Una pregunta al día

Antes llenábamos unas líneas de nuestro diario. Ahora, esto da para cuatro tuits, una foto Instagram y una entrada de obligado «Me gusta» en Facebook.

Antes llenábamos unas líneas de nuestro diario. Ahora, esto da para cuatro tuits, una foto Instagram y una entrada de obligado «Me gusta» en Facebook.

De Sara Virginia Isidro Read (Viruta para los amigos) podría decir muchas cosas. Para empezar que le sientan como un guante  los trajes de novia manchados de vino de mi inmisericorde bota. Termino diciendo que que es la ‘event manager’ de mi Erasmus y ya me ha llevado a Luxemburgo y a Heidelberg. Y entre medias digo que probablemente esta guapa odontóloga sea la que llene de hierros las bocas de mis hipotéticos —y muy lejanos hijos—. Disfruten.

No sé escribir un diario. En todas las ocasiones en las que mi insistente madre ha ganado la batalla, y me he visto forzada a jugar al tetris para que los cajones de mi mesita de noche vuelvan a cerrar, he encontrado pequeños amagos de dejar un testigo escrito, de la que yo por aquel entonces creía una apasionante vida. Todos empiezan igual, «Querido diario….» y seguían con un pequeño resumen de mis vivencias de aquel día: el colegio, la piscina, las peleas con mis hermanos… Sin embargo, poco duraba la alegría en la casa del pobre. Al tercer o cuarto día, como mucho a la semana, me aburría de contar siempre lo mismo y daba portazo a mi ambicioso proyecto. Con esto no quiero decir que mi infancia haya sido aburrida o mala. Es más, sólo vienen a mi mente buenos momentos y recuerdos felices, pero claro, todos bastante parecidos.

Según me fui haciendo más mayor, mi deseo de contar mi vida al mundo, o simplemente a mi yo futuro, nunca remitió, pero digamos que no era una de mis prioridades. Estaba más ocupada con mis menesteres de adolescente y mi revolución hormonal. Hasta que llegaron ellas: las redes sociales. Fue entonces cuando mi afán de registrar mis logros y hazañas por fin se vio satisfecho. Me considero una politoxicómana de internet: cuando el espacio de Messenger no fue suficiente, el Fotolog apareció en mi vida. He de puntualizar que de esto no me arrepiento lo más mínimo, es más, de vez en cuando me gusta hacer una bajadita a los infiernos y echar un vistazo a mi querido Fotolog. Es casi como mirar con nostalgia las muescas que mi padre hacía en el marco de la puerta para ver como crecía. Después de estas dos redes sociales, llamémoslas drogas de iniciación, fui una de esas pocas personas que sin tener una carrera musical despegando, se hizo Myspace. La música nunca ha sido una de mis habilidades, o sea que este vicio lo dejé pronto. Estuve limpia una temporada, hasta que llego la madre de todas las redes sociales, la paria de la sociedad, el arma letal de todo buen acosador: Tuenti. Fotos a mansalva, muros, comentarios…que os voy a contar que no sepáis ya. El que esté libre del pecado del cotilleo, que tire la primera piedra. Ahora que ya soy mayor, y me las doy de mas madura, el Tuenti ha caído en el olvido, y sinceramente no me lo borro para seguir cotilleando, y porque al igual que en Fotolog, hay perlas gráficas que merecen cuando menos ser conservadas. Pero tengo Facebook, que no es más que el hermano serio de Tuenti. Como buena politoxicómana, no sólo estoy enganchada a Facebook, red social de cabecera de los tiempos modernos, sino que también pongo mis valiosas opiniones e ingeniosos comentarios en Twitter, y enseño, a quien quiera verlo, mi apasionante mundo a través de Instagram, que dicho sea de paso, es mi red favorita de momento. No quiero deslumbraros ni mucho menos impresionaros, pero aparte de saber nadar sin manguitos, a veces hago un COMBO BREAKER y la foto que publico en Instagram, simultáneamente aparece en mi Twitter y en mi Facebook. Maravillas de la vida moderna.

