La firma vaga: Razones para leer Duckspeaking

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Me habría tocado escribir este martes, pero motivos ajenos a mí (ERASMUS) me lo impideron. Por eso mismo y para redimirme haré un breve repaso a por qué hay que LEER Duckspeaking.

Este proyecto nació de la mano Arturo que influido por los designios de ese grandísimo magazine digital —que me obliga a dejarme los ojos frente a la pantalla del ordenador— Jot Down. Teniendo como ejemplo un buen producto cultural —que ya es mucho decir— y con un grupo formado por cuatro comunicadores audiovisuales pertinaces y un periodista de raza —ese soy yo— este proyecto empezó con un speech, vía Facebook, del fundador:

La idea sigue siendo la mismo, artículos un poco elaborados. Uno semanal por persona. Temática amplia: cine, tv, literatura, música, fotografía, etc. Todo lo que esté relacionado con arte de alguna forma puede entrar.

En este hilo vamos hablando y organizándolo. Si pillamos pronto a la cuarta persona, podemos incluso ponernos y empezar la semana que viene. Vamos viéndolo.

Cada uno de su padre y de su madre —yo soy más de mi madre por ejemplo—, cada uno gustos diferentes, vivencias y objetivos, comenzamos. La primera semana el blog hizo su botadura inaugural con un artículo de Arturo sobre la capacidad cognitiva del espectador, Estefanía sobre libros y una locura un poco inherente en ella y Víctor (el otro) sobre un colega que dio bastante por culo a mediados del siglo XX, hasta tuvimos nuestra primera firma invitada que habló sobre Die Antwoord. Servidor, le hizo una currada efemérides a Labordeta —que conste que me leí un libro para poder hacerlo y me empapé durante el proceso de creación de música y poemas del aragonés por excelencia—.

Más tarde se unió Jonathan, que nos cautivó con un artículo sobre los musicales, pero de él destaco uno de los artículos que más me han gustado de este blog: es una historia, al más puro estilo de Cormac McCarthy (en dos partes I y II). Espero que éste no sea un spoiler y que conste en acta que a McCarthy es uno de los escritores a los que más venero de la literatura norteamericana y que no ahorro en elogios en cuanto a literatura. Agrego que a Jonathan no lo conozco en persona y que no le debo nada, pero es que su historia vale la pena.

Continúo con Estefanía —Est para los amigos—, que es la que me introdujo en este proyecto y a la única a la que conozco en persona. De ella destaco su locura, su amor enfermizo por Joaquín Reyes y la Muchachada y su odio acérrimo por la política que liberará España de la crisis, reunificará los reinos en uno solo y dará tobitas con su polla a todo Amaiur, Sortu y Batasuna juntas le sirvió para plasmar un ARTÍCULO (mayúsculas) soberbio y no falto de valentía en estos tiempos del columnismo gaucho descafeinado (la izquierda es la izquierda, COÑO, su sitio es la calle y no Ferraz). De ella podría decir muchas más bondades, pero prefiero linkearos otro artículo suyo (ESPLÉNDIDO).

El siguiente en la lista es Víctor, el otro Víctor. A él, ni siquiera lo conozco —pero como en Facebook le doy a todo lo que publica con un ‘Me gusta’, sé que nuestra amistad será imperecedera—. Pero puedo decir que es un tío sesudo con mucho talento, si no miradlo vosotros mismos con su descripción ferpecta del romanticismo. También creo vislumbrar que le gusta el Heavy Metal, lo cual dice bastante a su favor —Zeus, un colega, es heavy y es la p****—. De dónde me saco esto, pues que hay poca gente que pueda citar a Manowar sin atribuirle este adjetivo. Además, con el comparto el hecho de habernos ido los dos de Erasmus, lo cual es una experiencia que une y envejece (mi fallo renal está previsto para dentro de 1, 2…).

Evidentemente, de Arturo no he dicho todavía mucho, pero el maestro fundador es un tío de mundo, al que preveo una carrera de cineasta —lo cual es ya mucho decir si no tienes a Gallardón en el elenco—. Para empezar, ahora mismo se encuentra en la Berlinale, vamos, el enviado especial que diríamos y según tuits —fuente de información del periodismo de calidad, objetivo y al más puro estilo Somoano [me la agarras con la mano]— y me parece que tiene encandilada a una de mi clase. En cuanto a sus artículos, si dijera que sólo habla de cine, mentiría muy poco, pero en este artículo no habla precisamente de cine. También he de decir que en artículos con este título: «Mublecore, dogma 95 y otras chicas del montón» me dejan picueto.

Y llego al apartado de Firmas Invitadas. En este apartado voy a barrer para casa, mucho, muchísimo y lo voy a dedicar por entero (casi) a mis dos Firmas, que aparte son dos chicas de futuro brillante. Por un lado Sara, que nos escribió un artículo sobre redes sociales SOBERBIO. Agrego que sabe hacer unos purés, unos macarrones a la americana y una tarta de queso PISTONUDA, pero lo siento la mocita ya está pillada. Por otro lado nos encontramos con Laura, camarada mía de penurias en EL MUNDO. De ella sé menos sobre sus artes culinarias, pero como cocine igual que escribe, prepárate Epic Meal Time.

A lo que iba, su artículo sobre Ernst Lubitsch se merece otro adjetivo en MAYÚSCULAS. El resto de nuestras Firmas Invitadas han sido de la talla de César Dézfuli Rello (fotógrafo, estilista, viajero y un etcétera inacabable de virtudes)  e incluso la madre de Arturo. Y hay que destacar la mejor firma invitada, la del hombre que no sabía cortar queso, el Robert Downey Jr. de la URJC: JOSÉ CABEZA. De este grandísimo profesor, guionista y gurú de n’importe quelle generación de Comunicación Audiovisual en la URJC destaco su artículo sobre CASABLANCA. Mi París de la URJC es José Cabeza.

Termino hablando de mí. Yo soy un Pobrecito hablador (mis respetos para Larra), proyecto de periodista económico, apasionado de la Historia y Erasmus. Para definirme, me procedo a usar la descripción que uso en este blog:

«Matadme antes de cortarme las patillas», dice. No muy listo, no muy tonto, chico LOGSE y poquillo más. Toma cinco piezas de frutas y verduras al día.

Espero haber dado razones suficientes como para que léais y COMPARTÁIS este blog, que de momento sólo cobramos con vuestro agradecimiento. Y recordad, si queréis colaborar, colabora, que nosotros pagamos al más puro estilo Revista Jetas.

—Víctor Manuel Rodríguez-Izquierdo—

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