Pon un crossover en tu vida

friends6

Es gracioso y a la vez extraño como suceden las cosas. Puede que haya pasado el acontecimiento que va a cambiar tu vida, y tu no lo hayas ni siquiera visto. Un choque. Un roce. Una mirada. Una palabra. Un gesto. Y a la vez un mundo. Bueno, dos. Un crossover, el trasvase de personajes de dos mundos aparentemente distintos pero que comparten más de lo que parece. Sí, lo sé, estoy hablando de algo que sucede en la ficción, pero, si lo pensamos bien, no sólo sucede en ésta. Todos formamos parte de crossovers en nuestras vidas, algunos más largos, otros más cortos, pero todos somos, en cuanto interactuamos con alguien, intrusos de un mundo que no es el nuestro. Producimos lo que llamamos el efecto mariposa, y con apenas un movimiento de nuestro cuerpo somos los causantes del efecto desencadenante de una consecuencia final en un mundo ajeno al nuestro.

Lo sé. Suena a una paranoia de la leche. Pero pensadlo. Desde muy, muy, muy pequeños, labramos (y nos labran) una red de acontecimientos que dará lugar a los cimientos de nuestra existencia. Nuestros padres eligen por nosotros un colegio, donde empezaremos a decidir qué niños queremos a nuestro lado y cuáles no. Parece la decisión más trivial del mundo, inocente incluso, pero quizás, a mi parecer, sea la que más nos cambie la vida. Los amigos. Conservarlos es una de las tareas más arduas que conozco. Son muchas las adversidades que te encuentras pero determinan tu camino a seguir, tu arco de transformación, tu adolescencia.

El arco de transformación es la evolución que sufre un personaje a lo largo de una obra. Sí, lo sé. Estoy de nuevo utilizando términos que nada más que utilizamos en la ficción pero es que nosotros no somos sino personajes de una obra máxima que representamos día tras día.

Es bonito pensar que en algunas ocasiones somos el director de casting de esa obra de la que somos protagonistas y añadimos a aquellos que queremos en los papeles que nosotros deseamos. “Tu vas a ser el protagonista conmigo, serás mi mejor amigo”. Pero creo que es incluso más bonito aún cuando un secundario, incluso un figurante, sin apenas nosotros darnos cuenta se convierte en protagonista de nuestras vidas, cambiándonos por completo. Es lo bonito de los crossovers, que hay veces que nos sorprenden, y nos introducen en el reparto a los actores más maravillosos interpretando a las personas más maravillosas.

Cuando estamos en la ficción, este recurso se suele dar por un periodo de tiempo determinado. A veces, mínimo. Un capítulo. Dos. Una temporada. Pero suele tener un fin. En la realidad, no percibimos cuánto tiempo va a durar ese crossover; incluso si va a ser importante en nuestras vidas. Bueno, miento. A veces, sí que lo percibimos. Cuando la conoces. O cuando lo conoces. Es un click, algo que se produce en la mente y te dice que no quieres que se acabe. Que tu lo que quieres ser es un personaje fijo en la vida de esa persona. Y haces todo, todo lo posible. A veces sin éxito. Ojalá conociéramos al guionista de ese otro mundo y pudiéramos rogarle que nos introdujera en su trama, que nos haga un casting para ser el protagonista junto a él o ella de esa obra, de esa vida.

Algunos tenemos temor a los crossovers. De verdad, pavor. Sólo tenéis que leer mi primer artículo aquí y lo que me costó que mis compañeros fueran mis amigos. DOS AÑOS. Pero mereció la pena… Hostia que si mereció la pena. Lo malo es que ahora no quiero que se acabe. Digamos que la temporada ha llegado a su fin y como en Friends, tras años viviendo juntos, quiero seguir rodando con ellos (nunca mejor dicho), quiero seguir viendo sus caras de sueño cuando tenemos que ir a clase a las ocho de la mañana, sus caras de sopor cuando la clase es aburrida y sus caras de diversión cuando la clase es entretenida; quiero seguir haciéndoles reír y que me hagan reír. Por eso, desde aquí, hago un llamamiento para que pongamos fin a este crossover y nos convirtamos en guionistas de nuestra propia serie, de una serie mejor, una serie superior en la que todos formemos parte y en la que, sin aula mediante, todos seamos protagonistas y poder así, al fin, completar nuestro arco de transformación. Porque qué sería la vida sin ellos, sin los amigos, tanto los que han sido protagonistas toda tu vida como los que han sido fichados de última hora.

Es impresionante como la vida da mil vueltas, poniéndonos puntos de giro por doquier en los que la trama da un salto brusco y a veces no sabemos ni donde estamos, y sólo vemos luces. Esas luces, esas, son el reparto de tu vida y tu, sólo tu, eres el responsable de que se mantengan encendidas.

Nos vemos en el 2013 para hacer la mejor serie nunca hecha: nuestra vida.

—Jonathan Espino—

Anuncios