Mublecore, dogma 95 y otras chicas del montón

MPDG

Hoy veía fundamental hablar de #littlesecretfilm. Por una parte porque me toca bastante de cerca (conozco a varios de los realizadores) y, también, porque creo que las informaciones al respecto se están moviendo en puntos demasiado extremos. Tenemos aquellos que lo ven como una total estupidez, chorrada, etc. y, por el otro lado, tenemos aquellos que les ha encantado la idea y lo apoyan a muerte (muchos conocidos de los participantes, es cierto, pero otros tantos no).

Para quien no sepa qué es #littlesecretfilm les linkeo el artículo que salió el lunes al respecto en El País y en el que se explica por encima su base. Lo expone de mejor forma de lo que haría yo y así también me ahorro el tener que ponerme a explicarlo, pudiendo pasar directamente a cortar tajada el respecto.

Creo que varios aspectos de #littlesecretfilm no se han comprendido bien (o quizá soy yo el que no les ha comprendido bien, que también podría ser). El primero de todo su base. Artículos como los de El País arriba (también han hablado en Filmin, Fotogramas, etc.) lo compara con Dogma 95. Me parece un gran error y no comprendo muy bien por qué. Imagino que se debe a que es la corriente cinematográfica más actual que existe que haya tenido una gran repercusión y que, por ello, es conocida por gran parte de la gente que sabe un poco sobre cine. Sin embargo, desde mi humilde opinión es una comparación muy errónea y que crea problemas para comprender gran parte de la base de #littlesecretfilm. Si con algo habría que compararlo, me da la impresión, sería con el Mumblecore americano.

Cualquiera que me conozca, por poco que sea, sabe que una de mis pasiones es el cine independiente americano. No sé el porqué, pero tiene algo que me llama increíblemente la atención. En los últimos 10 años, en ese cine ha nacido una corriente que me fascina que es el denominada Mumblecore. De ahí han salido lo que a mi entender son grandes películas como Hannah Takes the StairsIn Search of a Midnight KissHumpday o las escritas y dirigidas por mi amado (como Jonathan Espino os podrá confirmar) Baghead y The Puffy Chair. Uno de los puntos que más me gustan al respecto, por raro que pueda sonar, es que de esta corriente sale o bien unas películas de increíble mierda, o obras totalmente imaginativas e increíbles. Personalmente, veo gran similitud entre esta corriente y la creada por Pablo Maqueda y Haizea G. Viana. Y creo, que independientemente, de la relación que pueda tener con ciertos partícipes de ella; fue uno de los motivos que hizo que la propuesta me llamase la atención.

Opino que al “movimiento” en sí no le han ayudado ciertas ideas que se vierten sobre él. He leído críticas que dicen que no se puede alabar ni intentar predicar el cine sin guión, dejado en manos de actores, puesto en Internet por qué sí, el no cobrar por hacer cine, bla, bla, bla. Esto, unido a la idea de compararlo con otro movimientos como Dogma creo que en cierta medida han desvirtuado un poco un mensaje que los propios miembros manifiestan ya en su ideario:

#9 – #littlesecretfilm no pretende erigirse como un movimiento, marca o escuela sino como un modelo no comercial de producción cinematográfica basado en las limitaciones, el riesgo, la improvisación y el azar frente a los largos y frustrantes procesos de escritura, preproducción, financiación, rodaje y posproducción de un largometraje cinematográfico. Una defensa de internet como ventana de distribución. Un acto de amor al cine de un pequeño equipo de profesionales por contar historias, experimentar, disfrutar de hacer cine.

Creo que hay gente que no ha terminado de darse cuenta de que #littlesecretfilm no se trata más que de un juego. Un juego reivindicativo de Internet como ventana de distribución, algo que me parece más que correcto; pero, un juego en sí mismo. Nadie, opino, espera que la gente se dedique a hacer películas en 24 horas de rodaje con equipo de 10 personas sin guión, previo, etc. como forma de vida. Es un entretenimiento puro, una forma de tratar de liberar, de jugar a ver qué sale.

Se han dicho cosas sobre que si trata de cambiar el “sistema”, se le ha criticado que avoga por la libre creación sin tener en cuenta los guiones. Me parece que este tipo de ideas son un poco estúpidas y que quienes las han dicho no han querido (o no han podido) ver de lo que realmente se trataba esto. Como guionista (o futuro guionista, espero) me parece una idea muy interesante, la idea de la improvisación, el tener que responder al momento a lo que ocurre, el ver cómo se mueve la historia por si misma. Hasta cierto punto no se aleja tanto de “vomitar” una historia. Escribir y escribir sin pensar. Cualquiera que escriba algo sabe a qué me refiero. Para mí, esto no deja de ser esa “vomitona”, pero manifestada directamente en imágenes. Y sí, de ahí puede salir mierda pura (y no he visto aún todas las películas, pero estoy seguro que de eso hay), pero también pueden salir productos increíblemente interesantes (Maniac Pixie Dream Girls y Nova son una muestra de ello). ¡Y esa es parte de su grandeza! ¡Que mierda y oro se junte en el mismo balde y tengas que ir manchándote y navegando para separarlo! Porque mucho Oro se aprecia más aún de esta manera.

Maqueda ya lo ha dicho en alguna de las entrevistas: “Hay que dejar claro que #littlesecretfilm no aboga en ningún momento por la cultura libre o el ‘todo gratis’. Todos los participantes tenemos otros proyectos en la industria tradicional o en internet que sí intentamos monetizar. Esto es un ejercicio de innovación en la distribución que no busca rentabilidad económica sino en el número de personas que acceden a tu obra y que permite experimentar con una producción de largometrajes no basada en pre-ventas, patrocinios, apoyos o subvenciones”.

¡Es un juego! El más interesante y divertido que puede haber para un cineasta: Crear una película sin pretensiones. No tener que mirar cada pequeño detalle, no tener que estar pendiente de cada palabra o cada elemento que te moverá al siguiente giro increíble de tu historia. ¿Tiene que tener una coherencia? Por supuesto. ¿Tiene que quedar algo que pueda ver la gente y disfrutar, no sólo un producto onanista para el consumo propio? ¡Desde luego! Pero es el juego de dejarse llevar, de ver qué sucede, tener que amoldarse al momento. Sin pretensiones, sin objetivo más allá de pasárselo bien y esperar que quede algo bonito que pueda disfrutar otra gente. Sin festivales, sin retribuciones, sin taquillas, sin premios de grandes academias de cine… Y, además, demostrando que la exhibición en Internet es muy posible, es un presente y un futuro. ¡Un juego con reivindicación adicional!

Me da un poco de pena la frialdad con la que se ataca a cosas sin pensar en ellas antes, sin ser capaz de comprender de qué hablan y el porqué se hacen.

Para mi esta propuesta es una muy buena idea que no se cuánto tiempo estará presente, pero que aunque esté presente sólo un día ya merece la pena. Es un juego que parece divertido y del que siento envidia. No sabéis las ganas que tengo ahora mismo de jugar a #littlesecretfilm.

— Arturo M. Antolín —

 

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