Sin embargo, aunque sea capaz de publicar a bombo y platillo mi ultima genial ocurrencia, y de que mi abuela desde Santo Domingo siga en vivo y en directo cada bocado que me llevo a la boca, hasta hace bien poco, aún seguía sintiendo un pequeño vacío en mi interior. Esta niña todavía quería escribir su diario. Pero volvía a la problemática inicial, ¿cómo hacer para no aburrirme de una vida de estudiante? Es divertida, pero no deja de ser un poco rutinaria (clase, comer, dormir, beber, beber, beber, fiesta, resaca, clase…) No era capaz de hacer como Ferrán Adriá y compañía, y convertir una tostada con tomate y queso, en un barquito crujiente de tomate confitado, mousse de queso y especias del mundo, sobre un lecho de aceite de olivas doradas bajo el sol de la Toscana. Y entonces este verano cayó en mis brazos una de las mejores ideas para gente como yo, que quiere escribir, pero no sabe ni por dónde empezar. Se llama Question a Day. A five years journal. Y es un asunto tan sencillo como una simple pregunta cada día, durante 5 años. Para mí lo tiene todo: cada día escribo algo, y nunca es aburrido porque siempre es un detalle diferente (he aquí el quid de la cuestión: te hace cada día fijarte en un pequeño detalle que quizá hubiese pasado inadvertido, y versionando a Oscar Wilde, diré que  para mí los pequeños detalles son el último refugio de las personas rutinarias). Otra de sus innumerables virtudes es que son solo tres líneas al día, con lo cual la excusa de «no tengo tiempo» no es válida. Además, el libro es bonito, lo tienes en la mesita de noche y pareces interesante y todo…. (esperad, que le hago una foto y lo subo a Instagram).

'Question a Day. A five years journal', además de bonito, te hace interesante tenerlo en la mesita de noche.

‘Question a Day. A five years journal’, además de bonito, te hace interesante tenerlo en la mesita de noche.

Para terminar, aquí os dejo un pequeño ejemplo de las preguntas del libro. Éstas son las que más me ha gustado contestar o las que más ganas tengo de hacerlo.

—26 de noviembre: ¿Qué tres palabras describen a tu familia? Independientes, cariñosos, cómicos.

—8 de septiembre: ¿De quién estás celoso? De la gente sin resaca. (Este día me explayé, que era el Día de Asturias).

—23 septiembre: Escribe una cita para hoy: «Donde no hay mata, no hay patata».

—2 de diciembre: ¿Qué detalles de hoy te gustaría recordar? La visita de mi hermana en su totalidad.

—20 de diciembre: ¿Cuáles son tus vacaciones de ensueño? Las que estoy teniendo, en casita con mi familia.

—27 de enero: ¿Qué movimiento artístico te describe mejor hoy? El cubismo. Llevo una semana casi sin salir de este cubito de 18 metros cuadrados.

—1 de febrero: ¿Cuál es tu resolución para mañana?  (Esta tengo ganas de ponerla, porque la respuesta es muy festiva).

—11 de abril: ¿Cómo que efecto sonoro te sientes hoy? (Espero que ese día no sea una mierda).

La lista es interminable, y muchas veces las preguntas son sencillas, como por ejemplo hoy: ¿Cuál es el último programa de la tele que has visto? Sin embargo, hay días en los que escribir tres lineas es bastante difícil, y te planteas cosas que quizá, sin la pequeña ayuda de este diario for dummies, jamás habrías pensado.

Con esto doy por terminada mi pequeña aportación a este blog, que para una persona que está acostumbrada a escribir sólo tres líneas al día, ya se me está yendo de las manos.

«Jódete Flanders» —lo que hay que hacer para llegar a las 1.200 palabras—.

—Sara Virginia Isidro Read—

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