Los Mägo de Oz son seres de luz. Más o menos.

Capítulo uno: empezó suavemente…

Un niño de unos diez años está sentado frente al televisor. Le acompaña su hermano pequeño y su madre. Su padre está trabajando. Son las nueve de la noche. Están en pijama. En la televisión, una serie, o algún concurso. Los chicos están entretenidos, pero el mayor tiene la mosca detrás de la oreja. Se está aburriendo y quiere que los anuncios interrumpan la programación cuanto antes. Cuando por fin ocurre, se pone en guardia. Hay un spot que quiere ver. Si no sale en ese corte, se enfada un poco, aunque no dice nada. Si sale, lo disfruta segundo a segundo. Es un puto anuncio de Bosch, sí, pero con un cover que tiene al crío encandilado. Dice “con Bosch, tu cocina es la mejor, con Bosch, qué placer es cocinar” y suena una batería, un bajo, un piano y lo que él reconoce como una trompeta.

Pero lo más curioso es que, a veces, no cantan eso, sino algo en inglés. A pesar de no saber qué es una versión ni nada de música, se da cuenta de que ahí hay algo más que un simple cover para un anuncio de electrodomésticos. Porque la tripa se le llena de mariposas, el vello se le eriza y el cerebro emite Felicidad cuando suena ese our house in the middle of our street.

Capítulo dos: las nuevas herramientas

Pasan los años. Cinco, a lo mejor. El chico no tiene presente, de forma consciente, aquella cancioncilla, pero si se lo propone la recuerda con facilidad. Ya tiene quince años y la banda ancha ha llegado a casa, así que puede conectarse a Internet a la increíble velocidad de 1 cacho de mega. Lo que lo está petando es el eMule, una solución para descargar contenidos con el método de colega a colega. Tarda un poco, la verdad, pero algo es algo. Total, que un día se le ilumina la bombilla y decide investigar. ¿Qué pasa si busca “our house in the middle of our street” en la mula?

Capítulo tres: la sociedad de la sobreinformación y el no contrastar

La barra del eMule se pone verde. Our house in the middle of our street se ha descargado. La escucha. ES ESA. La canción de su infancia ha vuelto, y esta vez es para quedarse. Casi llora, a pesar de que los adolescentes no lloran. Como le gusta mucho y es un culo inquieto, se fija en el autor del tema. “Talking Heads”. ¿Y estos quiénes son? Una pregunta que se responde una semana más tarde, cuando se descarga un .rar que se llama The Very Best of Talking Heads que ha creado alguien con las canciones de Talking Heads que le apetecen (And She Was, Burning Down The House, Once In A Lifetime, This Must Be The Place, Take Me To The River…) y en la que también aparece Our House, claro.

Lo que nuestro protagonista todavía no sabe es que se han equivocado. Talking Heads no son los autores de Our House, ni tan siquiera tienen una versión de la canción. A alguien se le fue la pelota en algún momento de los inicios de Internet y eso se ha afianzado, gracias al puñetero SEO, y de ahí no hay quien lo mueva.

Capítulo cuatro: todo esto es tan hermoso

Gracias a Twitter, las opiniones imbéciles de quien no tiene nada mejor que hacer que abrir la boca sin tener ni idea de lo que está hablando nos llegan a diario en cómodas dosis de 140 caracteres. Poner el grito en el cielo por banalidades como que “Glee ha destrozado Bohemian Rhapsody of Fire” es tapar una realidad mucho más constructiva, civilizadora y, en definitiva, bella: que gracias a la reutilización, remezcla y transformación de viejas glorias, los nuevos tienen la oportunidad de conocer algunas de las maravillosas obras que quedan sepultadas bajo las dunas del tiempo.

Mägo de Oz te permite descubrir a Gwendal, a Jethro Tull, a Apollo 100, a Statu Quos y a Queen y lo único que se te ocurre es reírte de sus putas pintas. Que no es que te falte razón, pero hay otros mundos y están en este, reciclados o no.

Canciones que Mägo de Oz nos tomó prestadas

Vale.

—Víctor Martín-Pozuelo Fernández-Calvillo—

Anuncios