Critica, que algo queda

Del crítico cinematográfico se tiene una idea preconcebida que no siempre se ajusta a la realidad. Dos ejemplos:

Situación vivida durante el preestreno de una película infantil con el fútbol como telón de fondo. Los protagonistas de la conversación: dos críticos ya maduros. El lugar en el que se desarrolla el gag no es otro que la sala de cine, pocos minutos antes de la proyección. Un crítico con gafas y pelo blanco y largo se sienta al lado de un compañero de profesión, sin gafas y sin mucho pelo, que le pregunta:

-¿De qué va esta peli?
-¿Eh?
-¿De qué va esta peli?
-De fútbol.
-¿Eh?
-De fútbol.
-¡Hombre, pues mira! ¡A ver si sale alguno del Atleti!
-Diego Forlán.
-¿Diego Forlán? ¿Forlán? ¡No jodas!
-No jodo, pero sí.

3 minutos más tarde
-Pues entonces ya sé por qué han venido tantas chicas al pase. Por Forlán, como está tan cachas…
-Por Antonio Resines, han venido.
-¿Trabaja Resines? Es que no tengo absolutamente ni idea de qué va esta peli.

II

Esta fue en el pase de una película de sustos. Ocurrió algo impensable.

La cinta es una de estas modernas, cámara en mano, sin que se vea bien al monstruo, pero con muchos ruiditos y ruidazos. En un momento dado, mientras el plano nos muestra a una pareja durmiendo en la cama, empiezan a oírse sonidos extraños. Al principio, parece que uno de los personajes está roncando. Sin embargo el sonido nos llega como en esas canciones pasadas del mono al estéreo en las que la guitarra solo se escucha por el auricular izquierdo y el bajo por el derecho. En este caso los ronquidos solo entraban por mi diestra.

Con “mi diestra” me refiero a un par de butacas más allá, donde dos periodistas se habían sentado, acomodado y, en el caso de una de ellas, dormido.

Su compañera, descojonándose como yo, la despertó tan en silencio como pudo.

Yo también habría salido de la sala al terminar a toda leche.

Epílogo

No me quiero ni imaginar las anécdotas de la crítica gastronómica.

—Víctor Martín-Pozuelo Fernández-Calvillo—
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