Ese oportuno contraluz

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Hace unos meses, Lars Von Trier contaba cuál sería su próximo proyecto. Se trataba de una película cuya temática rondaba alrededor del sexo (teniendo, de hecho, como protagonista a una ninfómana) y en la que rodaría escenas de sexo real. En cierta medida, esto le acercaba de nuevo a su película cumbre realizado bajo los preceptos del movimiento de Dogma 95: Idioterne (Lars Von Trier, 1998). En dicha película (huevazos señoriales aquellos que la catalogan de comedia) Von Trier rodó una escena en la que los personajes principales de la película realizaban una orgía. El sexo era real y totalmente explícito.

Idiotem (Lars Von Trier, 1998)

Idioterne (Lars Von Trier, 1998)

Quince años después estoy muy seguro de que habrá muchas diferencias entre esta película y lo que será Nymphomaniac (Lars Von Trier, 2013). En primer lugar porque en ella contará con actores de renombre mundial, lo que implica que por muy explicito que vaya a ser, dudo yo que pueda igualar la escena de la orgia que he capturado aquí arriba. Pero, también porque él mismo dijo que iba a hacer dos montajes distintos: uno con sexo real y el otro sin escenas de sexo.

Y, en realidad, esto es lo único que encuentro interesante del proyecto (mi relación con Von Trier es bastante mala, por lo menos por mi parte, dudo que él me conozca a mí). ¿Cómo vas a hacer una película explícita a la vez que una no explícita? ¿Puedes usar una misma planificación cuando el objetivo de la película es distinto? ¿Cambia mucho la película cuando se piensa de base su explicitud sexual o no hay diferencia alguna? ¿Depende esto del realizador de la película o del espectador que vaya a verla y su conocimiento al respecto antes de entrar en la sala? ¿Puede sorprenderse un espectador por una planificación que le lleve a una explicitud sexual que luego no se de en dicho montaje?

Personalmente, todas estas preguntas me acaban resultando mucha más interesantes que el simple hecho de ver a dos actores conocidos echando un polvo de verdad (o no, ¿cuánta realidad hay ahí al fin y al cabo?).

Y es que el tratamiento de las escenas de sexo en las películas de carácter narrativo es, ante todo interesante.

Hagamos un gran rewind a la historia de nuestro cinematografía mundial. Hace setenta años el sexo ya estaba en las película, se hacía más o menos implícito, pero el componente sexual era algo común en el cine (como en la vida). Cualquiera que dude al respecto puede ver Some like it hot (Billy Wilder, 1959) o The Apartment (Billy Wilder, 1960). Y no es un caso específico. Podemos volver muchos años atrás. Hablemos de Gone with the wind (Victor Fleming, 1939) o de Casablanca (Michael Curtiz, 1942). ¿Vamos más a atrás? Girl (D.W. Griffith, 1919). Puede que no se mostrase en pantalla, pero estaba siempre presente. A veces la presencia era muy implícita, pequeños detalles que si eras un poco avispado eras capaz de advertir. A veces era explícita, venía dentro de la historia (al fin y al cabo, para Rick, Paris significaba el amor Ilsa, pero la realidad era que se habían tirado dos semanas dentro de la habitación. Ganchillo no estaban haciendo). En alguna ocasión, el sexo estaba en la historia, simplemente no se mostraba la escena. Fundido a negro. Elipsis. Todos sabemos lo que ha ocurrido.

En los setenta había llegado ya el amor libre. Y nos empezaron a mostrar pechamen. Tetas y pezones a doquier. E incluso sexo. El sexo existía. Era raro verles en ello, pero existir existía. Puede que la escena cortase cuando se tumbaban en la cama, pero daba igual. Habías entrado en la habitación. Ya eras participe como espectador del sexo. Habías visto carne y el inicio de lo que ocurría. Se había reducido la elipsis. Veías lo mismo que años antes, pero no tenías esa sensación.

