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Hoy cumplo 22 años, y por ello, he querido hacer algo un poco especial. Con motivo del estreno de la adaptación a la gran pantalla de uno de mis libros favoritos, Las ventajas de ser un marginado, he seguido su estructura y he escrito una carta.

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Querido amigo:

Hoy es mi cumpleaños y me ha entrado la melancolía. Sé que debería escribirte sobre lo bien que me va en las prácticas o lo mal que llevo el trabajo de fin de grado, pero me he puesto nostálgico y me he puesto a recordar. Y es que, pensando, me he dado cuenta que si soy como soy, es en una pequeña parte por mí, pero en una mucho mayor por ti, porque has estado ahí durante estos veintidós años.

Muchas veces te has sorprendido de mi locura por el cine y la televisión pero no ha sido nada espontáneo. La culpa ha sido tuya y sólo tuya. Tuya por ponerme tantas veces como te pedía esa cinta de Xuxa con la que, ilari larilé mediante, me pasaba horas y horas bailando cuando apenas daba dos pasos; tuya por estar conmigo cada mañana, a mi lado, mientras, embobado, veía un capítulo tras otro de los Mosqueperros o Chicho Terremoto; tuya, porque cuando crecí no te fuiste de mi lado y estuviste conmigo cada mediodía viendo Al salir de clase; tuya porque supiste ver que este amor pedía más y me llevaste a ver Titanic, la que ahora recuerdo como mi primera película para mayores; y tuya, porque juntos rayamos las cintas de Los Goonies, Los Gremlins o La máscara ya que, aunque hubiera mil películas, sabíamos reconocer las mejores.

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Dicen que la familia, y más concretamente los padres, influyen en los niños desde pequeñitos. Desde luego no puedo estar más de acuerdo y por eso, querido amigo, te quiero agradecer que por tu persona ahora pueda amar la música, sin importar el género o quién la cante, porque tu me enseñaste que la música es un arte que está muy por encima de condiciones. Tú me diste la valentía para reconocer con orgullo que me guste desde Miguel Bosé hasta Los Chichos, pasando por los mejores, Queen, porque la música es un arte que no entiende de razas o “maricones”: la música se siente dentro, y eso me lo has enseñado sólo y únicamente tú.

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Y, querido amigo, cuántas veces te habré oído decir “qué gracioso eres” o “es que tú sabes escuchar”… Gracias, pero no te das cuenta que si no te tuviera a mi lado no tendría a quien hacer reír o a quien escuchar. Más que alabarme tú, debería alabarte yo por cada momento que hemos pasado en el coche hasta altas horas de la madrugada, hablando de todo y de nada; debería alabarte porque, quizás no te lo haya dicho nunca, pero si en aquel momento no me hubieras escuchado y hablado como lo hiciste, ahora no sería quien soy; debería alabarte porque, incluso teniendo que hacer trabajos mortales de horas y horas, supimos llenar todo ese tiempo de monólogos, risas y diversión; y debería alabarte, qué coño, porque aunque nuestros caminos se junten y se separen a lo largo de los años, estoy seguro de que seremos capaces de mantener esto tan bonito que ahora tenemos y que sé que cuando seamos viejos recordaremos.

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Perdona por el rollo que hoy te estoy soltando pero, ya ves, me hago mayor y empiezo a mirar estos años con algo de tristeza porque, por un lado, no volverán y, por otro, no sé si repetiremos tantos y tantos momentos que vivimos.

Sin embargo, permíteme que aclare algo en este último párrafo de la carta pues haber saludado con “querido amigo” y haberte tratado de tú en todo momento no ha sido del todo correcto, sino que debería haber utilizado el plural; pues ese tú tiene detrás a muchas personas que, algunas siguen a mi lado, y otras desgraciadamente no, pero como decía en el comienzo, han hecho de mi quien soy hoy, y no puedo sino daros las gracias porque no me hayáis cortado las alas en ningún momento y me hayáis apoyado en todo lo que haya querido, haya estudiado o haya hecho. Por eso, queridos amigos, esta entrada va por vosotros, porque vosotros, y sólo vosotros, me habéis hecho sentir, ya sea en un simple bar tomando un vermú, en un piso de Fuenlabrada o en el mítico salón de los abuelos, tantas y tantas veces INFINITO.

—Jonathan Espino—

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