UPaYDance y el Fiscal General del Estado

Desde que Rosita Díez fundara UPYD en el 2007, rearmándose desde su escaño de Eurodiputada socialista, no ha dejado de sorprendernos a todos con sus ingeniosas y múltiples intervenciones.

Primero fueron sus cálidas palabras hacia José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno en ese momento, que dejaron relucir el cariño que Rosa Blondie le tenía a la comunidad gallega en el sentido más peyorativo del término. Qué culpa tendrán los gallegos de que Rosa Díez dejara un buen día de empatizar con las ideas del partido que le estaba dando de comer, me preguntaba yo en ese momento mientras una serie de pensamientos de naturaleza frívola acerca de la política española surcaban mi mente. Cinco años después, Rosa, Gorriarán, Álvaro Pombo y Cía me han dado motivos para seguir frivolizando sobre la caricatura que supone el concepto de política en este país.

No dudo de las capacidades intelectuales de todos ellos -bueno, lo cierto es que las de algunos las cuestiono-, de hecho siempre me han gustado las argumentaciones de Fernando Savater, me gustaba leerlo en mi libro de ética hace seis años. Por otro lado, soy de ese 98% de la población española que no veía al Eduardo Punset de Redes capaz de alternar esa faceta tan sesuda con anuncios de pan de molde o una carrera política brillante dentro de UPaYDance -voy a llamarlos así repetidamente a lo largo del artículo-. Tampoco veía al David de 7 Vidas haciendo performances en el Congreso de los Diputados diciendo lo que algunos desengañados de la política de este país querían escuchar, séase: críticas al PP y críticas al PSOE, que no digo yo que no se las merezcan, pero, querido Toni, en cuanto a contenido había ahí poco de pragmatismo. Es lo que tiene UPYD, que es un partido muy versátil. Les falta fichar a Pío Moa y a Sánchez Dragó para completar el pack reptiliano.

Que la política en este país es, muy a menudo, esperpéntica, es algo que no viene a sorprendernos a casi nadie, y si alguien se sorprende sólo tiene que leer tres artículos de algún periódico diariamente. Que los partidos del 78 tienen que renovar su ideario y adaptarse a los tiempos que corren tampoco es ninguna sorpresa para nadie. Que la participación política decae por momentos tampoco nos deja ojipláticos. En cambio, si dos semanas antes de depositar nuestro voto en una urna nos paramos a leer, aunque sea de por encima, los programas de los partidos políticos que más o menos sean susceptibles de ser seleccionados por nosotros para celebrar con ellos esa famosa ‘fiesta de la Democracia‘, nos encontraríamos con cosas curiosísimas, como párrafos ambiguos hasta decir basta o programas supersónicos, como es el caso de Rosita la fantástica y sus secuaces.

Ellos se presentan dignamente como una alternativa al “PPSOE, PSOE, PP, la misma mierda es“, y demás cánticos chisposos. Esto es, presentarse como alternativa al bipartidismo ya que la única alternativa visible, y recalco lo de visible, era IU y parecía no verse lo suficientemente favorecida por la debilidad del PSOE. O sea, que los partidos que hasta ese momento habían sido los más fuertes del país ahora no eran más que una bandera de papel en medio de una tormenta. No quiero con esto decir que no defienda la creación y la existencia de los partidos que combaten contra el bipartidismo rancio de este país ni mucho menos, estoy hablando de una cuestión de contenido más allá de la forma. Así es que ahí que llegaron “Los intocables de Rosa Ness” con un programa maravilloso y se presentaron a las elecciones al Parlamento Europeo en 2009. Más tarde, ya en 2011, habían conseguido el fluzo suficiente para viajar en el tiempo a su gusto, y ahora os explicaré por qué digo esto.

UPYD, a la hora de confeccionar su programa político para las elecciones de noviembre de 2011, sabía que no tenía posibilidades de llegar a gobernar, de modo que aprovecha esto para hacer un programa diciendo lo que todos quieren escuchar. Esto es, cogemos lo bueno de la derecha, lo bueno de la izquierda y algunas cosas de cosecha propia y hacemos un mix, entonces así quedamos bien con quienes queremos quedar bien y, con un poco de suerte, conseguimos algún que otro voto inesperado. UPYD se lleva entonces votos de socialistas desengañados, populares desengañados (los dos o tres que existan) y algunos otros que empiezan a ver en esa nueva fuerza política un nuevo modo de creer en la política. Y ríete de los superhéroes de Marvel, porque los UPaYDance llegaban pisando fuerte. Así consiguieron hacerse un hueco en el Congreso y en nuestros corazones.

