La cana es bella

Hace unos días me comentaba una amiga que había ido a la peluquería a teñirse un mechón de pelo porque tenía algunas canas. Entonces, en plena conversación, otra amiga le dijo: no habértelo teñido, mujer, eso es una señal de identidad. Yo argumenté que a los 21 años tener un mechón de canas, por original que fuese, no dejaba de ser un fastidio para la persona en cuestión.

A partir de esta argumentación mía, mis dos amigas abrieron el debate sobre mi legendaria pasión por los hombres canosos y todo lo relativo a la senectud capilar. Las dejé recordar episodios de los maravillosos años de adolescencia, donde yo ya con 13 años les decía que antes que cualquiera de los ídolos de las adolescentes prefería a George Clooney o al fallecido Marlon Brando. Sobra decir que la expresión ojiplática de mis oyentes ha acompañado siempre a esta serie de manifestaciones por mi parte, y esta vez mis amigas reían abiertamente sobre esas rarezas mías y se sorprendían de haber notado cómo, a lo largo de los años, me han ido gustando más ciertos hombres cuantas más canas aparecían por encima de su frente. El asunto llega al punto de que otra de mis mejores amigas siempre me ha dicho que tiene el presentimiento de que terminaré casada con un señor mucho mayor que yo, y, por supuesto, canoso, idea que no deja de causarme mucha curiosidad.

dermot-mulroneyNo sé si es producto de la sociedad, influencia de mi madre, cosecha propia mía o qué exactamente, pero esta pasión por las canas, -aunque más que por las canas sería más acertado decir por los hombres de avanzada edad-, me viene desde que tengo uso de razón. Me enamoré de Sabina mucho antes de que le saliesen canas, creo que fue el primer hombre en el que pensé como marido, cuando mis años aún se podían contar con los dedos de una mano. Sí, es grave. Con esto quiero decir que mi pasión por las canas parece venir de serie.

En cualquier caso, han sido muchos quienes han intentado buscarle un punto de origen a e esta atracción tan común entre las mujeres de más de 30 años mediante la cual muchas hormonas terminan en siniestro total.

Hay quien las ha definido como símbolo de la realización personal y de la consolidación de una personalidad. No sé hasta qué punto es esto cierto, porque hay mindundis canosos que no dejan de resultarme profundamente atractivos, y están lejos del poder y la gloria reconocida por el resto del mundo.

Las canas son una marca de edad y, por ende, de experiencia, y en el caso de las mujeres es reconocida la teoría de que solemos buscar un prototipo masculino que represente estabilidad y todo eso (la sociedad, los roles y los tipos, esas cosas que tanto aborrezco). Entonces la cosa vendría a ser que las mujeres estamos irracionalmente atraídas por ese tipo de hombres que nos dan seguridad, y esa seguridad viene dada por las canas. Bobadas, creo yo. Cada mujer quiere una cosa, y lo último que busco yo en las canas de un hombre  es un pack de estabilidad, una hipoteca, y domingos de manta, sofá y películas de John Ford.

robert-de-niro-image1

A la mierda la estabilidad. Las canas pueden significar cualquier cosa, y no tiene por qué haber una explicación científica que argumente el motivo de que las canas sean tan aclamadas y resulten tan atractivas a ojos del mundo. Puede, quizás, estar relacionado con la estética desenfadada y natural que se ha venido dando durante años, pero en cualquier caso, poniéndome en mi propia situación, no creo que fuese esto lo que me llevase a fijarme en hombres canosos con cuatro y cinco años.

Es una cuestión visual, de gusto. Igual que hay mujeres a las que le apasionan los pelirrojos y hombres a quienes le gustan las mujeres excesivamente delgadas. Verás, es que no hay una explicación clara ni nada de eso, es simplemente una cuestión de gustos y no una convención social. Yo creo que intentar encontrar una razón exacta para explicar un gusto es desvirtuar el mero concepto de gusto, y es que no hay más miga en este asunto.

75244_500767873279179_1047333459_n

Cierto es también que las canas hay que saber llevarlas. No le sientan igual las canas a Gallardón que a Al Pacino, ni a Almodóvar que a Jeff Bridges. Es una cuestión de atractivo, desde luego, y el atractivo se lleva dentro, no se puede crear, aunque bien es cierto que hay quienes mejoran con los años, como el buen vino, pero esto no deja de estar relacionado con una cuestión de atractivo natural. De hecho, yo a Al Pacino y a Jeff Bridges los pondría encima del ordenador para no dejar de mirar lo bien que le sientan los años sin ser dos hombres declaradamente guapos ni nada de eso.

De modo que, como todo en la vida, es una cuestión de conjunto. Para que te sienten bien los años tienes que tener un atractivo natural y un “algo” especial, aunque para gustos los colores. Habrá a quienes le sigan encantando los ídolos adolescentes que encuentran en la Antártida una buena ocasión para quitarse la camiseta y habrá quienes sigan prefiriendo una melena canosa por descuidada que parezca.

harrison-ford

Para eso se inventó el estilo y para eso la naturaleza nos ha provisto de gusto. Y cada cual que elija lo que más le convenza.

Estefanía Ramos

Anuncios