Firma Invitada: La cultura no me da de comer, pero me alimenta

Paloma de la Fuente no es sólo una estudiante de último año del Grado de Comunicación Audiovisual de la URJC de Madrid. Como buena estudiante actual ha tenido que buscarse actividades complementarias con las que ir aprendiendo de verdad cómo funciona el mundo. Es una experta en lo referente al panorama indie-rock nacional y gran fotógrafa musical. En la actualidad trabaja, entre otras cosas, en Sonora Visual Magazine y en la archiconocida Radio del Círculo de Bellas Artes.

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Sé que no os interesa mi vida, pero os pongo en situación. Acabo de abrir el Word y no sé de qué os voy a hablar. Deberían cortarme la cabeza en estos momentos porque me avisaron de esto hace dos semanas, y de verdad juro por Tim Burton que he pensado en ello muchas veces.

Hasta la semana pasada, estaba convencida de que os hablaría de música. De por qué lo indie ya no es indie, y de por qué lo mainstream ya no es mainstream. Estoy casi segura de que quien me conoce pensaba que escribiría sobre acordes (para quien no sepa ni quien firma estas líneas: estáis ante una melómana empedernida, de las que aman más las pulseras de los festivales que no se quita de la muñeca que cualquier otro objeto material). El caso es que Estefanía Ramos en parte, me pisó bastante. El término indie, para mi, tiene la misma validez que el término moderno, y volver a repetir lo ridículo que me parece que haya una gran parte de la sociedad que crea que Love Of Lesbian es el culmen de la música nacional igual no da buena fama a “Duckspeaking” y acabaran odiando a mis amigos, y no. Además, ¡Yo también hubiera ido a ver a Love Of Lesbian antes que ver la semifinal de la Eurocopa (o los cuartos, no recuerdo) si hubiera ido al Día de la Música! ¡Yo también he bailado como una loca “Club de fans de Jhon Boy” como si no hubiera mañana! Y sólo profeso odio a Santi Balmes porque intentó matarme en el foso del Palacio de los Deportes. Cosas personales, tranquilas (y tranquilos), yo también he mojado braga por él (no).

Pero en estos quince días mi vida ha dado muchas vueltas y os vuelvo a poner en situación: sin saber muy bien por qué, acabé en la rueda de prensa del Sr. Javier Marías, y me he pasado una semana entera escuchando sus declaraciones porque tenía que montar un reportaje que aportara algo más de lo que ya se ha dicho, discutido o comentado (lo podéis escuchar en Racio Cículo en la 100.4 de la FM) (no sé hasta que punto la libertad que me dan para escribir me deja hacer publicidad de manera tan descarada).

El caso que, para quien no lo sepa, Javier Marías el pasado 25 de Noviembre, rechazó el premio Nacional de Narrativa. 20.000 que podían estar en sus bolsillos, han quedado en las arcas del Estado. Lo siento, estoy convencida de que se lo dieron porque sabían lo que iba a pasar (él ya dijo que no aceptaría más dinero público tras recibir uno de la Comunidad de Madrid en 1998), y 20.000 euros siempre vienen bien para gastarlos en cenas oficiales y gasolina para los Mercedes que salen del Ministerio de Educación con cristales tintados (por suerte, si tuviera que ver todos los días a Wert de camino al trabajo me atragantaría la comida de los tupper que tardo media hora en calentar porque en mi universidad, la Facultad con más alumnos de la URJC, sólo tiene 3 microondas que no tienen los cables cortados).

Sé que se le ha criticado. Sé que no está bien suponer que su padre, el ensayista Julián Marías merecía Premio Nacional, pero a mi me entraron ganas de abrazarle cuando criticó que a las Bibliotecas Públicas no fueran a recibir un solo euro en el 2013. Vamos a fomentar un pueblo idiota que poder manejar, primera premisa de cualquier gobierno fascista.

Lejos de política, la decisión del escritor a mi me parece de admiración. “No creo que el Estado tenga que reconocerme nada por hacer mi trabajo” (sí, otra vez tuve ganas de abrazarle, soy así). Puede sonar exagerado, pero tras darle muchas vueltas a por qué le quise tanto en ese momento, me atrevo a afirmar que muchos de los que acaban dentro del mundo de la cultura, se olvidan de lo que les ha llevado a tal suicidio. Para que no os perdáis, creo que a día de hoy, trabajar de la cultura, es lanzarse al vacío sin red. Pero es tan fácil cuando sale bien… Cuando hay champán y alfombras rojas, 20.000 deben ser un juego destinado a cualquier capricho. Se crea una bola, y al final, la palabra trabajo se queda para unos pocos que ni siquiera llegan a fin de mes.

Profeso amor por los poros a los pocos artistas que tras carreras de años y reconocidas, admiradas y casi divinizadas, siguen diciendo que trabajan en algo que les llena, que les alimenta el alma. La cultura no da de comer a todo el mundo, a otros los vuelve obesos, y a todos nos alimenta, aunque nos intenten vender historias falsas; “La literatura es aburrida”; “las películas antiguas aburren y ya si son mudas para qué contar…”; “ese libro tiene muchas páginas”; “el teatro es caro”; “yo no pago por una película española”; “a ese cantante no lo conoce ni su padre”; “sólo he ido al Prado cuando me llevó el colegio”; “el arte moderno no se entiende”; y otras lacras de la sociedad española. Como el “no me llama” ¡Por Tim Burton, que a mí ni los cuadros, ni las películas, ni los libros me hablan!, vale, igual los músicos si, por eso de tener a cientos en las redes sociales pero Mozart no va a ir a tu casa a decirte “¡Eh, escúchame!”.

Profeso amor por los poros por todo aquel que necesita la cultura como el oxígeno, que no se ha dejado intoxicar por ideas preconcebidas de la sociedad que nos vendan los ojos para que sólo veamos el triunfo de unos pocos “elegidos” y “reconocidos”. Profeso amor por los poros por el mundo gafapastoso que nunca se sacia de saber y que no se avergüenza de reconocer afirmaciones tales como que, llegados a este punto, he de decir que no he leído nada de Javier Marías, no le ponía cara hasta la rueda de prensa del otro día, y que estoy convencida de que “Los Enamoramientos” no será su mejor novela, sólo la escrita en el momento exacto en que tocaba reconocer el trabajo a este escritor. Medidas de recortes la Consejería de Cultura. Wertgüenza.

También, llegados a este punto, he de decir que no tengo muy claro qué he dicho o qué quería decir. A parte de melómana, debo ser todo un caso de estudio para Freud; pero hace dos semanas me dijeron que escribiera algo relacionado con la cultura, y sólo he hecho un intento de profesar el amor que siento hacia ella. Y hacia los que trabajan de ella sin tener necesidad de que se les premie.

A todos los suicidas entre los que me incluyo.

— Paloma de la Fuente —

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