¿Te cuento un cuento?

“Cuéntame un cuento, papá”. Erase una vez, una joven a la que le encantaba leer libros de aventuras. Una noche de fuerte ventisca, caminaba por los bosques cuando comenzó una gran tormenta que la obligó a resguardarse en un enorme castillo. Lo que ella no sabía es que allí vivía una bestia y que aquel era un castillo encantado. La Bestia asustada por la presencia de la muchacha, decidió retenerla… En lo más alto de la más alta torre. Lloró y lloró hasta que un joven vestido de verde, apareció en su habitación volando y la invitó a que fuera con él, esparciendo un poco de polvo de hadas sobre ella. Increíblemente, sus pies se levantaron del suelo y ahora, ella también podía volar. Abandonaron la torre por la ventana, dejando atrás el rugido de la Bestia, pero como la tormenta era tan, tan fuerte tuvieron que resguardarse en una pequeña casa en el bosque. Allí se encontraba… Una máquina de coser que tenía una afilada aguja con un poderoso hechizo. La muchacha, que nada sabía, se pinchó sin querer en el dedo quedando profundamente dormida. El joven, asustado, salió corriendo en busca de ayuda cuando se tropezó con… Una lámpara brillante de la cual salió un genio azul…

Y así, noche tras noche, mi padre me contaba un cuento que me invitaba a soñar, a dejar volar mi imaginación y transportarme a lugares donde nunca antes había estado… ni yo ni nadie, porque yo construía esos lugares: mi mente era el castillo, era la casa, era el bosque; en mi mente se libraban mil batallas, cientos de historias de amor que parecían imposibles entre princesas y príncipes; en mi mente la magia era posible, era posible volar, era posible caer en un profundo sueño provocado por el pinchazo de una aguja hechizada. La voz de mi padre eran las líneas de un cuento que se escribía cada noche en mi mente.

Cuando somos niños no somos conscientes del poder de nuestra imaginación, y es ya de adultos, cuando nos damos cuenta. Miles de veces miramos con envidia como alguno de estos niños quedan inmersos en una carrera a vida o muerte en el salón de sus casas, o surcan los siete mares en un navío que rompe las olas rodeado de sirenas y piratas. Es en la mirada donde nosotros, que ya hemos perdido la magia, descubrimos la suya: esa chispa que se esconde en los ojos de alguien que se encuentra soñando despierto; que en apariencia física tan solo es un niño jugando con un coche o un barco de juguete, pero que en su mente es el mejor de los pilotos o el más temido de los piratas.

¿Cuándo dejamos escapar esa magia? ¿Por qué permitimos que desaparezca esa chispa de nuestra mirada? Son pocas las ocasiones en que esa chispa parece regresar e iluminar los ojos de un adulto: es la chispa por un sueño de algo imposible, algo que casi deseas tanto que, en tu mente, puedes sentirlo. La diferencia es que en los casos adultos el regreso a la realidad, el no cumplimiento de ese sueño provoca la desaparición de esos resquicios de magia, dejando solo ojos en la mirada.

Quizá por eso desde que tengo uso de razón me encanta contar cuentos. Historias. Hacer soñar a la gente a través de mis palabras, como hiciera conmigo mi padre. Dejar que mis líneas no sean sino la lumbre de una hoguera en la mente del lector. Como decía, desde muy pequeño, he intentado escribir historias, con más o menos éxito, y ahora más mayor, intento avivar la chispa de los demás buscando en su interior, y por qué no, en el mío.

Probablemente, todo lo que has leído te parezca un cuento. Realmente, lo es. No tengo ningún recuerdo de mi padre contándome un cuento, pero sí de soñar. Y eran los libros los que me invitaban a ello, porque un libro no sólo es el transporte del lector hacía un mundo imaginario, sino que un libro es el contenedor de la chispa de aquel que lo escribe. Mediante las novelas, el escritor permite con sus palabras que un poco de su chispa quede reflejada en aquel que lo lee, y aunque pensaréis que esa chispa debería debilitarse al ser compartida, no hace sino ser más fuerte cuando se ve reflejada en otros ojos. ¿Que por qué se todo esto? Porque mil veces he soñado con hacer brillar la mirada de los demás con una de mis historias, y hoy, la chispa de mi mirada resplandece más que nunca… Debe ser que, con estas escasas líneas, os he invitado a soñar.

Por cierto, de la lámpara salió un genio azul que le concedió tres deseos. En el primero pidió ser fuerte para derrotar a la Bestia, y el Genio le convirtió en un gran lobo que sopló y sopló y el castillo derruyó. En el segundo, el joven pidió que la muchacha despertará, y acto seguido, ella abrió los ojos. Y en el tercero, pidió que su historia fuese escrita en un papel, porque en el único sitio donde podría volar y soñar para siempre es en los cuentos.

—Jonathan Espino—

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