La cara del producto

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El otro día pude leer unas declaraciones de Adam Lambert sobre los actores de Los Miserables (Tom Hooper, 2012). En ellas decía que, aunque hacían un trabajo a nivel interpretativo sensacional, la película se había visto resentida por sus voces; es decir, ellos no estaban a la altura de lo que una obra como esta necesitaba para brillar como debería. Yo, fan incondicional del musical, lo leí y no pude estar más… De acuerdo. ¿Por qué? ¿Por qué cualquier película que quieren que triunfe tiene que ir acompañada de una cara conocida? O mejor aún, de muchas. Es cierto que Los Miserables esta interpretada con brillantez pero, esas canciones, esas maravillosas canciones, pedían más: pedían voces que te pusieran los pelos de punta como si estuvieras sentado en la butaca del teatro. Y, sin embargo, de todo el reparto los únicos que lo consiguen son Eddie Redmayne y Anne Hathaway. Vosotros escucháis la versión teatral de Red and black…

… Y ¡Dios! Es que dan ganas de levantar el puño, saltar de la butaca y tomar las calles. Sin embargo, en la película no deja de ser otra canción más. La culpa de esto no es sino de ese concepto que tenemos de que para vender un producto tiene que estar presente una cara conocida y/o bonita, aunque el papel no vaya con él o ella.

Esto muchas veces se lleva al extremo. Sí, sí, sí, sabíais que lo iba a sacar y aquí está: 50 sombras de Grey. Una lista interminable de candidatos a interpretar al guapísimo y millonario protagonista y veréis como al final nos colocan a Robert Pattinson. Ni Matt Bomer, ni Alexander Skargard ni Ian Somerhalder, Pattinson. ¿Por qué? ¿Por su éxito en Crepúsculo? ¡POR FAVOR! ¡BASTA YA! Es que, incluso si trasladamos la saga Crepúsculo a la realidad, si una chica se tiene que debatir entre Pattinson y Lautner, ¿quién se hubiese quedado con él? ¿¡QUIÉN?! (Aparte de Kristen Stewart, claro…). Bueno, pues no. Veréis como al final nos lo encasquetan. Pero es que aún peor es que sonó que a Anastasia Steele la iba a interpretar Miley Cirus. Venga, alegría, ¿nos hemos vuelto locos?

A ver, quizás me esté exaltando un poco… No siempre pasa esto. Daniel Radcliffe como Harry Potter era perfecto, al igual que sus dos compañeros. O Logan Lerman como Charlie en Las ventajas de ser un marginado (aquí sí que lo han clavado). O Jhonny Deep como Willy Wonka. Pero hay algo que no me cuadra: si son capaces de elegir al perfecto interprete cuando tienen tantas restricciones por lo descrito en el libro, ¿por qué cuando tienen total libertad no dejan a un lado el círculo de caras famosas y eligen al actor que verdaderamente vaya con el papel?

Por ejemplo, ¿era Tom Cruise la mejor opción para ser Stacie Jaxx en Rock of ages? ¿o Antonio Banderas para protagonizar La piel que habito? ¿o es Ben Affleck el indicado para protagonizar… cualquiera de sus películas? Yo muchas veces pienso qué hubiese sido de una película si hubiera sido interpretada por otra persona… A lo mejor nos hubiera gustado más. O menos. A saber… También ocurre otra cosa: hay veces, que un intérprete nos parece tan perfecto que no podríamos imaginar esa película protagonizada por otra persona.

¿Alguien se imagina Eduardo Manostijeras sin Jhonny Deep? ¿O El silencio de los corderos sin Antohny Hopkins? ¿O Pretty Woman sin Julia Roberts? ¿O, por poner un ejemplo patrio, Celda 211 sin Luis Tosar? Hay actores y actrices que ceden casi su alma a un personaje y ya quedan ligados a ellos para los restos. Algunos tanto que ya interpretan el mismo personaje para el resto de sus carreras. Ahí tenéis a Sarah Jessica Parker que salta de un producto audiovisual a otro y siempre acaba siendo Carrie, su personaje de Sexo en Nueva York. ¡Incluso en Glee!

Muchas veces me da por pensar que a lo mejor ese actor no ha sido su primera opción, como Russell Crowe en Los Miserables, quien interpreta a Javert tras rechazar el papel Paul Bettany. Algunos lo sabréis y otros igual no, pero muchos de nuestros personajes favoritos en un primer momento no iban a ser interpretados por los que finalmente lo hicieron, como Forrest Gump, papel que rechazó John Travolta; o Eduardo Manostijeras y Tom Cruise; o Meg Ryan que rechazó protagonizar Pretty Woman. Papeles que han marcado la carrera de unos y de otros (unos por rechazarlos, otros por aceptarlos) y que han entrado en la Historia del cine.

Por ello, viendo lo importante que es un actor o una actriz para un personaje, señores directores de casting, sólo les pido una cosa: no más Robert Pattinson, por favor. Gracias.

—Jonathan Espino—

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