Más tarde se llegó a mostrar más carne aún. El polvo se veía. Vale, no era nada en realidad. No era el sexo real de Los Idiotas, pero la escena ya no saltaba el momento en sí. Se puede ver carne, posiciones y gozo en los protagonistas.

Trainspotting (Danny Boyle, 1996)

Trainspotting (Danny Boyle, 1996)

Pero, ¿y ahora? ¿Qué ocurre ahora con las escenas de sexo?  La evolución ya es muy complicada. No puedes mostrar más sin que te conviertas en Lars Von Trier. ¿Nos hemos quedado en los 90?

La realidad es que no. Ahora, jugamos con la estética. Se ponen luces bonitas. Claros y sombras. Haces la impresión de que es todo un acto hermoso de la naturaleza. El objetivo: que sin ver tanto como antes, sientas más emoción y empatía. Que de alguna forma sientas una parte del placer que los protagonistas están sintiendo. Luces bajas, mucho movimiento de cámara con planos cortos. ‘Nota la carne, nota el sudor’ te dicen en cada plano.

De rouille et d'os (Jacques Audiard, 2012)

De rouille et d’os (Jacques Audiard, 2012)

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De rouille et d’os (Jacques Audiard, 2012)

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De rouille et d’os (Jacques Audiard, 2012)

¿Es esto una evolución, un paso más? ¿Es una inmersión mayor del espectador en la escena o acaba siendo la translación a la modernidad del fundido a negro del siglo pasado? Al fin y al cabo, vemos poco de lo que está ocurriendo también. Estamos ahí, pero no vemos lo que sucede. Este tipo de escena (que por cierto, me gustan cómo están rodadas, sobretodo en el caso de la película de Audiard de la que he puesto capturas arriba) al final no deja de ser una elipsis. Visible, pero elipsis.

Hoy en día se nos llena la boca (no vayamos al chiste fácil) hablando de lo abierta que está ahora la sociedad, de cómo ya el sexo no es tan tabú y no tenemos problema en hablar de él, mostrarlo, etc. Pero, luego nos escandalizamos porque nos pasean un pene por delante de la pantalla. En una película que, por cierto, tiene como temática central el sexo; no se trata de Blancanieves precisamente.

Shame (Steve McQueen, 2011)

Shame (Steve McQueen, 2011)

Hablamos de Californication como la serie más explícita en materia de sexo que existe. Se trata de una serie en la que el protagonista está obsesionado con el sexo. Es casi un adicto sexual (lo más gracioso del asunto es que Duchovny, el actor que da vida a Hank Moody, lo fue). Y es cierto, Californication es extremadamente explícita hablando de sexo. Hablando.

Pero no te da esa impresión, te parece que no todo es palabra. Tiene muchas escenas sexuales. Pero, cuando te pones a analizarlas, te acabas por dar cuenta de que no tienen nada nuevo. El hecho de que te parezca que Californication es una serie con mucho sexo es por lo que dicen. No por lo que muestran.

Californication (2007-)

Californication (2007-)

Californication (2007-)

Californication (2007-)

Al final, Californication enseña tetas. Ya está. No es más. El día en el que vemos en Californication un coño o una polla nos sorprendemos (sobretodo si vemos la polla). Ver un frontal masculino es extraño. No entraremos de ninguna forma al pensamiento machista que hay por debajo de todo esto, la realidad es que, en la serie supuestamente más sexual que hay en la televisión tampoco vemos nada nuevo.

Vale, la televisión es la televisión. Aunque sea de cable. Pero, ¿qué ocurre con el cine? El cine no tiene restricciones en este aspecto. No por lo menos impuestas por la industria (esto es una falacia, pero teóricamente es cierto). Sin embargo, la realidad es que cada vez las escenas de sexo se realizan de una forma más y más empalagosa. Todo es precioso. Todo es bonito. Nota el aroma del gran momento que estás viviendo.

