DE LA VIDA Y OTRAS CANCIONES

Yo no debería estar escribiendo aquí. Yo había venido como firma invitada, un día, y así, como quien no quiere la cosa, te envalentonas y dices: “Oye, ¿puedo quedarme fijo?”. Y en ese momento, no lo piensas. No piensas que cada viernes, de tu cabecita, tendrá que salir un artículo que no sólo te guste a ti, sino que guste al lector y que le parezca interesante.

“Vale. Te ponemos los viernes.” Y ya no hay vuelta atrás. Pero yo de qué voy a opinar. Me jacto a decir que me encanta el cine y pierdo la noción del tiempo cuando me sacan el tema, pero, ¿tanto como para que la gente me lea y se crea que tengo cierto criterio? Como diría nuestra firma de los miércoles, Estefanía, “si no has visto ni El Padrino ni Blade Runner…”. Pues eso, ¿cómo me gano yo la confianza del público sin haber visto esas dos grandes joyas?

Pero, por favor, creedme: algo de criterio tengo. Sobre todo si hablamos de musicales. Me encantan. Probablemente, si preguntas a alguien que ligeramente conozca sobre mis gustos lo primero que te diga sea eso: “A Jonathan le encantan los musicales”. Desde Grease a Cabaret, pasando por Chicago o Hairspray. No lo puedo remediar. Es que si lo pensáis la vida sería mucho más divertida si viviéramos en ellos.

Imaginaos:

Ves a una chica guapísima y quieres ligar con ella:

  • TU – Yo quisiera que sepas, que nunca quise así, que mi vida comienza… ¡CUANTO TE CONOCÍIII!
  • ELLA – Recuerdo que al llegar ni me miraste… Fui sólo una más de cientos…
  • TU – Eso no es verdad… Me muero por conocerte, saber qué es lo que piensas… Abrir todas tus puertas…
  • ELLA – Osea que sólo me quieres para eso, ¿no? Para abrir “todas mis puertas”. Déjame, no juegues más conmigo, esta vez en serio te lo digo… (Y ella se va)

Incluso el lamento posterior sería musical:

  • TU – Y te vas… Y me muero y te pierdes… Entre la gente…

Y quizás sea eso lo que nos encante de los musicales: la idealización que los envuelve. El espectador ve Mamma Mía! y, aunque se le presenta el dilema de por quién se decantará Meryl Streep, disfruta. Disfruta observando un mundo en el que incluso los desamores provocan el cántico de canciones, que hacen que nos emocionemos, que revivamos experiencias olvidadas, y que nos hagan desear vivir en ese mundo. Y voy aún más lejos: Moulin Rouge. Desde su comienzo, todos sabemos que el personaje de Nicole Kidman va a morir, que es una historia trágica y que no va a acabar bien. Pero que tire la primera piedra aquel o aquella que haya visto la película y no haya deseado una historia de amor como la que viven Christian y Satine. Y no es sólo porque Your song derrita hasta al mismísimo Duque de la película (que también), sino porque todos soñamos con una vida idealizada, una vida en la que, aunque sea sólo por algunos instantes, todo sea perfecto… aunque sepamos que el punto y final vaya a ser trágico y doloroso.

Es que, y ya con esto me despido, quiero que veáis lo maravillosa que sería la vida en clave musical… hasta discutiendo con tu madre:

  • TU – Mamiiiiiiiiii, ¿dónde esta mi gooooorrooooo? Oh, mamiiii… No me hagas sufriiiiir… No, no, no, no.

—Jonathan Espino—

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