Espástico en cuanto al tiempo

Kurt Vonnegut nació hace 90 años, aunque ya se ha muerto. Terry Pratchett, por su parte, tiene alguna minibiografía en la que empieza con “Nació en el año tal y todavía no se ha muerto”, y me hace mucha gracia al mismo tiempo que me deja para el arrastre. Eso, el “todavía no se ha muerto”, está escrito, impreso, en millones de libros (best seller writer, nenes), aquí, en la China Popular y en la otra.  Y, sin embargo, llegará un día, más pronto que tarde, en el que quede obsoleto. Porque morirá. El momento exacto es incierto pero el Alzheimer avanza imparable y ya son varios años desde que dijo aquello de que “me queda tiempo para escribir uno o dos libros más”.

¿Hoy? ¿Mañana?

La mecánica del salto temporal

Kurt Vonnegut nació hace 90 años y murió hace 5, unos meses antes de que mi amigo Diego me regalase, no recuerdo por qué, Matadero 5, su obra cumbre, el relato autobiográfico del bombardeo de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial combinado con una de las mejores historias de viajes en el tiempo escritas. Así es.

El mecanismo que hace viajar en el tiempo al protagonista de Matadero 5 se nos presenta en la primera frase de la novela (obviando introducciones), siguiendo una máxima del autor: la movida, que pase cuanto antes. Entiéndase “la movida” por “la vaina”, “el coso”, “el tema”, “el ese” o “el tal”. El meollo. El asunto. Desde el principio sabemos que Esto No Es Otra Estúpida Historia De La Guerra, sino algo más, una exploración de la naturaleza humana a través de 1. las situaciones extremas (dentro de un conflicto bélico y fuera de él) 2. la ciencia ficción, que para eso está el género.

Se fue de erasmus y le comier[CENSURADO]

Me fui de erasmus y me propusieron ver Matadero 5, la película (el film, la cinta). Acepté, porque me apetecía y porque ella tenía unas pecas muy graciosas, los ojos azules y el pelo corto y casi rubio casi pelirrojo, ese rollo del norte tan molón. Acepté porque me apetecía ver cómo habían trasladado la historia a los 24 fotogramas por segundo.

El mecanismo (¿se me ha olvidado comentarlo antes?) mediante el cual el protagonista del libro viaja en el tiempo no es mecánico o mágico, sino una alteración de la percepción humana. Esta seguro que os la sabéis: entendemos el tiempo de manera lineal. Todo empieza, sigue un camino y acaba. Hay un pasado, al que ya no podemos volver, un presente, en el que nos encontramos (un suspiro) y un futuro, que no ha llegado y no llegará, y cuando llegue pasará a ser presente y, casi automáticamente, pasado. Sin embargo, otros ven el tiempo de forma circular, o algo así. Yo no lo entiendo, porque lo veo de forma lineal, pero los tralfamadorianos, los extraterrestres que abducen al protagonista de Matadero 5, son espásticos en cuanto al tiempo. Saltan de un momento a otro de su existencia sin el menor esfuerzo. Ahora tienen 18 años, en el siguiente instante acaban de nacer y un poco más tarde viven el momento de su muerte.

El interés por ver la película de Matadero 5 residía en ver cómo una de las herramientas de la narración más comunes y utilizadas del cine, la elipsis, era explotada como elemento básico de la historia de Billy Pilgrim (que así se llama el protagonista). Duramos, después de bebernos una Krombacher de medio litro, menos de 30 minutos frente al ordenador: no nos gustó.

Ahora pienso en aquella noche y me gustaría ser un tralfamadoriano.

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