Vayamos al ejemplo más paradigmático que se me ha podido ocurrir a día de hoy. Breaking Dawn – Part 1 (Bill Condon, 2011). Esta es la tercera película de la saga. Acaba de pasar una hora de película. Significa que llevas viendo ¡cinco horas ya! de Kirsten ‘cara palo’ Stewart y Robert Pattison haciendo moñerías. Por fin van a echar el polvo. Es el momento clímax de la saga (y además un momento importante para la trama de la película). Es el momento que tiene que poner a todas las niñas a cien. A mojar las butacas de la sala. Y planificas la escena de la siguiente manera:

Breaking Dawn - Part 1 (Bill Condon, 2011)

Breaking Dawn – Part 1 (Bill Condon, 2011)

Breaking Dawn - Part 1 (Bill Condon, 2011)

Breaking Dawn – Part 1 (Bill Condon, 2011)

Breaking Dawn - Part 1 (Bill Condon, 2011)

Breaking Dawn – Part 1 (Bill Condon, 2011)

Las sábanas muy bien colocadas. Los dos como si estuvieran simplemente montando a caballo. Muy tranquilitos ambos (bueno no, espera, que él rompe la pared, claro). Esto sin entrar a la ridiculez de escena anterior, en la que vemos a ella ultrapreocupada por qué ocurrirá en ese momento.

Aunque, la realidad es que el momento cumbre de esta tendencia se alcanzó en otra película. Y curiosamente no fue en una escena de sexo, sino en una de un beso.

Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) consiguió exponer en esta escena toda la esencia de las escenas sexuales hoy en día. En primera instancia por lo que significa esta escena. Drive es una película que gustó a mucha gente (a muchas mujeres, por cierto) porque se trataba de una ‘preciosa historia de amor’. La realidad es que el único momento en el que pasa algo entre los personajes es en este ascensor. El único contacto que tienen es este beso. Esta es la escena sexual de Drive. Es el clímax en lo que se refiere a la relación física entre los dos personajes.

El personaje de Ryan Gosling sabe que el tercer personaje de este ascensor la va a liar parda. La besa en el mismo acto de protegerla y alejarla del tío peligroso. En este beso se produce su relación sexual, lo que iluminación y realización enfatizan. Cuando él se acerca, las luces del ascensor bajan, la cámara se relentiza, la música sube y ambos se besa. Esta puesta en escena lo que nos indica es que lo sexual está fuera del mundo normal. Es una acto que sucede fuera de la realidad cotidiana, algo que está en otro nivel. Esta puesta en escena lo que manifiesta es la idea de que el acto sexual no debe encontrarse nunca en el nivel de la vida normal de la persona. No marca que deba de estar por encima ni por debajo, sino en un lugar aparte. Lo sexual y lo cotidiano no pueden estar unido.

Esto no deja sino de ser una imposición de la moral que se nos trata de instaurar desde niños. Por mucho supuesta libertad que se tenga, la realidad es que en sociedad el sexo sigue siendo un tabú. Y en mayor o menor medida se ve como una depravación, en el sentido de que no debe mezclarse con el quehacer diario, aquel que el buen ciudadano ha de llevar. El sexo se ha de realizar en las oscuridad, en ese lugar en el que es sólo para ti. El lugar separado del mundo real. Se trata de una inhibición por parte de la sociedad de nuestros instintos y deseos (de nuevo, la teoría de Freud sobre el superego y el ello aquí patente).

Al final, por mucho que nos digan que nos están mostrando, esta búsqueda del ultra estilismo en la muestra del acto sexual en la pantalla no se trata de una prueba de la liberación sexual; sino una nueva forma de tratar de atraparla en la mayor medida posible.

El contraluz que hace la escena increíblemente bonito se ha convertida en el nuevo fundido a negro. Elipsis y la historia sigue.

— Arturo M. Antolín —

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