Sus intervenciones en el Congreso son a menudo espectaculares en el sentido más literal del término, pudiendo emocionar al mismísimo Spielberg. Alguien a quien la escenografía no se le daba bien del todo prueba suerte en la política y descubre que le queda mejor lo de ser actor disfrazado de político. Y no está mal del todo, porque de alguna manera y en algún momento de nuestras vidas está bien que encontremos nuestro lugar en el mundo, así es que nunca es tarde para Toni. No digo que a veces no digan cosas sensatas y no se quejen de cosas con la mayor justicia del mundo, pero es que el esperpento que representan me sobrepasa. El progresismo posturista de UPYD es únicamente comparable al empeño que ponen en parecer realmente creíbles (ahora lo llaman Neoliberalismo). Lo digo porque lo mismo están intentando ilegalizar referéndums varios que cambiar la ley electoral, la misma de la que Rosa no se acordaba cuando era socialista y no le perjudicaba. La misma. UPYD es, a mi juicio, junto a SCD la mayor paradoja política del momento en el panorama nacional, y ya es mucho decir porque mira que hay esperpento en la política de este país.

Son curiosísimos como grupo. Casi un estudio de caso. A caballo entre la Ciencia Ficción y la Serie B. No hay más que tener un sentido crítico ligeramente agudo y una cuenta de Twitter. Aunque no los sigas, siempre habrá quien les haga un retweet tan maravilloso que tu sistema nervioso se debata entre la risa nerviosa y el llanto desconsolado. Efectivamente, es quien estáis pensando, no hay más que leer a @masaenfurecida, que son geniales hasta decir basta. Parafrasean a Rosa de un modo que puede darte una idea medianamente aproximada de lo rentable que le saldría a Rosa Díez hacerse cómica en lugar de política.

Su archiconocido “Hitler también ganó unas elecciones” a colación del éxito de la izquierda abertzale hecha partido ha sido repetido a bombo y platillo por la masa, descontextualizado y extrapolado, y con cada mención más genial parecía la frase. Otras grandes perlas han salido de los principales cabecillas de UPaYDance, pero últimamente la que más resuena por parte de la masa es aquella de “Rosa Díez pedirá al Fiscal General del Estado…“. Y es que Rosa se envenena con Sortu, Bildu y todo lo que tenga ligeras reminiscencias a ETA. Igual que a Pedro J., a Rosa le obsesiona ETA. Calculo que ambos deben de tener en el subconsciente una movida muy jodida con hachas y serpientes. De ahí que interrumpa al Fiscal General del Estado para impedir cualquier paso que los abertzales den.  Yo, de ser Rosa, me encargaría de trazar una línea definida en mis programas electorales y dejar el Delorean para posar los pies sobre la tierra y los ojos sobre lo que su partido puede y quiere llegar a ser. Como no-votante suya, es el mejor consejo que le puedo dar. De paso, me gustaría recordarle que bastante tarea tendrá ya el Fiscal General del Estado con ser el co-guionista de Garci en una reinvención de los relatos de Conan Doyle -si Arthur levantase la cabeza, santo cielo-, porque sólo con el primer acto de un guión de Garci auguro que este señor debe de haber estado lo suficientemente ocupado durante varios meses como para entretenerse con asuntos pertinentes a las vascongadas.

Aún así, prometo seguir observando desde mi cínica postura los movimientos de las coreografías de UPaYDance y deseando con todas mis fuerzas que en Retorno a Lilifor se les haga un ‘Celebrities’ a alguna de sus principales estrellas. Lo digo porque, ya que la política no nos da buenas noticias, estaría bien que de alguna manera nos pudiese hacer reír, y eso es algo que Joaquín Reyes sabe hacer mejor que nadie.

Estefanía Ramos

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