que no sea al lado de esa persona, sorbiéndole el espacio vital y las coordenadas espacio-temporales.

La última particularidad que se me ocurre apuntar es una tendencia muy acusada en todos ellos, y es que ELLOS saben más de amor que cualquiera, y su manera de amar es la única válida. Aunque intentes hacerles ver que por mucho que quieras a alguien la otra persona necesita su espacio y su vida interior propia ellos se niegan a asumir esa atrocidad de hippies. NO. La otra persona tiene que vivir por y para ellos, y lo contrario es una aberración que no puede tolerarse de ningún modo. Fagocitar la vida del otro y dejarlo sin vida propia es la única manera de demostrar cuánto amor les corre por las venas. Lo sabe Conchita.

abrazo+de+amor

Como colectivo son curiosísimos (individualmente no dejan de serlo), pero es que ya si se juntan todos en tu Timeline en la misma noche eres tú quien quiere asesinarlos, primero a ellos y después a Álex Ubago&Co. Mantened la distancia de seguridad con ellos, por si las moscas.

Estefanía Ramos

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