El efecto “Nolan”

El efecto “Nolan” es una enfermedad que se ha apoderado del cine en los últimos cinco años. Ahora bien, si el tumor es benigno o maligno depende de cada uno. Muchas veces, esta decisión se debe a la postura que la persona tome respecto a Christopher Nolan. En este cuestión o se es pro-Nolan o se es anti-Nolan. No hay más opción. No hay puntos medios. Tienes que integrarte con unos u otros, aunque no seas extremista en tus ideales.

Christopher Nolan es un auteur. Me parece innegable. Es un blockbuster auteur. Uno de los pocos, si no el único. Es un hombre que deja marcas en sus películas, con un estilo muy definido en la realización (con ventajas e inconvenientes en esto).

Internet cuenta que el inicio como director de blockbusters de Nolan es debido a su intención de llevar a cabo Inception (Christopher Nolan, 2010) hace 10 años, tras haber finalizado Memento (Christopher Nolan, 2000). En ese momento, el director estaba dispuesto a llevar su película al celulóide. Pero, se dio cuenta de una cuestión: quería hacer una película con mucho presupuesto y no sabía cómo funcionaban este tipo de películas. Así que decidió tomar un proyecto de remake Imsonmia (Chritopher Nolan, 2002), sin duda la película de mayor identidad de las que tiene, para aprender los resortes del género blockbuster. El estudio quedó muy contento y le encargó otra película, una de las sagas más importantes que tenía. El paciente cero de la enfermedad.

Batman Begins (Chritopher Nolan, 2005) hacía una excelente reinvención del personaje de Batman (y con él el de Bruce Wayne) e iniciaba una infección que comenzaba a expandirse por el cine comercial. Se trataba de un blockbuster con alma. Algo que hacía mucho tiempo que no se veía por estar tierras. Una películas que dentro de las peripecias que este tipo de película debe dar a la audiencia, se centraba mucho en la historia, rebaja de los cielos míticos de los semi-dioses al justiciero, lo hacía muy humano, con un look realista (en la medida de lo posible) y creíble. A la par que incluía muchos elementos reconocibles para los fans.

Tell us, Mr. Wayne, what do you fear?

Sin embargo, fue tras The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008) cuando la enfermedad se nos fue revelada. Se trataba de una película con grandes actuaciones, dramáticamente muy interesante, un blockbuster en condiciones y, además, había batido records en taquilla. Había demostrado que el público prefería ver este tipo de películas a otros blockbuster.

Entonces los estudios cinematográficos pensaron que quizá podían hacer un ataque biológico contra la industria y tratar de infectar a todas las películas con alguno de los elementos que hicieron tan populares a la trilogía.

Se ha hecho ya con muchas películas desde el año 2008: se intentó con la nueva versión de SpidermanSherlock HolmesRobin Hood, Inception (del propio Nolan, como hemos dicho), Star Trekincluso nuevas series como Arrow lo están intentando. Todo los estudios quieren su propia saga nolaneada. Quieren una película que sea oscura y realista.

Están infectados, les hemos perdido.

Uno de los pacientes más destacables es la saga del 007. En 2006 se estrenaba en la pantalla un nuevo James Bond, Daniel Craig, y lo hacía ya infectado hasta las trancas. En Casino Royale (Martin Campbell, 2006), película de producción anterior a The Dark Knight, pero posterior a Batman Begins; ya se veía esta tendencia. Es cierto que por el año de producción, se deduce que parte de la producción de Casino Royale estaba ya avanza al estreno del murciélago de Nolan, pero a pesar de ello creo que gran parte de la influencia del inicio del reboot de Nolan ya comenzó a notarse en esa película.

En Casino Royale no vemos sólo la primera película de Daniel Craig como James Bond, sino una película en la que se trata de profundizar en la figura de 007. Sigue siendo James Bond, hay tiros, explosiones, sangre, Jamie echa un polvo, para variar, y un malvado de origen oriental. Pero, es una película distinta a su antecedentes. Porque, paradójicamente, vemos al James Bond más frío de todos los que ha habido, un verdadero Ice Man muy bien interpretado por Craig; a la par que vemos al James Bond más frágil. Un Bond al que engañan y hieren emocionalmente. Un personaje que queda muy marcado al final de la película. Sino, recordad la frase dicha después de la muerte de Vesper (Eva Green): “The job is done. The bitch is dead” (El trabajo está hecho. La puta ha muerto). Es, opino, el Bond más humano (y más hombre) que se ha representado.

La crisis comenzaba a llegar al MI6. Bond viajaba en tren.

Esta tendencia se rompió sin piedad en la penúltima película de la saga: Quantum of Solace (Marc Foster, 2008). Ahí volvió a ser película arquetípica de Bond. Se suponía una secuela de la anterior, pero perdió esta profundidad (vale, sí, leve, pero profundidad al fin y al cabo) que se le había dado a 007, para dejar la versión fría, mecánica, sin piedad. Algo, por otra parte, justificado por cómo acabó la película anterior, pero esta película pedía una evolución del personaje de alguna forma, por una trama no amorosa, el personaje debería cambiar algo; en algún aspecto. Aunque claro, al fin y al cabo es James Bond.

Y ahora nos encontramos con la última película de esta saga: Skyfall (Sam Mendes, 2012). Una película muy bien dirigida y en la que vuelve a tratar de “oscurizar” y dar esa profundidad narrativa que (se supone) The Dark Knight dio a la saga Batman. Y lo hace de una forma muy inteligente, a la par que sorprendente para mi (conociendo los antecedentes). James Bond pasa a un segundo plano. 007 se convierte en alguien importante de la película, pero que se pasa la mayor parte del metraje paseándose por las escenas dando mamporros a mansalva en los momentos de necesidad. El peso narrativo recae en el magnífico plantel de secundarios que cuenta la película, principalmente en Judi Dech (M), que recibe al fin la merecida atención en la saga. De esta forma se muestran nuevos elementos que nunca habíamos visto hasta el momento.

Infectados hasta la médula.

La cuestión ahora, señores, es: ¿Qué hacemos con los infectados? ¿Les colocamos en cuarentena? ¿O les dejamos libres para que sigan propagando la infección? Porque dicho sea, el nivel de The Dark Knight (aunque a mucho les horrorice la propia película en sí), es demasiado alto y muchos de los nuevos infectados terminan en un nivel intermedio. En un purgatorio entre el cielo y el infierno en el que se convierten en engendros que no saben por dónde caminan, cómo viven o lo que quieren. Así que, ¿qué hacemos? ¿Dejamos que los blockbuster sean blockbuster sin tener que encontrarnos de vez en cuando con infectados de Nolan que se quedaron a mitad del camino? ¿O nos arriesgamos a que lo intenten, a pesar de que muchos de ellos fracasen?

Me temo que para suerte o para desgracia será un próximo guión de Nolan el que resuelva muchas de las preguntas: Man of Steel (Zack Snyder, 2013). Ese día veremos si se cerrará el círculo y comienza la cuarentena o sí se trata de una espiral y la infección debe ser propagada por el mundo.

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